domingo, 27 de agosto de 2017

Mi círculo de buena gente.





¿Ves? Siempre hay buena gente por todas partes". Eso me dices a raíz de un comentario que te hago  y no puedo estar más de acuerdo contigo.

La experiencia de la vida y lo que esta nos muestra de vez en cuando, nos lleva demasiadas veces a la decepción, nos arranca la inocencia a trocitos cuando comprobamos que no todas las personas merecen el mismo respeto, que el mundo no funciona como debería en gran medida, por no decir toda, debido a  muchos de los que estamos aquí.

Que siempre ha sido así, es verdad, y que en cuestión de fanatismos, avidez de poder o ego reconcentrado, siempre ha habido malas personas y que, desgraciadamente, a lo largo de los años, nuestra genética, no ha mutado en un sentido favorable cuando hablamos de sentimientos tan negativos como el odio, la envidia, o la crueldad por citar algunos de ellos.

Pero no quiero generalizar ni hablar de estas personas porque bastante tenemos con soportarlas y padecerlas con sus actos. Hoy quiero escribir y dar las gracias a toda la “buena gente” con la que me fui encontrando en el camino.

No creo necesario dar nombres pero espero que algunos de los que cito se reconozcan porque me gustaría que supieran que cada uno de ellos en su momento me dio todo lo que tenía o podía darme, no se puede pedir más, ¿no?

Por eso, doy las gracias al escritor que un día me animó a escribir frente al teclado y corrigió textos y poemas con la paciencia del mejor profesor que nunca pude tener. Siempre confió mí y me demostró que se puede, si uno desea algo con pasión, siempre se puede.

También a una de las mejores poetas que he leído y que utiliza un seudónimo especial, mujer fiel a sus principios y siempre al lado de los suyos guste o no guste a quién lo observa desde afuera.


A todos mis compañeros de poesía que me hicieron sentir una más en mi familia virtual poética y que me han dado tantas satisfacciones estos últimos tres años desde que los conocí.

Al genio de la lámpara y del whisky que no deja de escribir textos o poemas de amor inmensos que llegan al corazón y al que estimo como alguien de los míos, pues a pesar de no conocerlo personalmente, lo conozco desde su interior,solo hace falta leerlo asiduamente.

A la doctora y poeta a la que no solo  define su fortaleza, sino su gran sensibilidad y que siempre estuvo detrás de mis poemas y en momentos muy complicados de mi vida para aconsejarme desde el cariño.

A mi par de cubanos favoritos, dos grandes artistas que siempre me dieron todo su afecto y a los que siempre llevaré en mi corazón.

A mi querida amiga argentina con descendencia italiana  y con la que, a pesar de la distancia, siempre tuve unos lazos especiales de ternura por su sensibilidad y empatía hacia los demás.

Al gran poeta y amigo por encima de todo, que siempre ha estado ahí, en las buenas y en las malas, mi alma gemela como él suele decir. Somos hasta del mismo equipo de fútbol… Y si, lo sé, me quieres mucho y me deseas lo mejor, tanto como yo a ti.

Al amigo recién llegado con su sombrero canario en la foto de su perfil y que lleva un 2017 demasiado duro, pero que me consta lo superará, porque es uno más del círculo de la buena gente que pulula por el mundo.

A mi compañera de trabajo, la que día tras día ha estado ahí para darme ese abrazo necesario y que nunca habla demasiado, pero ha sufrido conmigo mi dolor. Sé que siempre puedo contar con ella.

A mi gran amigo y confidente, tan crucial en la decisión que tomé la noche más triste de mi vida y que llegó de forma casual para soportar mis bajones y  darme una regañina cuando la necesité. Consiguió también hacerme sonreír en los momentos más tristes.

A su pareja y creo que  ahora también amiga, que está demostrando ser una mujer de talla extraordinaria en su forma de relacionarse y ayudar a los demás con una sonrisa de felicidad permanente en  su boca.

A dos de mis primos, hombre y mujer, por soportarme estos meses más de lo habitual, por quererme tanto a pesar de no haber hecho nada que lo justifique.

A mi gran amiga de la infancia y a la que después de unos años en que estuvimos algo “extraviadas” he recuperado en el momento más importante de mi vida con el mismo amor que siempre disfrutamos.

Y por último a ti, al regalo sorpresa que llegó  en un intermedio inusual de mis múltiples ráfagas de tristeza, el hombre que me enamora cada día por su inmensa generosidad cuando  trata de llegar a mí.

Tú y solo tú, intentas enseñarme a escoger desde mi propia libertad personal lo mejor para mí, a ser yo en mi identidad y  desde mi propio respeto. Consigues que confíe y crezca en mis ojos desde los tuyos.


Todos tenemos un círculo de buena gente a nuestro alrededor y solo por eso,  vivir plenamente merece la pena. ¿No creéis?