martes, 25 de septiembre de 2018

Quince días

















Cada quince días, mis sentidos lograban rozar la inmensidad del cielo desde tu cama y el milagro de la ternura venía a visitarnos.

Me convertía en Cenicienta sin proponérmelo, solo tenía que escarbar en la profundidad de tu mirada.

Cada quince días, el tren siempre me conducía camino a la felicidad que anhelaba compartir contigo. Aún puedo sentir mi cuerpo volando en dirección a tus abrazos.


El tiempo y las tormentas del alma caducaron nuestra historia, y entonces, fue cuando pude darme cuenta de que habías dejado de apostar por mis ojos.





martes, 3 de julio de 2018

Segunda, tercera, cuarta y todas las oportunidades que la vida nos permita.





Personalmente he tenido que llegar casi a los cincuenta para entender que no siempre o mejor dicho, casi nunca, estamos predestinados a aquellas cosas que nos suceden, que es posible intentar vivir al menos en la forma que uno siente que debe hacerlo en su corazón y que la mayoría de las veces no intentamos cambiar los motivos que nos provocan infelicidad por cobardía o comodidad.


De hecho,  normalizamos situaciones como la apatía o la tristeza cuando éstas surgen de forma espontánea y las denominamos "pequeños bajones" probablemente por no querer detenernos a pensar en la raiz del problema, que no es otra que nuestras propias luchas internas.

El 2017 y comienzos del 2018 baten el record en mis anales biográficos  como "horrible months" y sin embargo, justo después de esta etapa, jamás me vi anteriormente tan segura como ahora, ni con la paz interior de estar haciendo lo que creo que debo hacer a pesar de los múltiples contratiempos que siguen aparenciendo como parte inseparable del propio acto de vivir.

No es fácil escuchar a tu corazón ni tomar decisiones sabiendo que éstas heriran a los demás por no seguir siendo lo que siempre fuiste para ellos. No es fácil virar el rumbo de tu propia embarcarción en contra del viento hacia un nuevo presente dejando al pasado anclado en un pequeño rincón de nuestra memoria para que no se nos olvide lo que hemos sido, de donde venimos y que es lo que no queremos volver repetir.

Aunque tarde y a veces a costa de golpes de sufrimiento inútiles, he comprendido que ante todo  debo amarme a mí misma, que no hay decisión más sabia y que benefice más a los de mi alrededor, que elegir ser la primera en la lista de mis afectos. Que solo cuando me amo y  me perdono aquello que no supe hacer mejor, es cuando consigo trasladar todo ese amor que  brota a los que quiero.

De ahí el motivo de mi título, porque no sabemos cuando se nos presentará la segunda, la tercera o la décima oportunidad, porque no se nos avisa, es pura intuición y valentía elegir el cambio si creemos que éste es necesario ó aprender la lección si son otros los que decidieron por nosotros.






sábado, 31 de marzo de 2018

Tiempo.






















"Solo el tiempo responde las preguntas del alma
que se quedan ancladas en el mar de la angustia".

El tiempo, nuestro tiempo de vida, ese que se nos escapa como un chorro de agua entre las manos, es sin embargo, la respuesta más sabia a nuestras preguntas. Me ha costado entender esto, siendo como soy, amiga de la impulsividad y lo espontáneo. Aún así, no reniego de estos adjetivos que tanto me definen siempre que no sean utilizados para invadir el espacio de los demás. 

El tiempo te enseña a ver con otra mirada aquello que en su momento sentenciamos como incomprensible. Me lleva a la conclusión de que aquello en lo que fallé, sucedió porque no supe hacerlo mejor. Ojalá hubiera sabido...

Desde esta creencia tan liberadora, decido quedarme con todo lo bueno que he sabido dar y recibir porque me consta, serán las semillas de mi nueva siembra. 


Y si vuelvo al pasado sin darme cuenta, ya solo dejo entrar a los buenos recuerdos, y elijo ese café al que hay que calentar previamente la leche para que no sepa a recalentado, la marca de champú que deja el cabello más suave, los créditos finales de una buena película, el pijama doblado debajo de la almohada, las miradas profundas y  las sonrisas abiertas, un árbol repleto de pájaros cantando en la noche,  el crepúsculo reflejando su belleza en una pequeña laguna o el balcón al que asomaban las ganas de amarte por entonces.

Todo un aprendizaje de experiencias hermosas que aún me quedan por seguir viviendo desde la plenitud de lo que soy.





domingo, 25 de febrero de 2018

El poder del silencio.

Estos días por motivos físicos sin demasiada importancia, me veo obligada a permanecer en casa semi-convalenciente por prescripción médica. Al principio me asusté, soy una persona activa y no sabía cómo me las iba a  arreglar, además tendría mucho tiempo para pensar y eso me preocupaba, no era mi mejor momento para darle muchas vueltas  a la cabeza.

Ha habido demasiados minutos, horas y madrugadas de sentir la soledad a mi lado, demasiados espacios mentales para rebelarme ante acontecimientos pasados que no entendía desde mi verdad. Probablemente es necesario escuchar a nuestro silencio más profundo, quizás ahí esté la evidencia de lo que realmente somos.

El pensamiento que me hablaba desde la culpa y la tristeza, acampó sin remedio en mi corazón. No hay nada más estresante que buscar respuestas donde no las hay, resistirse a aceptar que somos un pack completo con aciertos y errores incluidos.

Hasta que un día dejas emanar el dolor que sientes entendiendo que éste solo te está curando y que las heridas escuecen hasta que cierran por completo.

Descubres que nadie, absolutamente nadie, puede venir a darte el amor que anhelas porque éste ya habita en ti, que es tu propia luz la que permanece apagada y solo tú puedes volver a encenderla.

 Y el otro, el que se marchó o el que haya de venir, siempre será un espejo donde poder reflejarnos para crecer. Y vuelves a empezar otra vez desde la casilla de partida, una vez más, pero sin temor, la vida es tan sabia que basta con confiarnos a ella y dejarla hacer. 

Ser conscientes del momento presente, del aquí y el ahora. De que todo tiene un  motivo y un porqué, de que nada se nos arrebata porque nada nos pertenece, nuestro único cometido es aprender a disfrutar aquello que se nos da.
  
Entonces, es cuando te das cuenta de que la soledad no es un castigo, sino un valioso regalo que se te ha concedido para experimentar la verdadera esencia de tu yo y desde ahí volver a creer en ti y en los demás.

  Y sientes que deseas volver a iluminar tu vida con la luz de la sonrisa y el  amor. Que poco a poco lo volverás a conseguir y que todo proceso de transformación y cambio, al final te hace más fuerte, que las orugas siempre terminan siendo  mariposas.





miércoles, 14 de febrero de 2018

San Valentín

Hoy, catorce de febrero, es día de San Valentin, fiesta por antonomasia del amor aunque muchos de nosotros opinemos que, ante todo, es una fecha comercial.

Eso no obvia para que, siendo como soy, una romántica de libro, hoy no haya echado de menos una canción, una carta o algunas flores dedicadas a mi nombre.


Sucede que creí estar enamorada y  esto del enamoramiento es un desastre,  porque cuando llega  nos obnubila y no podemos ver más allá de la felicidad completa que nos llena en ese momento.

El problema viene cuando idealizamos o nos idealizan y de pronto descubren que no somos tan especiales como creyeron,  entonces, se les olvidan los discursos sempiternos de amor, las llamadas a todas horas para saber cómo nos encontramos o que estamos haciendo en ese momento.

Creo que hay  personas que intentan huir de su melancolía  buscando en otras  la sonrisa de la que carecen muchas veces sus labios hasta  el día en  que se  dan cuenta de que tú también lloras...

No quieren de ti más que alegrías, navegar contigo mientras el viento esté a su favor, pero no aguantan más de un par de tormentas…

Para marcharse, las excusas de siempre, sus  múltiples: “lo siento,  de veras que lo siento” “eres tan  buena, tan especial, te deseo lo mejor” .

A  la mierda las disculpas!!  Cuando se deja de amar a alguien solo queda la pena, pero no hay nada más cruel que hacerle creer al otr@ que aún seguimos  sintiendo amor.

Perdonadme, pero no acepto a los cobardes, la vida es dura y sé lo que es  hacer daño a quién alguna vez te amó. Pero cuando el desamor se instala en tu corazón no queda otra  que afrontarlo.

Lo mínimo que se merecen aquellos que no son correspondidos, lo mínimo, es decirles  la verdad aunque en ese  momento se les   haga daño. Pero no, resulta que el ego es tan inmenso, que a pesar de tener claro que llegó el  final, se empeñan en quedar en tus recuerdos  como la persona más honesta de tu vida.

Y de pronto, cuando nos abandonan, nos encontramos con la impotencia de no saber  qué hicimos realmente tan grave para que de pronto no nos quieran, nos sentimos desnudos e indefensos,e incluso pensamos si estaremos algo desequilibrados porque no entendemos como alguien pudo dejar de amarnos en solo unos días.


Y en cuestión de segundos, descubres que su amor, solo fueron unas cuantas partículas flotando en el aire, que habitaron mil dudas donde en su convicción.



Si me hubieras amado, no me habrías dejado marchar.