domingo, 13 de septiembre de 2015

Voces


















Creo que a todos nosotros nos acompañan esas voces invisibles que hablan sin pausa sobre actos de vida  que incluyen pasados, presentes y futuros. Estas, no sólo organizan nuestra agenda diaria, sino que pretenden controlar la de aquellos que nos rodean o al menos adivinar sus intenciones.

Me pregunto a su vez, si todos tendremos la misma cuota de reclamos en nuestra denominada “conciencia” y qué es lo que nos impulsa a actuar de determinada manera en cada coyuntura surgida.

El problema estriba en la enorme profusión de ideas que se instalan a cada momento en nuestra mente, provocando una especie de zozobra mal controlada entre proyectos inconclusos que no se archivaron pero que forman parte de nuestro equipaje y bocetos de futuro que nos inquietan incluso antes de su llegada.

Sucede entonces que hay un desencuentro entre lo de afuera y lo de adentro, como si estuviéramos en un recinto donde la música está muy alta pero no conseguimos escuchar la canción ni a los que nos rodean.

La maraña de inquietudes, anhelos y tristezas nos lleva a una desentonación de frecuencias que dificultan la elección de esa esencia primaria y vital que siempre andamos buscando.






lunes, 7 de septiembre de 2015

Utopía















Qué absurdo,
poder ser tangible entre tus manos
y sentir la ternura de tus días
en mi universo.

Qué ficticio,
ahondar en la espesura de tus ojos
y desde allí ser amantes
que abominen de amaneceres.

Qué utopía,
aposentarme en tus labios
para pronunciarme siempre tuya.

No dudes jamás
de las razones de mi pecho
cuando te llamo sin nombre,

pues solo aguardo el instante
en que brote el agua de la roca.

Entretanto,
sigo tus huellas
y en silencio me pregunto,

¿me amarás mañana?







martes, 1 de septiembre de 2015

Silencio.




















Avanzo por inercia y en cada paso
requiero de un impulso inevitable
que me lleve al olvido de este enojo
que se amordaza en mí.

En mí, conmigo,
entretengo a los días vacios de un ayer
y aletargo el dolor para vestirme
de mujer fuerte.

Mi miedo ante el futuro ya es costumbre
pues su aroma revela
despedidas que nunca solicito
y, sin querer, se imponen en mis manos.

Si el presente me regalara
la esencia vitalicia de tus ojos,
estos alumbrarían cada espacio sombrío
que habito desde entonces.

Te anuncio que mi voz sólo es silencio,
desecho de plegarias
que mendigan hambrientas
un resto de caricias, si te sobran.



Violines

























Carmen Jiménez.

A veces la ceguera se distancia
y un pequeño fulgor azul descubre
esas notas acordes que liberan
los sueños que cobijan tus delirios.

Adivino tus dulces voluntades
cargadas de palomas que remontan
en tus manos, dichosas por la paz
que nos envuelve juntos desde entonces.

Los violines te nombran con ternura
y mi latido vuela apresurado
en busca de caricias que consuelen.

Sólo quisiera ser en tu desierto
un puñado de arena con propósito,
cicatriz generosa que te estima.



Manuel Martínez Barcia.


A instancias del violín pretendes sueños
con ecos del ayer en nuestras vidas,
musicando los tiempos de pasión
bajo arpegios de luz que nos orienten.

Es como si quisieras despertar
girasoles de olvido con el gris
de la melancolía que nos supo
certeza de un error en lo impasible.

Te percibo difusa, cardinal
en la efímera noche del desierto
que se viste de sur para morir,

acaso en los terrenos de la sed
que fueron el origen de plegarias
que sembró la oración en nuestros labios.