jueves, 17 de marzo de 2016

Desde que escribo.

























Desde que escribo, observo la vida y lo que en ella se integra con un prisma de aumento donde todo es digno de ser relatado llegando a sentir fascinación por el sujeto que la inspira.

Cuando se produce esa pequeña chispa, intuyo  que desearé escribir de forma impulsiva. Un compromiso secreto y reprobable a cambio de unas líneas que solo dejarán un gozo efímero.


Creo que mis emociones han descubierto a través de la escritura una libertad genuina, sin ambages. No tengo otra alternativa que escucharlas.

Confieso que vivo el acto de escribir de forma similar a un amor no correspondido, al que, cuando le place, me incita a seguirlo sin que pueda pensar en otra cosa, sin embargo, una vez conseguido su propósito, las musas vuelven a ignorarme con la más fría indiferencia.