domingo, 11 de agosto de 2019

50 años es mucha vida



50 años recién cumplidos dan para pensar en las cosas verdaderamente importantes de nuestra vida.

Solemos decir que ésta es un suspiro, que volver al pasado es como si fuera ayer, que fue un abrir y cerrar de ojos, pero no es verdad, multitud de experiencias vividas y muchos amaneceres fueron moldeando a la persona que soy en estos momentos.

Nos cuesta entender que hacer años es algo maravilloso, que la vida solo consiste en vivir y que el momento presente es el único realmente importante, no hay otro más urgente e inaplazable que éste.

A veces la mente se obstina y vuelve una y otra vez con la película de nuestro pasado para hacernos creer que cualquier tiempo vivido fue mejor, pero yo ya no me dejo engañar, después de tantas dichas y catástrofes, solo puedo afirmar que el camino se construye andando y que en éste volveré a encontrarme nuevas enseñanzas.

No reniego del pasado que me ha conducido a ser quién soy, pero reconozco que ha sido duro echar el vuelo y remontar una vez estás arriba, dejar atrás historias que en su momento merecieron la pena, pero que terminaron caducando e intoxicando el corazón.

Estos últimos años ha habido muchas horas de ensayo en mis alas imperfectas, pero cada vez vuelo mejor y solo aquel que se eleva por encima de las miserias (que también las hay) puede admirar la maravillosa complejidad del ser humano en toda su extensión, puede perdonar y perdonarse que por ahí creo yo que va eso de la vida...





martes, 3 de julio de 2018

Segunda, tercera, cuarta y todas las oportunidades que la vida nos permita.





Personalmente he tenido que llegar casi a los cincuenta para entender que no siempre o mejor dicho, casi nunca, estamos predestinados a aquellas cosas que nos suceden, que es posible intentar vivir al menos en la forma que uno siente que debe hacerlo en su corazón y que la mayoría de las veces no intentamos cambiar los motivos que nos provocan infelicidad por cobardía o comodidad.


De hecho,  normalizamos situaciones como la apatía o la tristeza cuando éstas surgen de forma espontánea y las denominamos "pequeños bajones" probablemente por no querer detenernos a pensar en la raiz del problema, que no es otra que nuestras propias luchas internas.

El 2017 y comienzos del 2018 baten el record en mis anales biográficos  como "horrible months" y sin embargo, justo después de esta etapa, jamás me vi anteriormente tan segura como ahora, ni con la paz interior de estar haciendo lo que creo que debo hacer a pesar de los múltiples contratiempos que siguen aparenciendo como parte inseparable del propio acto de vivir.

No es fácil escuchar a tu corazón ni tomar decisiones sabiendo que éstas heriran a los demás por no seguir siendo lo que siempre fuiste para ellos. No es fácil virar el rumbo de tu propia embarcarción en contra del viento hacia un nuevo presente dejando al pasado anclado en un pequeño rincón de nuestra memoria para que no se nos olvide lo que hemos sido, de donde venimos y que es lo que no queremos volver repetir.

Aunque tarde y a veces a costa de golpes de sufrimiento inútiles, he comprendido que ante todo  debo amarme a mí misma, que no hay decisión más sabia y que benefice más a los de mi alrededor, que elegir ser la primera en la lista de mis afectos. Que solo cuando me amo y  me perdono aquello que no supe hacer mejor, es cuando consigo trasladar todo ese amor que  brota a los que quiero.

De ahí el motivo de mi título, porque no sabemos cuando se nos presentará la segunda, la tercera o la décima oportunidad, porque no se nos avisa, es pura intuición y valentía elegir el cambio si creemos que éste es necesario ó aprender la lección si son otros los que decidieron por nosotros.






sábado, 31 de marzo de 2018

Tiempo.






















"Solo el tiempo responde las preguntas del alma
que se quedan ancladas en el mar de la angustia".

El tiempo, nuestro tiempo de vida, ese que se nos escapa como un chorro de agua entre las manos, es sin embargo, la respuesta más sabia a nuestras preguntas. Me ha costado entender esto, siendo como soy, amiga de la impulsividad y lo espontáneo. Aún así, no reniego de estos adjetivos que tanto me definen siempre que no sean utilizados para invadir el espacio de los demás. 

El tiempo te enseña a ver con otra mirada aquello que en su momento sentenciamos como incomprensible. Me lleva a la conclusión de que aquello en lo que fallé, sucedió porque no supe hacerlo mejor. Ojalá hubiera sabido...

Desde esta creencia tan liberadora, decido quedarme con todo lo bueno que he sabido dar y recibir porque me consta, serán las semillas de mi nueva siembra. 


Y si vuelvo al pasado sin darme cuenta, ya solo dejo entrar a los buenos recuerdos, y elijo ese café al que hay que calentar previamente la leche para que no sepa a recalentado, la marca de champú que deja el cabello más suave, los créditos finales de una buena película, el pijama doblado debajo de la almohada, las miradas profundas y  las sonrisas abiertas, un árbol repleto de pájaros cantando en la noche,  el crepúsculo reflejando su belleza en una pequeña laguna o el balcón al que asomaban las ganas de amarte por entonces.

Todo un aprendizaje de experiencias hermosas que aún me quedan por seguir viviendo desde la plenitud de lo que soy.





domingo, 25 de febrero de 2018

El poder del silencio.

Estos días por motivos físicos sin demasiada importancia, me veo obligada a permanecer en casa semi-convalenciente por prescripción médica. Al principio me asusté, soy una persona activa y no sabía cómo me las iba a  arreglar, además tendría mucho tiempo para pensar y eso me preocupaba, no era mi mejor momento para darle muchas vueltas  a la cabeza.

Ha habido demasiados minutos, horas y madrugadas de sentir la soledad a mi lado, demasiados espacios mentales para rebelarme ante acontecimientos pasados que no entendía desde mi verdad. Probablemente es necesario escuchar a nuestro silencio más profundo, quizás ahí esté la evidencia de lo que realmente somos.

El pensamiento que me hablaba desde la culpa y la tristeza, acampó sin remedio en mi corazón. No hay nada más estresante que buscar respuestas donde no las hay, resistirse a aceptar que somos un pack completo con aciertos y errores incluidos.

Hasta que un día dejas emanar el dolor que sientes entendiendo que éste solo te está curando y que las heridas escuecen hasta que cierran por completo.

Descubres que nadie, absolutamente nadie, puede venir a darte el amor que anhelas porque éste ya habita en ti, que es tu propia luz la que permanece apagada y solo tú puedes volver a encenderla.

 Y el otro, el que se marchó o el que haya de venir, siempre será un espejo donde poder reflejarnos para crecer. Y vuelves a empezar otra vez desde la casilla de partida, una vez más, pero sin temor, la vida es tan sabia que basta con confiarnos a ella y dejarla hacer. 

Ser conscientes del momento presente, del aquí y el ahora. De que todo tiene un  motivo y un porqué, de que nada se nos arrebata porque nada nos pertenece, nuestro único cometido es aprender a disfrutar aquello que se nos da.
  
Entonces, es cuando te das cuenta de que la soledad no es un castigo, sino un valioso regalo que se te ha concedido para experimentar la verdadera esencia de tu yo y desde ahí volver a creer en ti y en los demás.

  Y sientes que deseas volver a iluminar tu vida con la luz de la sonrisa y el  amor. Que poco a poco lo volverás a conseguir y que todo proceso de transformación y cambio, al final te hace más fuerte, que las orugas siempre terminan siendo  mariposas.





viernes, 2 de febrero de 2018

Imperfecta.













Cada vez transcurre más tiempo cuando se trata de escribir y publicar en el blog,  aunque en determinados momentos, aún sigo sintiendo  la tentación a pesar del  muro de escepticismo  y  desilusión con  el que me encuentro en esta  etapa de mi vida.


Creía que escribir era el mejor ejercicio de introspección que podía hacer conmigo misma, que enfrentar una hoja en blanco y contarme en ella, era una reflexión útil cuando creía haber tocado fondo,  que esta opción, me facilitaba coger impulso una vez más, pero últimamente he dejado de tener esa convicción.

He perdido confianza en las metas a alcanzar de mi propia existencia y no sé si aprendo alguna lección cuando utilizo la palabra para expresar mis sentimientos. Comienzo a acostumbrarme al silencio de las emociones que me pertenecen. Ahí,  en ese autocontrol, solo yo puedo manejarme.

Creemos ver el amor en sonrisas luminosas, declaraciones sublimes, abrazos, canciones dedicadas, golpes de ilusión acariciando el alma e incluso lágrimas que dicen apostar por nosotros.

Creemos ver…

De pronto, sin saber por qué, la decepción llega y sacude  la magia de una bonita historia. La convierte tan solo en un espejismo de lo que fue y quizás podría haber llegado a ser, la enfrenta a la realidad. 


Ahora, donde hubo ímpetu de cariño y ganas de luchar , solo asoman el desánimo y la lejanía.

No debemos aspirar a lo perfecto en nuestras relaciones con los demás ni en ningún otro ámbito de la vida, debería ser  suficiente con dar lo mejor de nosotros mismos.
 Tampoco creo que la perfección  exista más allá de nuestra imaginación, sobre todo cuando hablamos de sentimientos.

Nada mejor  que la indulgencia en nuestros propios errores si los aceptamos  desde la humildad  y como parte del  aprendizaje en nuestra vida.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Adiós 2017 y bienvenido 2018.
















Antes de que llegara la navidad anticipé mi tristeza, temía que los días de felicitaciones pudieran remover pasados que ya fueron. Es por eso que este año he deseado que pasara muy rápido, vivirla como una especie de estrella fugaz a la que al mirar por segunda vez, observas que ya desapareció en lo profundo del universo.

Pero no, la vida casi nunca transcurre como nosotros queremos, el tiempo, nuestros espacios, no suelen adaptarse a lo que creemos que sucederá. No siempre aceptamos aprender aquello que necesitamos  de nuestras derrotas, y por el contrario nos negamos a habitar lugares inhóspitos de nuestro yo a los que nunca creímos llegar.

Y entonces, cualquier tiempo pasado nos parece mejor, porque sentir la soledad, el desamor y la creencia de que no merecemos ser amados, es una sensación por la que nadie debería pasar. Pensar que somos los únicos culpables de las consecuencias de  nuestros actos, es la peor degradación emocional que  podemos hacernos a nosotros mismos. 

Hoy no tenía previsto atender el teléfono, no quería mensajes de bienaventuranzas este año. He perdido amigos a los que sigo queriendo y puse fin a un amor inexistente instalado en el desamor pero que me dio lo mejor de mi vida, mis hijos.

Sin embargo, la luz que creí perdida entre tanta oscuridad, ha despertado dejando todos mis cuestionamientos e incertidumbres a un lado, ha vuelto para alumbrarme una vez más.


Y es que el 2017 no ha sido de un solo de color, pero estuve tan entregada a mi tristeza y su duelo, que no supe apreciar todas las cosas buenas que también llamaron a mi puerta.



Se reforzaron amistades que siempre estuvieron ahí para levantarme cada vez que volví a recaer y llegaron nuevos amigos a mostrarme que la vida tiene muchos matices y que podemos elegir entre ellos, me invitaron a pensar.


Y llegó también “el pringao” como le gusta definirse cuando se siente vapuleado por la vida y mis continuos vaivenes emocionales. Quizás sea verdad que es un poco "pringao" por estar ahí todavía, por no haber huido de estas inseguridades que abarcan mi corazón sin pretenderlo.

Descubro que se atreve con los riesgos , porque a pesar de conocerme, aún no se ha marchado. Y creo, empiezo a creer, que su objetivo es acompañarme en el camino para darme lo mejor de él. Será que no sabe rendirse porque en lo más profundo de su corazón sigue habitando un niño que aún cree en la magia del amor y la justicia.

Al final, despido el 2017 pensando que éste me trajo experiencias buenas y no tan buenas, pero sobre todo me dio lecciones de vida y a pesar de tanto desamor, su lado anverso comienza a mostrarme emociones en color aún por vivir.

FELIZ 2018 amigos míos!!!


lunes, 25 de diciembre de 2017

Impulso ante reflexión.




Creo que siempre es aconsejable no actuar solo por impulso en nuestros actos a no ser que nos encontremos en un caso de vida o muerte que, siendo sincera, jamás he tenido que enfrentar. 

Aún así, sabiendo que a la hora de tomar decisiones la reflexión previa es la elección más acertada, mi carácter sufre del efecto contrario que tantos disgustos me ha dado en muchos casos.

Por eso, entiendo que meditar sobre aquello que cambiará en algún modo nuestra forma de vida, es algo que debemos hacer pero siempre con cuidado y sin que esto nos lleve al auto-engaño, tomar un camino diferente, elegir otra opción a la que ya conocemos, es un atrevimiento muy cercano a la locura.


 Algunas de las resoluciones más difíciles que he tomado no habría sido capaz de realizarlas si me hubiera detenido a pensar en las consecuencias. Siempre he procurado ser fiel a mi intuición pero a la vez tengo miedo de mis propias elecciones,de mi propio yo, un sentimiento que debo dejar fluir para que se termine yendo algún día, alguna vez...

Hay decisiones que nos llevarán por un tiempo a la soledad, a dejar amigos que en esta etapa no quisieron estar, o no fueron capaces de entender… Pero también hay personas nuevas que han llegado y seguirán llegando, que antes no existían en mi memoria ni en mi piel y que probablemente no habría conocido de no haber elegido este otro camino, otros paisajes a los que ahora asomo el corazón y que me llevan a emociones aún por transitar.

Por tanto, aunque no defiendo los actos impulsivos por sí mismos y como único elemento determinante, si que creo que a nuestras decisiones previamente reflexionadas debemos añadirle una pizca de mínimo sentimiento intuitivo. Escuchar al corazón es necesario siempre.


P.D. El perrito de la foto es mi última locura del 2017, se llama Croqueto y llegó a casa el 6 de diciembre porque no lo “pensé” demasiado. Bendito impulso que me tiene desconcertada de amor.