sábado, 26 de noviembre de 2016

Porque esa no soy yo.

















Ocurre que me siento demasiado
y me asusto de ser tan maremágnum
en el oscuro albor de mis silencios.

Y no quiero palabras que me incendien la boca
ni pupilas con restos de abandonos
clavándome en el pecho puñales de caricias.

Dejadme sin remedio,
dejad que me entumezca
en este desamor que nunca me traiciona
porque se enamoró de mí perdidamente.

                 II


Porque esa no soy yo,
porque no sé quién soy entre mis sombras
es que busco respuesta a mis enigmas
o quizás un poema que me encuentre
desnuda y sin ambages.

Vuelvo sobre mi voz
y me empeño en subir esta montaña,

porque desde el impulso de unos versos
podré llegar a ser el sueño que tú quieras.



domingo, 20 de noviembre de 2016

Santa Lucía





Ayer mi madre perdió un pendiente, este formaba parte de un juego que me regaló mi esposo, son unos aros semicirculares que llevan incrustados unas pequeñas circonitas. Son muy lindos, pero no sé porqué, nunca me adaptaron al lóbulo de la oreja, y finalmente, ante la imposibilidad de ponérmelos, se los regalé a ella.


Algo que debería quedarse en un mero hecho anecdótico, o en todo caso en un tremendo disgusto; para ella es una tragedia, porque su vida está cargada de símbolos y supersticiones a los que teme. Relaciona estos pendientes, y la pérdida de uno de ellos, conmigo. 


No me lo cuenta tan explícito, pero sé que está convencida de que sucederá algo grave. A veces, en sus sueños, se introducen aguas revueltas o ropa sucia, todo esto para ella son avisos, premoniciones de algo fatídico por venir.

Miedo, siempre ha tenido miedo por todo, extrañas supersticiones  que la han convertido en una gran creyente, de hecho, reza por todos nosotros y  a mi me reprende constantemente por no ir a la Iglesia, dice que que no entiende como dejé de ir  de un día para otro.

Creo que estos malos presagios de mi madre fueron adquiridos por ella ya en su infancia.


La casa de la abuela también estaba cargada de imágenes religiosas, más incluso que la nuestra. 

Siendo niña, fijé mi atención en una imagen de Santa Lucia, Patrona de la vista, que se encontraba encima de su cómoda, ésta, portaba en su mano derecha, una copa con dos ojos que parecían reales.

 Rápidamente, como cualquier niña inquieta, alcancé los ojos con mis torpes manos, con tan mala suerte, que uno de ellos cayó al suelo.

 La tragedia comenzó: mi abuela gritaba con las manos en alto exclamando  que me quedaría ciega, que como se me había ocurrido tocar los ojos de Santa Lucía, y yo, por supuesto, entré en pánico.

Afortunadamente un poco de pegamento, puso el ojo en su sitio y solucionó mis problemas de la vista, porque yo, como que ya veía borroso.















sábado, 19 de noviembre de 2016

Mi verdad.


















Esas ganas incontenibles de contar tu verdad (solo tu verdad) y aún así, decides callarte por temor a lastimar o porque tu opinión pueda no gustar a aquellos que siempre has respetado a pesar de sus suspicacias o falta de confianza en ti.

Se habla mucho de la autenticidad, aunque veces tengo la sensación de que esto solo está reservado a unos pocos. Solo ellos tienen el poder para legitimar lo que está bien o mal. Estos, nunca yerran y por lo tanto no suelen dar explicaciones incluso a sabiendas de que quizás alguna vez hubieran sido necesarias. 

Dicen que nunca traicionan, pero te convierten en su enemigo cuando discrepas de “su verdad”

Actúan con el poder que su excelsa palabra les otorga y lanzan al aire sentencias y frases recriminatorias incluso con las personas que les quieren, eso si, cuando se equivocan, nunca lo reconocen. En su profuso vocabulario no se encuentra la acepción de la palabra disculpa.

Me cuesta entender a las personas que siempre creen que si alguien es amable con ellas es solo por un interés particular. Me cuesta querer a aquellos que en la creencia de que solo unos pocos son de los suyos, te utilizan como herramienta de usar y tirar cuando siempre fuiste con el corazón y la verdad por delante.

Admirar no significa dejarse engañar y todos tenemos un rinconcito con muchos desperfectos al que deberíamos entrar de vez en cuando para hacernos un chequeo.

Una se queda nueva y con unas ganas tremendas de seguir confiando en el ser humano las veces que hagan falta.

Eso si, a pesar de mi verdad -y solo mi verdad- encajo de la mejor manera posible mis errores y en la menudencia de mi léxico, la palabra “perdón” siempre me acompaña a todas partes.








martes, 15 de noviembre de 2016

Certidumbres.













Finalmente llegó  la certidumbre, se hace  fuerte en mí la convicción de que nunca tendré el suficiente talento para escribir bien. 

Sé, que pocas veces conseguiré emocionar. Sé, que las metáforas de mis versos nunca serán una señal  de identidad para quién las lea  ni estos anhelarán conocer a la autora en su intimidad. Nunca seré una artista virtuosa porque simplemente, yo, no soy poeta.

Sin embargo, me exonera de esta certeza el saber que amo y que por amor, puedo llegar incluso a escribir poemas, me tranquiliza saber que mi corazón es grande y que en él caben todos  aquellos que se acercan.

 No sé decir que no a una mano extendida y mi cariño no se mide ni se suma en altura o cantidades, solo sé que siento de verdad, a veces, demasiado, porque no sé ser de otra manera.

 Y no me juzgo, ya no me juzgo, porque amar y abrir mis puertas exponiéndome a las corrientes de aire que puedan golpear mi fragilidad no es delito.

El que quiera censurarme que lo haga, yo comenzaré a quererme tal y como soy, con mis luces y mis sombras.