Tampoco creo en las promesas del para siempre, porque hoy, no soy la que fui ayer, como tampoco seré la de mañana.
No sé si esto es acertado, pero he perdido tanto en mis guerras personales, que entiendo que da igual quién lleve la razón si eso me lleva al sufrimiento.
Cuando me empeño en mi verdad, nunca gano.
Será por eso que me gustan los locos que sonríen al mundo, abstraídos de normas, mientras otros clavan en ellos su mirada solo porque no son copias de su mismo "traje".
A pesar de mis perdidas, mientras escribo, también sobrevienen momentos de felicidad inmejorables.
Y pienso en los amig@s, que siempre están ahí en el momento exacto, en mi perro y en mi gata, queriéndose más que los humanos y desterrando todos los tópicos posibles.
Y en mi propia vida que no se detiene, y me empuja a vivirla mirándola de frente.