miércoles, 8 de febrero de 2017

Amigos.


Un día alguien me dijo que los amigos como tal, realmente no existían y que el sentido de la palabra amistad era una auténtica farsa a la vez que un mecanismo de supervivencia donde dos personas se utilizaban en beneficio propio.

Nunca compartí esa opinión y la experiencia me ha demostrado que a pesar de equivocarme alguna que otra vez en mis elecciones, fueron muchas más las ocasiones en  que acerté y donde supe ver en “el otro” los gestos necesarios de aquellos a los que hoy considero mis amigos.

Hay algunos que llegan y contra todo pronóstico solo permanecen el tiempo necesario en nuestra vida. Nos acompañan  una parte del camino porque debe de ser así aunque nos cueste aceptarlo y entenderlo.

Están los amigos de la niñez que un día se marcharon de nuestro paisaje pero que volvieron con el pelo blanco y la frente marcada de  arrugas para recuperar lo mejor de aquello que fuimos.

También están los que jamás habríamos vaticinado como posibles, pero que nos siembran de afectos imborrables el alma.

Os confieso que aunque siempre fuisteis imprescindibles, nunca os necesité tanto como ahora y que no hay día que no me sorprenda vuestra cercanía, tanto, que me pregunto si yo me habría comportado de igual forma con vosotros.

Ante esta duda, la   respuesta  llega sola con un cariño unánime y cálido por vuestra parte.

GRACIAS POR EXISTIR AMIGOS.