domingo, 10 de septiembre de 2017

Quizás algún día.


Descubres que al amor también le gusta suicidarse desde la cumbre de un anhelo.

Que cuando éste aparece, te persigue y te eleva hasta lo más alto para hacerte sentir el vértigo de la felicidad bajo tus pies, entonces y solo entonces,adviertes  que no llevas ningún freno de mano para el corazón en caso de emergencia, pero sucede que las vistas son tan espectaculares que no temes despeñarte sin remedio.

Lo único que deseas es mirarte en sus ojos desde tu yo más profundo, allí donde las palabras no alcanzan. Nada puede detener entonces esa “quimera palpable" que resulta ser el bálsamo idóneo para tus heridas.

Hasta que la vida,  una vez  más,te devuelve a su escala de grises sin ambages y 
concluyes entre tus escasas certezas, que la cobardía es compañera eterna de la nostalgia y que no podrás dar ni un solo paso hacia adelante mientras no encierres tus miedos en una jaula con mil candados y tires  las llaves al fondo de lo que fuiste.


Quizás algún día.



domingo, 27 de agosto de 2017

Mi círculo de buena gente.





¿Ves? Siempre hay buena gente por todas partes". Eso me dices a raíz de un comentario que te hago  y no puedo estar más de acuerdo contigo.

La experiencia de la vida y lo que esta nos muestra de vez en cuando, nos lleva demasiadas veces a la decepción, nos arranca la inocencia a trocitos cuando comprobamos que no todas las personas merecen el mismo respeto, que el mundo no funciona como debería en gran medida, por no decir toda, debido a  muchos de los que estamos aquí.

Que siempre ha sido así, es verdad, y que en cuestión de fanatismos, avidez de poder o ego reconcentrado, siempre ha habido malas personas y que, desgraciadamente, a lo largo de los años, nuestra genética, no ha mutado en un sentido favorable cuando hablamos de sentimientos tan negativos como el odio, la envidia, o la crueldad por citar algunos de ellos.

Pero no quiero generalizar ni hablar de estas personas porque bastante tenemos con soportarlas y padecerlas con sus actos. Hoy quiero escribir y dar las gracias a toda la “buena gente” con la que me fui encontrando en el camino.

No creo necesario dar nombres pero espero que algunos de los que cito se reconozcan porque me gustaría que supieran que cada uno de ellos en su momento me dio todo lo que tenía o podía darme, no se puede pedir más, ¿no?

Por eso, doy las gracias al escritor que un día me animó a escribir frente al teclado y corrigió textos y poemas con la paciencia del mejor profesor que nunca pude tener. Siempre confió mí y me demostró que se puede, si uno desea algo con pasión, siempre se puede.

También a una de las mejores poetas que he leído y que utiliza un seudónimo especial, mujer fiel a sus principios y siempre al lado de los suyos guste o no guste a quién lo observa desde afuera.


A todos mis compañeros de poesía que me hicieron sentir una más en mi familia virtual poética y que me han dado tantas satisfacciones estos últimos tres años desde que los conocí.

Al genio de la lámpara y del whisky que no deja de escribir textos o poemas de amor inmensos que llegan al corazón y al que estimo como alguien de los míos, pues a pesar de no conocerlo personalmente, lo conozco desde su interior,solo hace falta leerlo asiduamente.

A la doctora y poeta a la que no solo  define su fortaleza, sino su gran sensibilidad y que siempre estuvo detrás de mis poemas y en momentos muy complicados de mi vida para aconsejarme desde el cariño.

A mi par de cubanos favoritos, dos grandes artistas que siempre me dieron todo su afecto y a los que siempre llevaré en mi corazón.

A mi querida amiga argentina con descendencia italiana  y con la que, a pesar de la distancia, siempre tuve unos lazos especiales de ternura por su sensibilidad y empatía hacia los demás.

Al gran poeta y amigo por encima de todo, que siempre ha estado ahí, en las buenas y en las malas, mi alma gemela como él suele decir. Somos hasta del mismo equipo de fútbol… Y si, lo sé, me quieres mucho y me deseas lo mejor, tanto como yo a ti.

Al amigo recién llegado con su sombrero canario en la foto de su perfil y que lleva un 2017 demasiado duro, pero que me consta lo superará, porque es uno más del círculo de la buena gente que pulula por el mundo.

A mi compañera de trabajo, la que día tras día ha estado ahí para darme ese abrazo necesario y que nunca habla demasiado, pero ha sufrido conmigo mi dolor. Sé que siempre puedo contar con ella.

A mi gran amigo y confidente, tan crucial en la decisión que tomé la noche más triste de mi vida y que llegó de forma casual para soportar mis bajones y  darme una regañina cuando la necesité. Consiguió también hacerme sonreír en los momentos más tristes.

A su pareja y creo que  ahora también amiga, que está demostrando ser una mujer de talla extraordinaria en su forma de relacionarse y ayudar a los demás con una sonrisa de felicidad permanente en  su boca.

A dos de mis primos, hombre y mujer, por soportarme estos meses más de lo habitual, por quererme tanto a pesar de no haber hecho nada que lo justifique.

A mi gran amiga de la infancia y a la que después de unos años en que estuvimos algo “extraviadas” he recuperado en el momento más importante de mi vida con el mismo amor que siempre disfrutamos.

Y por último a ti, al regalo sorpresa que llegó  en un intermedio inusual de mis múltiples ráfagas de tristeza, el hombre que me enamora cada día por su inmensa generosidad cuando  trata de llegar a mí.

Tú y solo tú, intentas enseñarme a escoger desde mi propia libertad personal lo mejor para mí, a ser yo en mi identidad y  desde mi propio respeto. Consigues que confíe y crezca en mis ojos desde los tuyos.


Todos tenemos un círculo de buena gente a nuestro alrededor y solo por eso,  vivir plenamente merece la pena. ¿No creéis?













domingo, 6 de agosto de 2017

Desde el impulso.















Es llegar al poema desde el impulso del dolor 
que brota más allá de la palabra y se estrella en la piel 
desmembrada e incrédula en su yo más profundo.

Padecer esta guerra sin nombre que me asola
 desde el remordimiento que transita mi voz
 y me exige justicia.

Dejar partir lo inevitable mirándolo de frente, 
una vez más sin miedo a ser lo que deseo
 desde mis pérdidas .


Perdonar las paupérrimas versiones
 de mí misma que asoman por instantes 
doblegando mi alegría en pedazos.


Adicta a mis adentros,
 peregrino buscando certidumbres
 que iluminen tanto camino inhóspito 
como queda aún por recorrer.


miércoles, 5 de julio de 2017

Introducción a diario de un viaje.












Ayer, mientras decidíamos los sitios prioritarios para visitar en Londres los próximos cinco días que estaremos allí, se me ocurrió escribir sobre el viaje que iniciaré mañana con mi hijo pequeño. 

¿Por qué no? Probablemente solo interesará a mis amigos más cercanos o incluso hasta ellos les resulte un relato intrascendente, pero aún así, no descarto la idea de contar todo aquello que veamos o experimentemos y que merezca la pena recordar al menos para nosotros dos.

De niña, casi adolescente, escribí un par de diarios que guardo con mucho cariño porque esa chiquilla a la que he leído alguna que otra vez, fui yo en su esencia más íntima y probablemente si no los hubiera escrito, no podría haberme retrotraído al pasado con la misma nitidez. 


Creo que los recuerdos que almacenamos, se van transformando de forma inevitable en aquello que a nuestra memoria tan selectiva, le gusta reflejar y éstos no siempre tienen porqué  coincidir con la veracidad exacta de los hechos.

Lo primero que pensé esta mañana ante el viaje, es en como nos habituamos a creer que nuestra vida siempre será igual, que nada nos desprotegerá o sacará de nuestra rutina diaria, salvo alguna enfermedad o muerte inesperada, hasta que un día a veces  por decisión propia a veces por la de otros se producen cambios  radicales en nuestro entorno que si bien se veían venir nunca terminaban de llegar.


Y miro hacia atrás,con ese vértigo que me sobreviene cuando le apetece y desde el momento en que el universo se alió conmigo o contra mí, porque eso, ahora no lo podré saber hasta pasado el tiempo.

Y visto mi piel con ganas de vivir  secándome  unas cuantas lágrimas -que siempre están ahí esperando en mis ojos- y que son imprescindibles para limpiar este dolor.

Y la sonrisa vuelve a mi boca inconsciente a pesar de todo.

Hoy, ahora, no puedo ser más feliz ante un viaje organizado junto a uno de mis hijos, aunque éste me traiga a la memoria otros viajes que también fueron muy dichosos junto a otras personas que ya no me acompañan.

La vida sigue, y ¿sabéis? quiero participar de ella todo lo que ésta me permita y solo puedo agradecérselo de antemano.




jueves, 29 de junio de 2017

Instinto de supervivencia.





































A veces la nostalgia se acerca a visitarme
y en el silencio inútil que silencia,
se apropia sin permiso de mi almohada
anhelando futuros que nunca han de venir
porque ayer incendiaron sus presentes.

Lo que ignora el puñal cuando hurga en mi dolor
es que la vida me pretende, ilusa
se afana en dominar mis precipicios
y guarda para mí paisajes de colinas
con valles donde caminar de nuevo.

Desde el amanecer, cultiva mis espacios,
con semillas de amor repara mis heridas
y disculpa mis guerras con el firme propósito
de dibujar sonrisas en mi boca.

Me toma de la mano y me levanta
como siempre, dispuesta y sin juzgar
me conduce al lugar de la ternura
por sus calles repletas de comienzos.

Me niego a repetir historias con finales,
despedidas que matan lentamente
arrancando pedazos de inocencia.

Solo atiendo a los gestos que procuran
amarme desde el fondo de mis ojos.




domingo, 28 de mayo de 2017

Desde tu balcón.



Nunca reparé en mi miedo a las alturas, solo quería volar hacia algún lugar donde no habitara el desamor. Un paisaje sin nombre lejos de miradas indiferentes repletas de grises.

Me hice la valiente para dar un paso adelante y escribí un the end a esta historia interminable que terminó siendo estéril por falta de cuidados.

A veces, si se me ocurre mirar hacia atrás en un gesto involuntario de nostalgia, puedo recordar lo mejor de lo que fuimos desde la ausencia del rencor, entonces, los vértigos me asaltan inconscientes aún, porque ya no estás en el calendario de mis espacios y lamento profundamente que nuestra historia se diluyera por culpa del viento del odio entre nosotros.

¿Cómo he de dejar de amarte alguna vez a pesar de no volver a amarte nunca más como entonces? Cómo borrar un pasado que nos pertenece pero que nunca más volverá a conjugar presentes o futuros con nosotros?

No resulta fácil cerrar puertas a sitios donde nuestro corazón se niega a volver pero que nos protegían de la incertidumbre del mañana. No es sencillo dejar la única vida que me atreví a vivir hasta ahora para volver a reinventarme.

Y desde tu balcón, que me ofrece la misma luz que me trajiste, contemplo con lágrimas involuntarias a mirlos y gorriones batiendo el vuelo en la inmensidad de su armonía, mientras tú, duermes el sueño de la felicidad que nos protege.


martes, 4 de abril de 2017

Solo sé.





















No sé si el desamor fue demasiado tiempo
una sombra alargada que no me dejó a solas
extinguiendo las fotos de un álbum en que fui protagonista.

No sé si es que dejé de creer en el hombre como tal
capaz de aniquilar su propio campo
de amapolas.

Solo sé que la vida no me odia después de todo,
y que espera, paciente, a que descubra
la bondad de unos ojos aún sin estrenar
dibujando en los míos reflejos de esperanzas.

Solo sé que has llegado, imprevisible,
y en forma de regalo inacabable
si observo tu mirada,
porque es imposible no amar todo el amor
que emerge de tus ganas de vivirme.