viernes, 25 de marzo de 2016

Despacio.


















Despacio, muy despacio, me reinvento
tras la lluvia callada de mis ojos
y prometo ser fuerte ante la culpa
de amar a cada instante y por costumbre.

Asumo la nostalgia de esta voz
y el anhelo efusivo que enmudece
al advertir la ausencia de sus pasos
en la frágil memoria de los míos.

Necesito vivir sin lastimar
la piel de mi destino y sus incógnitas
que me asignan errores, sin clemencia.

Trabajo la torpeza de mis alas
y ya no me destruyen las caídas
que redundan en busca de horizontes.




jueves, 17 de marzo de 2016

Anhelos.

















Indago la ecuación exacta que desvele
la incógnita compleja de mis luces
y camino descalza por mis cruces
sin hallar un destino que consuele.

Anhelo por rutina un amor que cincele
mis ojos de ilusiones sin desluces
y me figuro fuego si me induces
con gestos a fundirte en mi deshiele.

El lamento coacciona silencioso
y sostiene mi orgullo con hilvanes
anulando la voz de esta existencia.

Le deniego la angustia a lo suntuoso
de mi piel y renuncio a los desganes
que brotan sin permiso en mi conciencia.



Desde que escribo.

























Desde que escribo, observo la vida y lo que en ella se integra con un prisma de aumento donde todo es digno de ser relatado llegando a sentir fascinación por el sujeto que la inspira.

Cuando se produce esa pequeña chispa, intuyo  que desearé escribir de forma impulsiva. Un compromiso secreto y reprobable a cambio de unas líneas que solo dejarán un gozo efímero.


Creo que mis emociones han descubierto a través de la escritura una libertad genuina, sin ambages. No tengo otra alternativa que escucharlas.

Confieso que vivo el acto de escribir de forma similar a un amor no correspondido, al que, cuando le place, me incita a seguirlo sin que pueda pensar en otra cosa, sin embargo, una vez conseguido su propósito, las musas vuelven a ignorarme con la más fría indiferencia.




miércoles, 9 de marzo de 2016

Hoy.
























Hoy, no fluyen los grises en las hebras del aire
ni en mis gestos germinan esbozos de tristeza.

Hoy, solo comparece la ternura
en unos puños que se abrieron
desde el indulto de sus actos.

Y el alma se equilibra
en la calidez de tus ojos
anulando nostalgias decadentes.

La vida vuelve a regalarme
un calendario de razones
para quererte en forma de milagro.