martes, 3 de julio de 2018

Segunda, tercera, cuarta y todas las oportunidades que la vida nos permita.





Personalmente he tenido que llegar casi a los cincuenta para entender que no siempre o mejor dicho, casi nunca, estamos predestinados a aquellas cosas que nos suceden, que es posible intentar vivir al menos en la forma que uno siente que debe hacerlo en su corazón y que la mayoría de las veces no intentamos cambiar los motivos que nos provocan infelicidad por cobardía o comodidad.


De hecho,  normalizamos situaciones como la apatía o la tristeza cuando éstas surgen de forma espontánea y las denominamos "pequeños bajones" probablemente por no querer detenernos a pensar en la raiz del problema, que no es otra que nuestras propias luchas internas.

El 2017 y comienzos del 2018 baten el record en mis anales biográficos  como "horrible months" y sin embargo, justo después de esta etapa, jamás me vi anteriormente tan segura como ahora, ni con la paz interior de estar haciendo lo que creo que debo hacer a pesar de los múltiples contratiempos que siguen aparenciendo como parte inseparable del propio acto de vivir.

No es fácil escuchar a tu corazón ni tomar decisiones sabiendo que éstas heriran a los demás por no seguir siendo lo que siempre fuiste para ellos. No es fácil virar el rumbo de tu propia embarcarción en contra del viento hacia un nuevo presente dejando al pasado anclado en un pequeño rincón de nuestra memoria para que no se nos olvide lo que hemos sido, de donde venimos y que es lo que no queremos volver repetir.

Aunque tarde y a veces a costa de golpes de sufrimiento inútiles, he comprendido que ante todo  debo amarme a mí misma, que no hay decisión más sabia y que benefice más a los de mi alrededor, que elegir ser la primera en la lista de mis afectos. Que solo cuando me amo y  me perdono aquello que no supe hacer mejor, es cuando consigo trasladar todo ese amor que  brota a los que quiero.

De ahí el motivo de mi título, porque no sabemos cuando se nos presentará la segunda, la tercera o la décima oportunidad, porque no se nos avisa, es pura intuición y valentía elegir el cambio si creemos que éste es necesario ó aprender la lección si son otros los que decidieron por nosotros.