sábado, 31 de marzo de 2018

Tiempo.






















"Solo el tiempo responde las preguntas del alma
que se quedan ancladas en el mar de la angustia".

El tiempo, nuestro tiempo de vida, ese que se nos escapa como un chorro de agua entre las manos, es sin embargo, la respuesta más sabia a nuestras preguntas. Me ha costado entender esto, siendo como soy, amiga de la impulsividad y lo espontáneo. Aún así, no reniego de estos adjetivos que tanto me definen siempre que no sean utilizados para invadir el espacio de los demás. 

El tiempo te enseña a ver con otra mirada aquello que en su momento sentenciamos como incomprensible. Me lleva a la conclusión de que aquello en lo que fallé, sucedió porque no supe hacerlo mejor. Ojalá hubiera sabido...

Desde esta creencia tan liberadora, decido quedarme con todo lo bueno que he sabido dar y recibir porque me consta, serán las semillas de mi nueva siembra. 


Y si vuelvo al pasado sin darme cuenta, ya solo dejo entrar a los buenos recuerdos, y elijo ese café al que hay que calentar previamente la leche para que no sepa a recalentado, la marca de champú que deja el cabello más suave, los créditos finales de una buena película, el pijama doblado debajo de la almohada, las miradas profundas y  las sonrisas abiertas, un árbol repleto de pájaros cantando en la noche,  el crepúsculo reflejando su belleza en una pequeña laguna o el balcón al que asomaban las ganas de amarte por entonces.

Todo un aprendizaje de experiencias hermosas que aún me quedan por seguir viviendo desde la plenitud de lo que soy.





domingo, 25 de febrero de 2018

El poder del silencio.

Estos días por motivos físicos sin demasiada importancia, me veo obligada a permanecer en casa semi-convalenciente por prescripción médica. Al principio me asusté, soy una persona activa y no sabía cómo me las iba a  arreglar, además tendría mucho tiempo para pensar y eso me preocupaba, no era mi mejor momento para darle muchas vueltas  a la cabeza.

Ha habido demasiados minutos, horas y madrugadas de sentir la soledad a mi lado, demasiados espacios mentales para rebelarme ante acontecimientos pasados que no entendía desde mi verdad. Probablemente es necesario escuchar a nuestro silencio más profundo, quizás ahí esté la evidencia de lo que realmente somos.

El pensamiento que me hablaba desde la culpa y la tristeza, acampó sin remedio en mi corazón. No hay nada más estresante que buscar respuestas donde no las hay, resistirse a aceptar que somos un pack completo con aciertos y errores incluidos.

Hasta que un día dejas emanar el dolor que sientes entendiendo que éste solo te está curando y que las heridas escuecen hasta que cierran por completo.

Descubres que nadie, absolutamente nadie, puede venir a darte el amor que anhelas porque éste ya habita en ti, que es tu propia luz la que permanece apagada y solo tú puedes volver a encenderla.

 Y el otro, el que se marchó o el que haya de venir, siempre será un espejo donde poder reflejarnos para crecer. Y vuelves a empezar otra vez desde la casilla de partida, una vez más, pero sin temor, la vida es tan sabia que basta con confiarnos a ella y dejarla hacer. 

Ser conscientes del momento presente, del aquí y el ahora. De que todo tiene un  motivo y un porqué, de que nada se nos arrebata porque nada nos pertenece, nuestro único cometido es aprender a disfrutar aquello que se nos da.
  
Entonces, es cuando te das cuenta de que la soledad no es un castigo, sino un valioso regalo que se te ha concedido para experimentar la verdadera esencia de tu yo y desde ahí volver a creer en ti y en los demás.

  Y sientes que deseas volver a iluminar tu vida con la luz de la sonrisa y el  amor. Que poco a poco lo volverás a conseguir y que todo proceso de transformación y cambio, al final te hace más fuerte, que las orugas siempre terminan siendo  mariposas.





viernes, 29 de septiembre de 2017

Respirar este momento.
















Esta tarde, charlando con un buen amigo, comentábamos sobre las interpretaciones que solemos hacer en nuestras conversaciones con los demás y lo complicado que resulta a veces llegar a entender lo que alguien desea decirnos realmente. Él me decía que esta confusión puede darse porque a veces en la comunicación entre dos personas suelen fluctuar sin embargo, cuatro opciones de pensamientos diferentes.

Cuando hablamos pretendemos expresar lo que sentimos y a la vez, analizamos que puede estar pensando nuestro interlocutor sobre lo que le estamos transmitiendo, esto también puede sucederle al otro comunicante,  con lo que no es raro terminar frustrados por no lograr llegar al entendimiento.

Creo que este doble pensamiento surge por una falta de seguridad en nosotros mismos unido a  un exceso absurdo e inconsciente por querer controlar aquello que no podemos; la reacción del que nos escucha.

Esto genera a veces sufrimiento, exponer nuestras emociones, tenderlas en la cuerda de la vida y dejarlas fluir arriesgándonos a poder ser lastimados puede ser para algunas personas una especie de suicidio premeditado.

Comprender que de una forma u otra siempre habrá algún motivo que nos hará salir de nuestra zona de confort, pareja, casa, trabajo etc. Aceptar que realmente solo tenemos nuestro presente, el ahora, y que justo este instante es el único que nos pertenece.

Ser conscientes de la frugalidad de nuestra vida y sus afectos puede llevarnos por caminos totalmente opuestos, o bien  a un agujero negro que solo absorberá nuestra energía positiva, o por el contrario sentirnos liberados  al saber que nada podemos hacer ante los imprevistos que han de llegar del exterior.

No esperar nada de mañana, respirar este momento y amarlo como si no hubiera otra cosa más importante y prioritaria que esto.

Al final, después de tantos tropiezos personales, he logrado entender que mis aspiraciones no siempre me hicieron feliz y debo aceptar que la propia vida está esperando a que le entregue otra versión diferente a la que ya fui.

El pasado ya no volverá ni falta que hace, porque yo, ya no estoy allí

La alegría o sus síntomas solo están en nosotros y desde la forma en que interactuamos en nuestras relaciones con los demás. Quizás esto sea un tremendo tópico, pero creo que no hay nada más cierto.

Compartir, experimentar la vida con aquellos que por un motivo u otro se cruzan en nuestro camino, debería ser un máximo exponente de bienestar interior, aunque a veces el maldito ego se obstine en obviarlo.

Cuando esto sucede, vuelvo a mi caparazón anhelando mi antigua zona de confort. Mi yo interior  se da tanta pena a si mismo, que resulta agobiante oírlo sentirse el ombligo del mundo. 

Porque las cosas no son ni suceden como yo quiero.

¿Sabéis? La vida son dos días y uno ya pasó para mí como si fuera ayer cuando aún era una niña. Ahora necesito vivir el segundo en  la plena madurez de mi presente. 
Mañana quién sabe lo que me deparará el destino o yo misma.

No existen  príncipes ni princesas azules, (no han existido nunca) ni hadas fantásticas que nos toman de la mano para rescatarnos y hacer realidad nuestros deseos.

Estos personajes afortunadamente solo se encuentran en la ficción. 

Nosotros, por si mismos, ya somos fantásticos, fuertes y capaces de conseguir nuestros propósitos. Vivir una vida sencilla y potenciar nuestros valores en la pequeña parcela que nos tocó habitar junto a otros, es el cuento más bonito y real que podemos experimentar.

Este es mi pensamiento sin una doble vertiente, esto es realmente lo que quiero decir sin pensar a su vez en qué pensará aquel que lo lea. Porque ni puedo ni quiero controlar lo que piensas, porque no me debe preocupar esto cuando escribo.











domingo, 3 de septiembre de 2017

Blanco y negro.

















Exhausta de principios que me arropen y den impulso nuevamente, siento como mi vida volvió a quedarse en blanco y negro sin ningún color que pueda alegrarla.

Me consta que aprendemos desde el fracaso, pero no sé que lección debo aprender esta vez. Aún no lo sé. Eso si, estoy segura de que este año sacaré nota alta en decepciones y nuevos comienzos. 

Soy la eterna Sísifo por antonomasia y ahora, en estos instantes, solo tengo ganas de rendirme, dejarme llevar por el silencio y rogar para que este dolor pase pronto.

Soy una romántica de libro dicen mis amigos, una adolescente cuando se trata de sentir al amor, tanto, que no vi las señales del distanciamiento, eso es lo que más tristeza me causa. Saber que esos ojos que me miraron las últimas veces no mostraron lo que su corazón sentía.

Ahora entiendo a aquellos que valoran de una forma exagerada la sinceridad o la honestidad en el otro, creo que lo hacen porque a veces carecen de ella o no saben defenderla como se merece.

Mi verdad no es la verdad de los demás, claro que no, pero es la mía y mis dedos siempre  acariciaron su nuca con todo mi amor, le mostré mi alma en cada mirada que intercambiamos o en cada beso  que nos dimos.

Solo me queda el consuelo de haber amado desde la sinceridad de mi corazón.


martes, 4 de abril de 2017

Solo sé.





















No sé si el desamor fue demasiado tiempo
una sombra alargada que no me dejó a solas
extinguiendo las fotos de un álbum en que fui protagonista.

No sé si es que dejé de creer en el hombre como tal
capaz de aniquilar su propio campo
de amapolas.

Solo sé que la vida no me odia después de todo,
y que espera, paciente, a que descubra
la bondad de unos ojos aún sin estrenar
dibujando en los míos reflejos de esperanzas.

Solo sé que has llegado, imprevisible,
y en forma de regalo inacabable
si observo tu mirada,
porque es imposible no amar todo el amor
que emerge de tus ganas de vivirme.



martes, 7 de marzo de 2017

Impulsos.


Estoy absolutamente convencida de que mi forma de escribir no se asemeja ni siquiera a la de un aprendiz de escritor. 

Salvo raras ocasiones, lo que a mí me gusta es darle a las teclas de forma atropellada, permitir, que las emociones que me atrapan en ese instante se diluyan en el texto. No busco palabras o citas propias que expresadas de una forma especial puedan llegar a quién pueda leerme, no lo hago, supongo que es una especie de hedonismo incontrolable escribir de esta manera.

Y sé, que cuando siento así, no puedo postergar lo que quiero decir para la próxima ocasión, porque entonces, el pudor me obligará a ser más correcta a la hora de plasmar mis sentimientos.

Por eso, a pesar de que no debería estar perdiendo el tiempo con unas líneas que no conducen a ninguna parte; necesito intentar ver desde afuera a la mujer que escribe, averiguar sus múltiples contradicciones e intentar entenderla.

Confieso y asumo que estos días no hallo una solución estable a mi vida por más fórmulas inimaginables que haya podido replantearme. Quito de aquí, pongo de allá y las cuentas siguen sin salir. Al final, llego a la conclusión de que por más que intente recomponer mi mapa y su futuro, éste no depende totalmente de mí.

Puedo  tomar decisiones, pero no puedo gobernar en mis sentimientos. No puedo sentir lo que otro quiere que sienta. Es una realidad cruel, lo sé, y a veces toca ser la mala de la película aunque sepas que  no fue exactamente así.

Y  siendo consciente del dolor que causo y me provoco, ayer firmé un documento de dos páginas redactado y leído por una abogada a la que no era capaz de escuchar embargada  como estaba en una inmensa tristeza. Ayer, cerré el proyecto de una vida en común  de veinticinco años con los ojos cubiertos de lágrimas y un abrazo de despedida.

Si pudiera saber dependiendo de la elección del camino a elegir, qué es lo que éste me deparará, todo sería más fácil. Pero, ¿y si resulta que me equivoqué? Y si lo hubiera intentado una vez más?


 Un propósito imposible, porque a pesar de esta soledad que me acompaña y me grita como el eco de un miembro amputado retorciéndose en su dolor, el pasado no es tangible y solo permanece en nuestra memoria.

¡Sería tan fácil perdonar y olvidar! ¿Por qué no lo hice? Por qué mi corazón se volvió tan duro?


Apostar al futuro sin saber las cartas de las que dispones es una locura. Retirarse del juego por miedo a perder la partida es de cobardes.


¿Pero, quién dijo que yo fuera valiente?

La decisión de seguir adelante solo depende de mí y debo asumir las consecuencias, ninguna buena de momento, puedo asegurarlo.



jueves, 23 de febrero de 2017

Volar

















Siempre supiste que no tengo precio,
que si hablamos de amor, me gusta regalarme
por cuestión de principios.

No quiero ser de nadie que no sea yo misma.

Por eso te rebelas,
sientes que te has perdido por perderme,
porque logré volar sin alas
una noche de lluvia en mis espejos.

Y el eco de tu voz se sostuvo en el aire
para llamarme loca en tu locura,
cuando sola, completamente sola,
deserté de tu ira
y mi fragilidad.