martes, 14 de octubre de 2014

Alma

















No sé de qué vas siempre afligida,
que no me das quietud
ni un santiamén.

Me inquieres
con mensajes subliminales cargados de lógicas
que irritan mis intestinos.

Me exiges que me exija
y no quiero oírte,
porque hoy firmé la rendición.

Ya ves, soy una cobarde,
¡al carajo la valentía!

Quiero dormir el sueño
de los pusilánimes
y oír a Chaikovski con sus cisnes

porque ya no puedo supurar más dolor.