jueves, 29 de diciembre de 2016

Esperando al 2017.

En mi ordenador, tengo como fondo de escritorio  una foto donde aparezco delante de la Torre Eiffel con un gran gorro que me protege del frío que hacía esos días de febrero en París. 

Esta imagen refleja felicidad o al menos eso es el sentimiento al que me retrotraigo al observarla. A veces asociamos esta sensación a días o a momentos concretos sin que haya un motivo más explícito para justificarlo que el estar delante de un monumento como es el caso de la foto.

Estas fechas en las que estamos van de eso, de ser felices sí o sí, y cuando nos hacen la típica pregunta de cuántos nos reunimos para cenar en una de las grandes noches, si tu respuesta es que estaremos  los justos, te miran hasta de una forma rara, como si fueras una especie de marginada que no tiene amigos o familia suficiente para cenar con ellos.


Ocurre también que salimos más a menudo y no dejamos de cruzarnos con gente conocida o quedamos a comer con familia y amigos que nos desean toda clase de parabienes al vernos. El sentimiento es recíproco, por supuesto, es estupendo utilizar la excusa de la Navidad o de Fin de Año para abrazarnos y besarnos con personas que en determinados momentos han formado o forman parte de nuestra vida.

A pesar de esto que os cuento, a pesar de las sonrisas compartidas, no puedo ser feliz porque toque serlo el 25 o el 31 de diciembre.

Dejadme que os confiese que estos días estoy triste y que siento el peso de la soledad en mis espacios. Que en mi tristeza, me encuentro más susceptible con la tristeza de otros, de los muchos otros que tampoco celebrarán con champán porque ni siquiera tienen para comer o porque están envueltos en una guerra en la que lo han perdido todo, sin olvidar a aquellos que estarán en el hospital intentando superar la enfermedad que les llevó hasta allí.

No se trata de ser una aguafiestas y me parece estupendo que todos los que quieran y puedan, vivan esos días con la intensidad que se merecen, yo también he celebrado muchas navidades así porque lo sentí y pude hacerlo.

Pero… este año estoy con los tristes que esperan ansiosos un 2017 por estrenar. Con aquellos que sueñan con una nueva oportunidad en su vida para volver a ilusionarse.


Por un mundo donde puedan desaparecer de una vez por todas sus diferentes submundos con unas realidades tan crueles, que escapan a nuestra comprensión.

Feliz 2017 y os quiero a todos los que os dais por aludidos.








viernes, 16 de diciembre de 2016

Porque todo resulta ser mentira.
















Necesito escribir en esta soledad 
que amordaza mi boca con presagios palpables,
desanudar tanta palabra herida
como fui acuñando en la memoria.

Y debo confesarte,
que me huyen las ganas de quererte
y me queman las flores del perdón
absurdas e incapaces de borrar
nuestras guerras.

Porque jamás se cumplen los propósitos
porque todo resulta ser mentira.

Usamos la crueldad en nuestros gestos,
nos odiamos con un rencor de siglos
y tuve que cruzar la frontera sin ti,
sin una sola gota de amor entre mis ojos.

Necesito borrar proyectos de futuros
desanclar este yugo que zozobra mi barca
y echarme al mar en busca de gaviotas.



martes, 13 de diciembre de 2016

MI PRIMERA VEZ


El otro día conversando con un amigo que escribe en su blog titulado: VIVIR ES JUGAR se me ocurrió proponerle la idea de escribir ambos sobre un mismo tema contando nuestras experiencias o visión particular del asunto a tratar.

La primera entrada que escribimos fue sobre " el Arte y su sentimiento" y creo que la experiencia fue divertida y estimulante por lo que hoy vuelvo con un tema sugerido medio en broma y titulado "Mi primera vez"

Creo que podría escribir sobre muchas “primeras veces” a lo largo de mi vida al igual que el resto de personas que estáis leyendo esto. Todas nuestras vivencias comienzan siempre con una primera vez, luego, podrán seguirle a ésta muchas más o por el contrario se cerrará su ciclo en el primer intento.


 He olvidado muchas de mis primeras veces pero aún recuerdo:


Mi primer beso como una experiencia frustrada donde el romanticismo se me fue por el desagüe de la liviandad. Llegaron otros mejores, mucho mejores, pero ese beso se llevó mi inocencia.

La primera vez que me puse una minifalda vaquera con medias de rejilla negras y descubrí que tenía unas piernas largas que gustaban a los chicos y que no era un defecto medir 1.73.


El primer libro que me regalaron.”El principito” de Antonie Saint-Exúpery. Un libro que no era prestado de la Biblioteca ni  dejado por alguna amiga. Experimenté que por primera vez éste me pertenecía a mí y solo a mí.

Mi primer baile de lento donde mi pareja se empeñaba en acercarse demasiado mientras yo no dejaba de pisar sus pies de una forma extremadamente torpe. Aún puedo recordar el olor de su perfume en su cuello.


Mi primera “casi” experiencia amorosa con 18 años en un hotel de dudosa reputación (nos dimos cuenta después) en el Casco Viejo de Bilbao donde mi amiga y compañera me pidió que por favor accediera a dejarla cambiarse de habitación en secreto (nuestros novios compartían la suya) para poder pasar la noche con su chico. Asentí nerviosa pero emocionada. Una noche inolvidable de camas con muelles estrepitosos que amenazaba con despertar al resto de huéspedes y que nos llevó a la moqueta del suelo donde no quisimos guardar ni una sola caricia para el día siguiente mientras oíamos caer la lluvia calmada en forma de susurro.



Mi primer viaje en avión donde la juventud me eximía de cualquier temor a que algo pudiera salir mal. Era tan feliz que pensaba que si moría en ese instante tampoco pasaría nada. He vuelto a viajar más veces en este medio y al contrario que entonces siempre lo hago tensa y asustada. 


Presenciar de cerca la muerte de un ser querido como mi abuela y sentir que no tenía miedo; la quería tanto, que quise  presenciar como la amortajaban y pedí por favor me dejaran ponerle  los zapatos en una especie de ritual particular.



La primera vez que fui madre, un proyecto de vida que nunca caduca y que me hizo sentir el peso del amor en toda su magnitud. Es la única experiencia en que la emoción es idéntica aunque se repita (pero no demasiadas por favor).

Montones de primeras veces que se sucedieron y espero se sigan sucediendo en diferentes versiones porque eso significará que estoy viva.









martes, 6 de diciembre de 2016

El Arte y su sentimiento



















Hace unos años Ainhoa Arteta,una de las mejores cantantes de Ópera (y de lo que ella quiera cantar) acudió al Teatro Municipal de mi localidad para actuar allí.

Decidí sacar dos entradas e invitar a mi madre a venirse conmigo. Ella ha ido muy pocas veces al teatro, creo que se podrían contar con los dedos de las manos, pero accedió encantada a acompañarme, no sin antes dejar caer previamente que,"me había gastado mucho dinero para un rato de música".

Tenía mis dudas sobre si le gustaría este determinado tipo de canto, porque mi madre, lo que principalmente ha hecho toda su vida es trabajar y cuidar de sus hijos como mejor ha sabido. Eso sí, ella también desarrolló su faceta artística a su manera pues siempre fue muy habilidosa para restaurar muebles o cualquier objeto, además de bordar, coser etc.

Cuando comenzó la actuación, no quería ni mirarla, porque es muy espontánea en sus opiniones y si algo no le gusta, no se corta un pelo en decirlo le pese a quién le pese. A  pocos minutos del comienzo no hizo falta preguntarle si le gustaba, la observé de reojo y vi como sus ojos brillaban radiantes mientras me susurraba al oído: “ Yo no entiendo de esto, no sé bien lo que canta esta mujer, pero ella y el pianista me están emocionando y siento como si la música me recorriera por todo el cuerpo".

Esta anécdota que cuento sobre mi madre, creo que podría identificarnos a todos aquellos a los que de una forma inexplicable el arte nos atrapa en sus diferentes vertientes y en el momento menos esperado sin haber previsto de ninguna manera posible ese sentimiento de felicidad ante una obra que otros ejecutan o ejecutaron en su momento.

Durante mi niñez, nunca escuché a nadie de mi familia o alrededor hablar sobre algo relativo al arte. Fue más tarde, en la escuela, cuando comencé a estudiar superficialmente las diferentes épocas y estilos. 

Al poco tiempo, se produjo involuntariamente un parón en lo relativo a mi formación cultural que a duras penas se fue conformando desde los libros que leía.

 El trabajo y el chico que me gustaba por aquella época, me absorbieron de lleno y aparté a un lado mi interés por aprender. Lo primero era obligatorio y lo segundo, era entonces el propósito más importante de mi vida.

Pasaron los años y comencé a sentir necesidad de ampliar mis conocimientos por lo que me matriculé para las pruebas de acceso a la Universidad escogiendo Historia del Arte como una de las asignaturas optativas. Sucedió que me encontré con una pasión inesperada de la que debo decir sin falsa modestia que fui una alumna destacada por lo mucho que me gustaba estudiar esta materia.

 

Conocer por ejemplo, la historia del Arte Romano más a fondo, despertó en mí una inquietud al menos sorprendente hasta entonces por viajar a Roma. Cumplir ese sueño fue y sigue siendo una de las cosas más inolvidables que he hecho en mi vida. Entrar a la Basílica de San Pedro y sentirte una hormiguita mirando incrédula tanta belleza a tu alrededor de pinturas, esculturas y arquitectura a la vez, es algo maravilloso.

Algo parecido me pasó en París con la Basílica de Notre Dame; el hotel donde me alojaba estaba cerca de ésta y cada día, antes de salir de ruta, me pasaba por allí  unos minutos para ver nuevamente sus vidrieras o la majestuosidad del  gótico. Era una maravilla observarla tanto de día, como de noche con sus gárgolas iluminadas.













Ese mismo año estudié también en esta asignatura a pintores como Velázquez, Goya, Tiziano, o al famoso pintor flamenco Jan Van EycK que me fascinó (no recordaba haberlo estudiado de más joven) y el uso novedoso entonces justo al resto de flamencos de la perspectiva lineal en sus pinturas.



Saber más de ellos, de su obra o sus estilos, me llevó a querer visitar en cuanto me fuera posible el Museo del Prado.Creo que es difícil de explicar, aunque me gustaría intentarlo, la sensación que me produjo entrar en la sala donde se exponen Las Meninas y  situarme  frente ante una imagen que te absorbe por completo. Un cuadro que había visto montones de veces en libros y por televisión y que, aunque me gustaba, no tenía nada que ver con la emoción de  tenerlo frente a mí. Me quedé allí, boquiabierta e inmóvil, contemplando el cuadro y la expansión de su belleza un largo tiempo. Recuerdo que íbamos un grupo de amigas y las perdí en el Museo porque  iban demasiado rápido y yo necesitaba tiempo para asimilar aquellos cuadros que llevaba previsto ver en mi visita.


El arte, desde el desconocimiento de la técnica, estilo y diferentes conceptos que puedan llegar a definirlo, nos puede emocionar igualmente, por supuesto que si, aunque no es menos cierto que si añadimos la ventaja de saber con algo de precisión lo que miramos, el placer se intensifica de una forma exponencial.

Supongo, mientras escribo, que mi mirada ante Las Meninas aquel día fue igual a la mirada de la niña que vio el mar por primera vez a los 14 años y ya no se quería marchar nunca de allí. Si lo pienso, ¿qué es el mundo si no la obra de arte más completa que existe para contemplar?










lunes, 5 de diciembre de 2016

Ya no me queda nada.



















Ya no me queda nada para darte,
se quedaron vacíos mis rincones
de contigo y con nosotros.
Armisticios de quita y pon
cansados de fracasos.

Contigo y desde ti nada me impulsa
sino la soledad de la derrota
y de tanto camino como anduve al revés.

Intento aterrizar en mis paisajes,
me enredo y me investigo
en lágrimas acérrimas
que ya no sé si son de incertidumbres
o de una buena actriz por descubrir.

Ya ves, he malgastado
mis ganas de quererte
como un árbol desnudo de esperanzas
ya no siento ni frío ni calor.






domingo, 20 de noviembre de 2016

La jaula




Amaneció aunque la habitación permanece a oscuras, ni un rayo de luz logra filtrarse con la cortina cerrada, sin embargo la puerta del dormitorio siempre permanece entreabierta.

Ambos se saben despiertos pero ninguno da el paso, a veces es preferible el silencio a las palabras que hieren como puñales. La cama se torna entonces inmensa, no hay puente para cruzar al otro lado.

Ella siente en su vientre el oleaje de dolor. Siempre le sucede igual, su cuerpo somatiza porque no es fácil no amar. Sus palabras salen entonces en forma de vómito, si no lo hace, presiente que se ahogará en su propia bilis: "No estoy mal solo por problemas de trabajo, ni porque esté cansada o premenstrual, simplemente sucede que no te amo" -y continúa expulsando- "Cada día lo intento, quiero quererte, admirarte, desear tu cuerpo, pero no puedo, de verdad, no puedo, esta historia de amor se acabó" los sollozos y lo vomitado alivian su angustia.


Él no habla solo escucha, coge su mano y la aprieta contra su pecho, porque entiende, a pesar del dolor que le causan sus palabras. Sabe que ella dejó de amarlo hace ya tiempo, y se marchó intentando alejarse de esos ojos que no lo amaban, pretendió comenzar de nuevo otra vez. Pero no supo volar solo, no sabe ser sin ella, quizás no saben ser el uno sin el otro, juntos desde los 15 y los 20. La jaula está abierta, pero levantar el vuelo sólo es de valientes. "Sigamos así, intentemos otra vez..."


El pacto se mantiene.



















El mundo gira sin cesar con sufrimientos humanos y me agota, me duele todo hasta el extremo. No quiero tanta tristeza, soy una cobarde. ¿No lo entiendes? ¿Quién me hizo así? Nostálgica y sensible, a la vez que dura y cruel conmigo misma.

¿Podrás venir tú a mí?- me pregunto- intuyendo la respuesta. No escuchas mis lamentos porque son inaudibles para tu alma. Y aquí estoy, perdida en lo intrínseco de mi interior.

Necesito ser alguien en mí para poder existir en ti. Mas no encuentro el camino, no lo hallo, y tú que no comprendes…


Y así me siento, sola entre la multitud con risas y abrazos, despoblada y tremendamente vacía en el silencio.



sábado, 19 de noviembre de 2016

Mi verdad.


















Esas ganas incontenibles de contar tu verdad (solo tu verdad) y aún así, decides callarte por temor a lastimar o porque tu opinión pueda no gustar a aquellos que siempre has respetado a pesar de sus suspicacias o falta de confianza en ti.

Se habla mucho de la autenticidad, aunque veces tengo la sensación de que esto solo está reservado a unos pocos. Solo ellos tienen el poder para legitimar lo que está bien o mal. Estos, nunca yerran y por lo tanto no suelen dar explicaciones incluso a sabiendas de que quizás alguna vez hubieran sido necesarias. 

Dicen que nunca traicionan, pero te convierten en su enemigo cuando discrepas de “su verdad”

Actúan con el poder que su excelsa palabra les otorga y lanzan al aire sentencias y frases recriminatorias incluso con las personas que les quieren, eso si, cuando se equivocan, nunca lo reconocen. En su profuso vocabulario no se encuentra la acepción de la palabra disculpa.

Me cuesta entender a las personas que siempre creen que si alguien es amable con ellas es solo por un interés particular. Me cuesta querer a aquellos que en la creencia de que solo unos pocos son de los suyos, te utilizan como herramienta de usar y tirar cuando siempre fuiste con el corazón y la verdad por delante.

Admirar no significa dejarse engañar y todos tenemos un rinconcito con muchos desperfectos al que deberíamos entrar de vez en cuando para hacernos un chequeo.

Una se queda nueva y con unas ganas tremendas de seguir confiando en el ser humano las veces que hagan falta.

Eso si, a pesar de mi verdad -y solo mi verdad- encajo de la mejor manera posible mis errores y en la menudencia de mi léxico, la palabra “perdón” siempre me acompaña a todas partes.








martes, 15 de noviembre de 2016

Certidumbres.













Finalmente llegó  la certidumbre, se hace  fuerte en mí la convicción de que nunca tendré el suficiente talento para escribir bien. 

Sé, que pocas veces conseguiré emocionar. Sé, que las metáforas de mis versos nunca serán una señal  de identidad para quién las lea  ni estos anhelarán conocer a la autora en su intimidad. Nunca seré una artista virtuosa porque simplemente, yo, no soy poeta.

Sin embargo, me exonera de esta certeza el saber que amo y que por amor, puedo llegar incluso a escribir poemas, me tranquiliza saber que mi corazón es grande y que en él caben todos  aquellos que se acercan.

 No sé decir que no a una mano extendida y mi cariño no se mide ni se suma en altura o cantidades, solo sé que siento de verdad, a veces, demasiado, porque no sé ser de otra manera.

 Y no me juzgo, ya no me juzgo, porque amar y abrir mis puertas exponiéndome a las corrientes de aire que puedan golpear mi fragilidad no es delito.

El que quiera censurarme que lo haga, yo comenzaré a quererme tal y como soy, con mis luces y mis sombras.


jueves, 20 de octubre de 2016

Vacío de silencios.
















Alguna vez me siento torpe
bajo sus ojos firmes en lo alto,
augures de certezas que solo él intuye.

Y temo este vacío de silencios
que libremente evocan su memoria
provocando un desierto sin final.

Y persevero como el sol
en saber qué persigue por destino.

Por qué fue que acudió sin prescripción
a mi voz de nostalgias
si mis abrazos nunca consolaron
ni mi luz alumbró su firmamento.



Por ti.




Por ti, fui simulacro de poeta
en un andén repleto de utopías.


Por ti, y entre mis versos, quise ser
aprendiz de sirena con tacones,

deidad que te enamora circundando
tus entrañas de besos clandestinos.

Por mí, tan imperfecta como siempre,
tan frágil en mis días de silencios
que renuncio a envolverme en la nostalgia.


Por mí, y solo por mí, la desmemoria,
que nunca se aproxima lo bastante
para olvidar pasados en presente
que incluyen a tu boca sin permiso.

Por nosotros, distancias que se eligen,
finales con sabor a despedida
y un amor  que mutó 
febril 
en el invierno de mis ojos.





domingo, 9 de octubre de 2016

Melancolía.



























Es tarde ya para recordar
y podría permitirme el lujo de no hacerlo,
sin embargo, soy propensa a esta melancolía
que me desnuda el alma y la confiesa.

La cordura se escapa por la rendijas de mi cuarto
y la pasión es mi compañera si te escribo.

Quizás la excusa de añorarte así
fue esta cena frugal en soledad
que sólo consiguió despertarme
un apetito caprichoso por tu boca.

Lo estrambótico es que estoy bien,
a pesar de nombrarte entre mis cosas
por activa y sin pasiva.

No sé si me dueles o no me dueles,
pero te confieso, que hay canciones
que siguen censuradas por posibles recaídas.

Ya ves,
no puede una fiarse ni de sí misma.

Pero eso sí,
créeme si te digo que soy feliz
en tu ausencia.




Quería contarte.



















Hoy quería contarte cómo el tiempo
enredado en los pasos de su baile
no siempre se burló de la ignorancia
con la que fui incendiando mis futuros.

Muchas veces, la vida se acercó
a exhalarme su aliento a rebeldía
y sanó con tus ganas de quererme
la frialdad de mi piel y sus costumbres.

Y desde mi presente, si te miro,
un fragmento de amor se balancea
sobre mis ojos y sus cicatrices.

Que no se marche la ternura frágil
de nuestro planisferio, que no sufra
desprecios la caricia que nos nombra.





lunes, 12 de septiembre de 2016

Dime cómo deseas que te llame.

















Adelante, no dudes en cruzar
el umbral de mis miedos ahora que por fin
regresaste a mi lado.

Te lo ruego, no vayas a marcharte deprisa,
que después te demoras en volver.

Dime cómo deseas que te llame,
me vienen a la mente,
Paz, Dios, Calma, Alegría,
y yo, que dudo tanto, solo consigo ser
contigo y desde ti en mis orígenes.

Permite que te sienta una vez más
caudal de mis historias, reposo de mis daños,
caricia sin palabras que cura mis desórdenes.

Regálame minutos de gestos por venir
y cóseme unas alas de paloma valiente
que vuelen sin ningún temor a equivocarse.



Mismo poema en soneto:

Adelante, no dudes en cruzar el umbral
de mis miedos ahora que por fin regresaste
otra vez. Te lo ruego, no me tengas premura,
que después te demoras demasiado en volver.

Dime cómo deseas que te llame mi voz,
me vienen a la mente, Paz, Dios, Calma, Alegría,
y yo, que dudo tanto, solo consigo ser
contigo y desde ti la fe de mis orígenes.

Permite que te sienta una vez más y siempre
caudal de mis historias, reposo de mis daños,
caricia sin palabras que cura mis desórdenes.

Regálame minutos de gestos por venir
y cóseme unas alas de paloma atrevida
que vuelen sin temor a vivir mis anhelos.



sábado, 3 de septiembre de 2016

Solo por ti.























Gasté el desamor estéril de mi boca confiando se cumpliera la justicia imparcial de mi razón. 

Desde mi atril de víctima, comencé a observarme en tus daños y pude sentir  la soledad, sentir, una herida profunda carcomiendo mis principios.

Busqué tu rostro en los océanos y lo encontré allí, prendido de sortilegios entre mis incógnitas.


 Volví a intuirte una vez más parte indivisible de mi trozo de tierra, mis amapolas y mis cactus.

Silencié, lunática, que sigo en stand- bye por ti mientras una sola gota de amor suicida descanse al borde de mis ojos.





Agosto.















Me envuelve agosto, contundente, inconsolable,
sin gestos gratos de fortuna entre mis horas.
fingiendo paz en su silencio hasta la música,
que llora en versos las carencias que se guarda.

Quedé sin sueños que robar al calendario
ni duendes locos que se presten a escuchar
mi voz inquieta de campana confundida
que solo anhela cobijarse en sus designios.

Camino frágil con nostalgias persistentes
y enfilo a ciegas mi montaña de propósitos
obviando errores que palpitan en mi sangre.

Quizás mañana, en mi discurso, sentiré
que agosto brilla por la ausencia de recuerdos
que solo fueron vino exiguo de mi cáliz.



sábado, 20 de agosto de 2016

Imposible.




















Demasiadas tormentas de fracasos
se empeñan en vivir junto a mi cama
y no consigo odiarlas para siempre,
no puedo perpetuar este dolor
aunque amanezca gris al borde de mis ojos.

Tropiezo y resucito ante mi culpa
con gestos y sonrisas que traicionan
a tanta cicatriz desapacible
como fui dibujando en torno a mis anhelos.

Imposible alojar en mis espacios
la eternidad de un odio que destruye,
imposible borrar todo este amor
que me reclama ingenuo un trozo de esperanza.

Claudico a los paisajes indecisos
que me esperan ansiosos de visitas
y a los pájaros raros que se acercan
buscando con su música el olor de mis besos.




domingo, 7 de agosto de 2016

Bye bye, melancolía.


























La tarde está embriagada de un sopor caluroso que logra introducirse por el ventanal de la cocina donde el vapor de la plancha crea una atmósfera aún más tórrida. Me apresuro a terminar rápido con ese montículo de ropa que tengo sobre la silla y con la motivación de que justo después me pondré a escribir.

Siento que últimamente las ideas son como pompas de jabón que me explotan entre las manos cuando intento retenerlas. Eso, unido a que no fui dotada de una gran memoria no ayuda mucho, la verdad, pero la ilusión y el empeño siempre ayudan a vencer los obstáculos.


 Aún así, suelo ser débil en la consecución de cualquier clase de propósitos pues caigo en picado  por cada anhelo que construyo y el acto de vivir se me asemeja en determinados momentos a subir una montaña de 7000.

Tal y como se puede intuir, soy dramática por defecto y mi hemisferio derecho es similar al de una atracción de feria que gira y gira sobre las emociones que me contienen hasta dejarlas completamente aturdidas.

Anuncio que dejé de  escribir a la melancolía pues le he cogido alergia a exhibir esa tristeza tan mía que parece más triste que ninguna.

Vuelve a ser hora de cerrar puertas y abrir ventanas que muestren nuevos paisajes o los mismos pero con una mirada diferente. Hoy me propuse ser feliz con cualquier motivo.

Descubro, aunque te lo niegue, que soy fuerte y a pesar de las inclemencias que acumulan mis silencios, dispongo de un resorte con muelles que me impulsa desde el fondo de mi pozo hacia el exterior de la vida para ver una vez más el crepúsculo cayendo sobre el horizonte.




miércoles, 3 de agosto de 2016

Continuar
















Y cómo continuar si solo soy ausencia
que no dejó siquiera un poso de añoranza
delante de tus pasos. Nació la desconfianza
entre las oquedades que tu ser me silencia.

Y cómo continuar en esta turbulencia
que me secuestra el aire y quiebra la templanza
de unos ojos desiertos y faltos de esperanza
al sentirse exiliados desde tu indiferencia.

Voy restando los días donde solo te pienso
sin asomarme al sol y suplico que brote
la voz que me permita volver a ser incienso.

Ensayo con mis gestos esperando se agote
este dolor tan cínico que acrecienta lo inmenso
de un impalpable adiós convertido en azote.



martes, 19 de julio de 2016

Vida.
















De forma compulsiva éste amor que me nace
sin haberlo escogido y se enreda en mi pecho
cual jazmín trepador guiándome hasta un cielo
de azules seductores que eclipsan realidades.

Solo cuando mi voz te nombra se hace grande
y olvida presurosa el estío tan seco
que cruzó por sus ojos marchitando los gestos
de una ilusión vital que se tornó desgarre

Desde ti, hacia el mundo, no hay batalla posible
que la paz de tus labios no pueda desarmar,
y mis sueños te arropan tejiendo amaneceres.

Vida por ti vivida, hallo en las cicatrices
transcritas de tu piel, que solo sabe amar
entreviendo esperanzas que rescindan su muerte.



Intuición.



















Si pudiera explicarte desde mis convicciones
cómo te intuyo desde el aire hasta mis pasos,
desde tu olor a mar hasta tus ojos verdes,
podrías entender que la magia sí existe.

Si pudieras oírme, sabrías que te escucho
cuando el mundo se calla, que persigo el silencio
de mi yo más profundo para inventarme en ti
y en cada amanecer que te ofrece la vida.

Contigo regresó la alegría excitada
en mi piel al sentirse otra vez primavera
de caricias calladas que alargaron su invierno.


Mis pulsiones te escriben para sobrevolarte
esparciendo partículas de versos que te nombran
como si nunca hubiéramos sido uno sin otro.




Presiento.















Presiento que los versos se apagaron
y quedaron tan solo las cenizas
de pájaros nostálgicos y esquivos
huyendo de esta escarcha.


Nada y todo me impedirá
ausentarme a través de este silencio,
como si la palabra enmudeciera
ante el dolor del gesto que fracasa.

Percibo el descalabro de mi piel
y la mirada gris que me trasnocha,
mientras anhelo como una niña
que regrese el milagro de la lluvia.



martes, 12 de julio de 2016

Si tú no estás.


























La música en silencio se apodera de alma
para nombrarte a solas desde la soledad
premeditada de cualquier rincón
recreando la ausencia de tu sombra.

Almaceno retales de palabras
que huyen de tu boca y se dirigen
a los huecos perdidos de mis ojos
porque intuyen mañanas sin destino.

No me quedan ya tardes de crepúsculos
en mi vestido azul de primavera
ni mares con olor a gaviotas
que crucen a través de mis desiertos.

Si tú no estás presente, ya no quiero volar
y me olvido de que una vez fui pájaro
volando en libertad desde mis versos,
me olvido de que siempre quise ser
la que fui en mis poemas.





Necesito creer.
















Necesito creer que a pesar de tu ausencia
no tengo fecha de caducidad
en el rincón de tus afectos.

Necesito creer que no me convertí
en olvido perpetuo de tus ojos,

que fui más que un consuelo
arropando a tu ego vacilante
en el fragor de su tristeza inocua.

Creer que tu palabra
no se esparció volátil y al azar
en mi destino, que fui más que un golpe
de viento tiritando entre tus manos.