lunes, 27 de julio de 2015

Juguemos

















¿Qué nos produce este malestar
en que se hace forzosa la batalla continua?

Discordias que atraviesan nuestro orgullo
y nos dejan estigmas en el tiempo.

Renuncio a las palabras de mi boca
si me alejan de ti y la alegría,
volviendo a ser locura
en el utópico planeta de los justos.


Sólo quiero jugar a sonreír
en los labios de aquel que indulta mis fracasos
y poder convertirme en compañera
de afectos sempiternos.



Ausencia





















Llamo a tu puerta en el silencio inmune
de la melancolía sin excusas,
nada portan mis manos
vacías de ilusiones:

tan solo a mí,
ofrenda de cariño
si es que soy suficiente.

Mis versos son escasos de palabras
y la osadía es mi compañera
cuando decido componerte en forma
de caricia.

Intuyo que la espera se alargó
demasiado en el tiempo
y el corazón se oprime por la ausencia
de esa voz que me nombra sin designio.

Y en el amanecer, cuando te busco
siempre me encuentro.