sábado, 26 de enero de 2019

Mi padre.





Mi padre ha fallecido, se apagó su luz definitivamente tras dos largos años de idas y venidas al hospital, de lucha contra varias enfermedades que se empeñaron en hacerle difícil la vida. A él y a los que estuvimos a su lado.

Dos años en los que, en silencio, llegamos a desear su muerte, para que no sufriera, para no sufrir nosotros ...

Procuré estar a su lado continuamente y cuando llegó el momento de marcharse, me estuvo esperando los últimos minutos de su vida para morir cogido de mi mano y con nuestros rostros juntos.

¿Cómo explicar este vacío, esta sensación de orfandad por un padre que llegó a ser mi hijo en sus últimos años?

Fue mi héroe favorito en la infancia, hasta que dejé de ser su niña y ambos nos alejamos. Él siempre creyó que era una mujer fuerte y me dejó hacer mi vida, a mi manera, respetó  mis decisiones aunque no las compartiera.

Solo ahora, en su final, en largas noches sin dormir recostada en un sillón, he sido capaz de entender todo el amor de mi padre hacia mí. Ahora, es cuando he podido ver que se puede amar de muchas maneras y las palabras de afecto, aunque necesarias, no son el único camino para hacerlo.

Mi padre fue un hombre de actos en su amor hacia mí, pero también llenó mi niñez de besos, cuentos y abrazos. No hubiera podido tener un progenitor mejor.

Solo espero haber estado a la altura de su cariño estos últimos años y que pueda perdonar todo el amor que me dio y que tantas veces no supe devolverle.




sábado, 22 de diciembre de 2018

A veces.

A veces, me encuentro  carente de  identidad,  sin saber muy bien  quién soy o hacia dónde me dirijo. Siento que no tengo raíces que me sostengan y quizás por eso no entiendo  de  verdades absolutas.

Tampoco creo en  las promesas del  para siempre, porque hoy, no soy la que fui ayer, como tampoco seré la de mañana.

No sé si  esto es  acertado, pero he perdido tanto en mis guerras personales,  que entiendo que da igual quién lleve la  razón si eso me lleva al sufrimiento.

Cuando me empeño en mi verdad, nunca gano.

Será por eso que  me gustan los locos que sonríen al mundo, abstraídos de  normas, mientras otros clavan en ellos su mirada solo porque no son copias  de su mismo "traje".

A pesar de mis perdidas, mientras escribo, también sobrevienen momentos de felicidad inmejorables.

Y pienso en  los amig@s, que siempre están  ahí en el momento exacto, en mi perro y en  mi gata, queriéndose más que los humanos y  desterrando todos los  tópicos posibles. 

Y en  mi propia vida que no se detiene, y me empuja a vivirla mirándola de frente.





martes, 30 de octubre de 2018

Intenté





















Intenté escapar de tus demonios y los míos
buscando un presente
en el que no habitara tu nombre.

Huí de lo que fuimos
 y la ventana de la incertidumbre
comenzó a mostrarme 
sus paisajes desiertos
 y montones de pactos sin cumplir.

La palabra insistía en viajar desde 
 tu boca hacia mis ojos
 mas no podía verla ni tocarla,
por lo que decidí llorar nuestros desastres
en el silencio de la soledad.

Mis puertas se cerraron con candados
y mil llaves de despedidas,
pero el amor decide sin permiso
y aunque busqué en otro andén 
 afectos de futuro, 
siempre termino regresando a ti.















martes, 25 de septiembre de 2018

Quince días

















Cada quince días, mis sentidos lograban rozar la inmensidad del cielo desde tu cama y el milagro de la ternura venía a visitarnos.

Me convertía en Cenicienta sin proponérmelo, solo tenía que escarbar en la profundidad de tu mirada.

Cada quince días, el tren siempre me conducía camino a la felicidad que anhelaba compartir contigo. Aún puedo sentir mi cuerpo volando en dirección a tus abrazos.


El tiempo y las tormentas del alma caducaron nuestra historia, y entonces, pude darme cuenta de que nunca fuiste capaz de  apostar por mis ojos.





martes, 3 de julio de 2018

Segunda, tercera, cuarta y todas las oportunidades que la vida nos permita.





Personalmente he tenido que llegar casi a los cincuenta para entender que no siempre o mejor dicho, casi nunca, estamos predestinados a aquellas cosas que nos suceden, que es posible intentar vivir al menos en la forma que uno siente que debe hacerlo en su corazón y que la mayoría de las veces no intentamos cambiar los motivos que nos provocan infelicidad por cobardía o comodidad.


De hecho,  normalizamos situaciones como la apatía o la tristeza cuando éstas surgen de forma espontánea y las denominamos "pequeños bajones" probablemente por no querer detenernos a pensar en la raiz del problema, que no es otra que nuestras propias luchas internas.

El 2017 y comienzos del 2018 baten el record en mis anales biográficos  como "horrible months" y sin embargo, justo después de esta etapa, jamás me vi anteriormente tan segura como ahora, ni con la paz interior de estar haciendo lo que creo que debo hacer a pesar de los múltiples contratiempos que siguen aparenciendo como parte inseparable del propio acto de vivir.

No es fácil escuchar a tu corazón ni tomar decisiones sabiendo que éstas heriran a los demás por no seguir siendo lo que siempre fuiste para ellos. No es fácil virar el rumbo de tu propia embarcarción en contra del viento hacia un nuevo presente dejando al pasado anclado en un pequeño rincón de nuestra memoria para que no se nos olvide lo que hemos sido, de donde venimos y que es lo que no queremos volver repetir.

Aunque tarde y a veces a costa de golpes de sufrimiento inútiles, he comprendido que ante todo  debo amarme a mí misma, que no hay decisión más sabia y que benefice más a los de mi alrededor, que elegir ser la primera en la lista de mis afectos. Que solo cuando me amo y  me perdono aquello que no supe hacer mejor, es cuando consigo trasladar todo ese amor que  brota a los que quiero.

De ahí el motivo de mi título, porque no sabemos cuando se nos presentará la segunda, la tercera o la décima oportunidad, porque no se nos avisa, es pura intuición y valentía elegir el cambio si creemos que éste es necesario ó aprender la lección si son otros los que decidieron por nosotros.