Personalmente
he tenido que llegar casi a los cincuenta para entender que no
siempre o mejor dicho, casi nunca, estamos predestinados a aquellas
cosas que nos suceden, que es posible intentar vivir al menos en la
forma que uno siente que debe hacerlo en su corazón y que la
mayoría de las veces no intentamos cambiar los motivos que nos provocan infelicidad por
cobardía o comodidad.
De hecho, normalizamos situaciones como la apatía o la tristeza cuando éstas
surgen de forma espontánea y las denominamos "pequeños
bajones" probablemente por no querer detenernos a pensar en la
raiz del problema, que no es otra que nuestras propias luchas
internas.
El 2017 y
comienzos del 2018 baten el record en mis anales biográficos como "horrible
months" y sin embargo, justo después de esta etapa, jamás me
vi anteriormente tan segura como ahora, ni con la paz interior de
estar haciendo lo que creo que debo hacer a pesar de los múltiples
contratiempos que siguen aparenciendo como parte inseparable del
propio acto de vivir.
No es fácil
escuchar a tu corazón ni tomar decisiones sabiendo que éstas
heriran a los demás por no seguir siendo lo que siempre fuiste para
ellos. No es fácil virar el rumbo de tu propia embarcarción en
contra del viento hacia un nuevo presente dejando al pasado anclado
en un pequeño rincón de nuestra memoria para que no se nos
olvide lo que hemos sido, de donde venimos y que es lo que no
queremos volver repetir.
Aunque tarde
y a veces a costa de golpes de sufrimiento inútiles, he comprendido
que ante todo debo amarme a mí misma, que no hay decisión más sabia
y que benefice más a los de mi alrededor, que elegir ser la primera
en la lista de mis afectos. Que solo cuando me amo y me perdono
aquello que no supe hacer mejor, es cuando consigo trasladar todo
ese amor que brota a los que quiero.
De ahí el
motivo de mi título, porque no sabemos cuando se nos presentará la
segunda, la tercera o la décima oportunidad, porque no se nos
avisa, es pura intuición y valentía elegir el cambio si creemos
que éste es necesario ó aprender la lección si son otros los que decidieron por nosotros.