lunes, 30 de mayo de 2016

Un vuelo a dos.



Poema de Vicente Antón Vives.


















Te cortarás las alas muchas veces
para andar por la arena
y volverán las alas a tu espalda,
renacerán para volar a tiempo
y volarás, y volarán contigo.

Porque has nacido pájaro de siempre,
pájaro de tu nido y de tu árbol
y golondrina y mirlo y calandrella
y alimoche y halcón de Eleonora.

Volar en ti es como en mí llorarme,
es levantar los ojos hasta el cielo
y mirar hacia arriba, muy arriba,
o hacia abajo, allí donde la flora
persigue a las abejas y esparce los colores,
del mar y de las dunas imposibles.

Te cortarán las alas tantas veces
como la lluvia intente acariciarte,
lo harán para inventarse entre tus huesos
y para coronarte en cada cima.
Lo harán porque te envidian con el odio
de los pájaros pobres.
Pero tu volarás porque no necesitas
alas para volar hasta mi mundo.




















Volar en solitario no me gusta,
no es lo mismo sin tí, amigo mío.
Si tú no me acompañas, hasta el aire fatiga
y el sol y el mar, incluso el color de otros pájaros.

Como si no supieras que mi canto
se inventa y se construye con el tuyo,
que mis alas crecieron al lado de tus versos
y mi voz se refleja en tú mirada.

Nada que no me des puedo pedirte,
nada que no me pidas puedo darte,
pero sé que me intuyes si me acerco
nostálgica de sueños a tu sombra.

Y me observas curioso, como sólo
saben hacerlo aquellos que sufren si otro sufre,
los expertos en pájaros y en almas
los que escriben su voz en un poema.






Hoy decido.


















Hoy decido cortarme de un suspiro las alas
y fijar con ternura mis ansias de albedrío
para que no me lloren nunca más.

Borrar mi condición de ave imprudente
del libro de memorias de mis actos
y consentirme ser de carne y hueso,
invisible y sin plumas de grandeza.

Afianzarme en la paz del que nada precisa
censurando al reproche si asoma por mis labios
para que me destierre de los suyos.

Qué sencillo, vencer mi orgullo desde el gesto,
claudicar a tu entrega y renunciarme
porque así lo decido. Amar desde el amor
que fluye a borbotones por mis ojos.



domingo, 22 de mayo de 2016

Yo tengo un pájaro.




















Yo tengo un pájaro que en realidad
no es mi pájaro porque vive afuera
de mi ventana.

Aprendí a distinguir su canto de otros
con el tiempo y la calma suficientes
para escucharle.

Algunos días canta entrecortado
como si no pudiera con la lluvia
y el vendaval que lo traspasa a solas
cuando extiende sus alas de papel.

Otros días, en cambio, intuye el arcoíris
y su voz se aclimata a la voz del amor
envuelto en una paz que lo reafirma.

Yo tengo un pájaro que en realidad
no es mi pájaro. Es un mirlo negro
que, a veces, se extravía sin saber;
es casi como yo. Mi alma gemela.








domingo, 8 de mayo de 2016

Permíteme




















Permíteme que hoy no sea fuerte 
y extravíe mi brújula a propósito
sin camino previsto entre mis manos.

Dejar a la muñeca de la infancia
en el pasillo de mis desperfectos
descansando de tanta obligación.

Hoy no quiero ser buena hija ni buena madre,
ni la mejor amiga que te escucha,
tampoco quiero ser enfermera o psicóloga
o la que siempre sabe llegar a fin de mes
sin ser economista.

Hoy que la tarde evoca al sol y pinta
figuras en sus sombras
concédeme el placer de la fragilidad
y arrópame en silencio sin preguntas.

Permite que me extinga en tus abrazos
y vuelva a ser aroma vitalicio en tu cuello
si consigues hallarme al final de mis ojos.





Veintisiete Versos.

















Veintisiete los versos donde intuyo
desde la inspiración que te alimenta
hasta la frágil sombra de mis párpados,
veintisiete motivos de esperanza.

Regresas con la voz de tu mutismo
y expandes con aroma de secretos
los espacios que habito en soledad
matando la nostalgia tan absurda
que fui en aquel entonces.

Tu palabra se acerca sigilosa.
Como una melodía persistente,
resuena sin descanso en mis desvelos
y registro anhelante mis bolsillos
para encontrar el beso que te nombre.

El poema que escribo no soy yo,
o quizás solo a ratos, pero ayer,
te juro que esta voz no fue la mía;
la de ayer, rezumaba cataclismos
y huía del consuelo de un abrazo.

Mañana, no seré la certidumbre
de esta noche contigo en la penumbra
mientras mi piel destila sus inciensos.
Mañana, te amarán mis circunstancias.

Veintisiete los versos que nos unen
más uno de indulgencia por volar
tan alto que no alcanza la tristeza
a ver nuestra alegría.

No podrá divisarnos desde abajo.