martes, 28 de junio de 2016

Aprendí.






Se deslizó la voz entre mis manos
y comenzó a dictar en un poema
aquellos días en los que me eclipso
al antojo del alma y sus razones.

Aprendí a valorar en la palabra
el calor de los gestos que la incitan,
la renuncia al pudor y a mi silencio.

Quizás en este instante en el que escribo,
decido no ser más nunca jamás,
una mujer de llanto melancólico
que se despeina a solas la tristeza,

volver a ungir los ojos de esperanzas
que esperan por mis sueños
y exiliar mis fracasos
al olvido perenne del olvido.


Volver a enamorarme de la vida.



martes, 21 de junio de 2016

Tu mayor cosecha.

























Inerme, como un árbol exhausto
contemplo tu figura y te presiento
un héroe  vencido que agotó
su tiempo de veredas.

Dormitas melancólico de sueños
con la alborada de la juventud ya prescrita,
como si esta pudiera regresarte
en un golpe de magia hacia el pasado.

Por entonces, tus pies volaban por la tierra,
desde el amanecer la pretendían
mientras que el sol y el aire dibujaban
sus manchas delatoras en tu piel.

Y advierto que te rindes,
no aceptas el crepúsculo estéril de tus manos
intentando abrocharse como un niño
la ropa.

No quiero que silencies tu mirada,
ni que bajes los brazos derrotado,
no puedes olvidar que tu mayor cosecha
ya brotó de la savia de tu sangre.