jueves, 20 de octubre de 2016

Vacío de silencios.
















Alguna vez me siento torpe
bajo sus ojos firmes en lo alto,
augures de certezas que solo él intuye.

Y temo este vacío de silencios
que libremente evocan su memoria
provocando un desierto sin final.

Y persevero como el sol
en saber qué persigue por destino.

Por qué fue que acudió sin prescripción
a mi voz de nostalgias
si mis abrazos nunca consolaron
ni mi luz alumbró su firmamento.



Por ti.




Por ti, fui simulacro de poeta
en un andén repleto de utopías

y pájaros salvajes que rehuyen
horizontes mediocres en su vuelo.

Por ti, y entre mis versos, quise ser
aprendiz de sirena con tacones,

deidad que te enamora circundando
tus entrañas de besos clandestinos.

Por mí, tan imperfecta como siempre,
tan frágil en mis días de silencios
que renuncio a envolverme en la nostalgia

de este mar que golpea sin querer.

Por mí, y solo por mí, la desmemoria,
que nunca se aproxima lo bastante
para olvidar pasados en presente
que incluyen a tu boca sin permiso.

Por nosotros, distancias que se eligen,
finales con sabor a despedida
y un amor expandido que mutó

febril en el invierno de mis ojos.





Instantes




 












Si algo logré entender en el transcurso de los años, es la incapacidad de mis propias certezas para predecir mis actos.

No hay fórmulas que me  sirvan cuando se trata de vivir, ni pasados difíciles que hayan decidido quedarse conmigo si no fuera por mi mala costumbre de alimentarlos a través de su recuerdo.

Descubro que la vida se mide por instantes que valen su peso en afectos. Instantes que construyen propósitos, miradas y abrazos que nos completan y se estiran, ilimitados, para no dejarnos nunca atrapados en el vacío.

Segundos que nos resucitan.


Y así, con múltiples remiendos, batallo por conseguir un pensamiento  limpio que me otorgue un trozo de paz y siga alimentando mi fe en el ser humano.

Deshecho prejuicios lastimosos y los sobrevuelo a pesar de su insistencia en nombrarme.

Como siempre, la música, con su visión de indulgencia, se hace partícipe de esta lluvia que hoy amaneció sin estruendos y susurra historias semejantes a las mías.




domingo, 9 de octubre de 2016

Melancolía.



























Es tarde ya para recordar
y podría permitirme el lujo de no hacerlo,
sin embargo, soy propensa a esta melancolía
que me desnuda el alma y la confiesa.

La cordura se escapa por la rendijas de mi cuarto
y la pasión es mi compañera si te escribo.

Quizás la excusa de añorarte así
fue esta cena frugal en soledad
que sólo consiguió despertarme
un apetito caprichoso por tu boca.

Lo estrambótico es que estoy bien,
a pesar de nombrarte entre mis cosas
por activa y sin pasiva.

No sé si me dueles o no me dueles,
pero te confieso, que hay canciones
que siguen censuradas por posibles recaídas.

Ya ves,
no puede una fiarse ni de sí misma.

Pero eso sí,
créeme si te digo que soy feliz
en tu ausencia.




Quería contarte.



















Hoy quería contarte cómo el tiempo
enredado en los pasos de su baile
no siempre se burló de la ignorancia
con la que fui incendiando mis futuros.

Muchas veces, la vida se acercó
a exhalarme su aliento a rebeldía
y sanó con tus ganas de quererme
la frialdad de mi piel y sus costumbres.

Y desde mi presente, si te miro,
un fragmento de amor se balancea
sobre mis ojos y sus cicatrices.

Que no se marche la ternura frágil
de nuestro planisferio, que no sufra
desprecios la caricia que nos nombra.