viernes, 14 de abril de 2017

Treinta años.


Treinta años, solo dos palabras para abarcar todo lo que fuimos y que contienen una historia que llegó a su final.

No es sencillo tomar la decisión y sentir que esta vez será la definitiva, que ya no puedo permitir que me vuelvas a tratar desde el poder que otorga el miedo. 

Lo sabías, sabías de esta herida que sangraba en silencio cada vez que hundías tu dedo en ella. Sabías que no era feliz, pero no querías verlo. 

La culpa siempre era de otros o de mi cabeza. Porque tú-eso decías -me amabas. Aún, desde las amenazas que me sigues haciendo llegar, dices que me quieres y yo no entiendo esa clase de amor, no lo entiendo... 

Creo que para ti fui más bien un jarrón bonito que sentiste de tu pertenencia, y que ahora, al quitártelo de las manos, prefieres romper contra el suelo en mil pedazos a que luzca en ninguna otra parte.

No amor, no pude perdonarte más. Me hiciste creer que era normal amar así, que la culpa de toda tu ira era solo porque yo la provocaba, porque no sabía callarme.

Me explicabas, me explicas aún, que nunca sentiste ni sientes en tu corazón todas las cosas desagradables que me decías, como hija de puta o que me ibas a matar.

 Decías que tus amenazabas e insultos siempre eran parte de un momento desesperado y provocado por mí.

Causabas dolor y luego volvías como un niño arrepentido y amoroso diciendo lo mucho que me querías. Lo peor de todo es porqué disculpé siempre ese comportamiento tuyo hacia mí.

Probablemente, soy tan orgullosa, que no podía admitir que un hombre me tratara así sin que  fuera en parte culpa mía. Yo sola,  podría conseguir que todo funcionara entre nosotros, que mi familia fuera una familia feliz.El truco consistía en perdonar siempre y es verdad que ésto funcionaba. Durante meses, después de una discusión intensa, eras el hombre más maravilloso del mundo. La pareja perfecta hasta el próximo desencuentro.

Ahora, aún te justifico de  forma inconsciente y creo que  eres un hombre impulsivo y enfermo en tus reacciones. Como si eso fuera la única excusa posible que me queda para entenderte y perdonarte.

Porque te amaba, te amé mucho, amor. Tanto, que sin darme cuenta me he pasado treinta años de mi vida luchando por nuestra historia y solo quiero mirar hacia atrás para agradecer todo lo bueno que me has dado y que es lo más importante de mi vida, unos hijos maravillosos a los que ambos protegimos de tanta ira y desamor.

 Con ellos sí que supiste ser la mejor persona que hay dentro de ti.

Por eso, solo por eso, nunca podré odiarte ni dejar de quererte a pesar de mi decisión de no proseguir más mi camino a tu lado. Ojalá y el tiempo, pueda cicatrizar todas las heridas, y que en nuestro corazón solo permanezcan los flashes de un amor que mereció la pena. 

Treinta años, ya ves, demasiada vida  resumida solo en dos palabras.



















martes, 4 de abril de 2017

Solo sé.





















No sé si el desamor fue demasiado tiempo
una sombra alargada que no me dejó a solas
extinguiendo las fotos de un álbum en que fui protagonista.

No sé si es que dejé de creer en el hombre como tal
capaz de aniquilar su propio campo
de amapolas.

Solo sé que la vida no me odia después de todo,
y que espera, paciente, a que descubra
la bondad de unos ojos aún sin estrenar
dibujando en los míos reflejos de esperanzas.

Solo sé que has llegado, imprevisible,
y en forma de regalo inacabable
si observo tu mirada,
porque es imposible no amar todo el amor
que emerge de tus ganas de vivirme.