martes, 1 de septiembre de 2015

Violines

























Carmen Jiménez.

A veces la ceguera se distancia
y un pequeño fulgor azul descubre
esas notas acordes que liberan
los sueños que cobijan tus delirios.

Adivino tus dulces voluntades
cargadas de palomas que remontan
en tus manos, dichosas por la paz
que nos envuelve juntos desde entonces.

Los violines te nombran con ternura
y mi latido vuela apresurado
en busca de caricias que consuelen.

Sólo quisiera ser en tu desierto
un puñado de arena con propósito,
cicatriz generosa que te estima.



Manuel Martínez Barcia.


A instancias del violín pretendes sueños
con ecos del ayer en nuestras vidas,
musicando los tiempos de pasión
bajo arpegios de luz que nos orienten.

Es como si quisieras despertar
girasoles de olvido con el gris
de la melancolía que nos supo
certeza de un error en lo impasible.

Te percibo difusa, cardinal
en la efímera noche del desierto
que se viste de sur para morir,

acaso en los terrenos de la sed
que fueron el origen de plegarias
que sembró la oración en nuestros labios.