domingo, 21 de septiembre de 2014

Abuelo







 

Gracias a Silvio Manuel Rodriguez, por compartir este video, y permitirme disfrutar de un músico al que no conocía, David Hicken, ¡fantástico!.







Hoy no sé porqué me acordé de ti . No suelo nombrarte, quizás porque siempre fuiste la sombra de la abuela.


Ella ocupó tanto hueco en mi corazón, que me hizo olvidarte sin querer.Me puse a recordar momentos juntos, tuyos y míos, nuestros…


¿Recuerdas? Cuando ponías tu flamante radiocasete y no me dejabas que me acercara, no sea que fuera a estropearlo. Te gustaban el flamenco y la copla: Juan Valderrama, Dolores Abril, con su tema “Pelea en broma”, La niña de la Puebla, Perlita de Huelva y otros.


A mí de tanto oírlos casi que me gustaban. Te veo sonriéndome mientras escuchas el fandango, apuntando con tu dedo hacia el radiocasete para que escuchara atenta la estrofa que tanto te gustaba.


¿Recuerdas? Cuando iba a tu casa a comer, te encontraba en el quicio de la puerta,esperándome, mirando el reloj, impaciente por verme llegar, siempre con una sonrisa en los labios. Sabía, era consciente, de que te hacía feliz, y durante la comida mi charla era incesante, esperando siempre tu aprobación, donde asentías con una sonrisa a todo lo que te contaba.


Dicen que tenías mal genio, pero a mí nunca me lo mostraste.Cuando algo no te gustaba, sólo movías la cabeza en señal de desacuerdo, y con eso bastaba.


¿Recuerdas? Tu casa, tan grande, cómo aprovechaba la hora de la siesta, para adentrarme en las habitaciones que nunca se abrían, porque en esa casa, en la que hubo tanta vida, ya sólo quedabais vosotros.


Abría armarios, y entre sus cajones buscaba la pruebas del delito: cartas de amor, secretos de familia escondidos. Nunca tuve suerte…


¿Recuerdas? Cuando murió la abuela, después de sesenta años casados, fue tal tu dolor que dejaste de conocernos; perdiste la lucidez a propósito, estoy segura. Comenzaste a morir desde el momento en que lo hizo ella.


Cuando iba a visitarte y nos quedábamos a solas, parecía como si recobraras la consciencia por unos minutos y me decías : “ ya me marcho, poco me queda de estar aquí” . Todo esto lo decías sin pena, sonriendo.


Después de 60 años juntos la sobreviviste sesenta días.