Qué inmensa la noche cuando sientes tu corazón atravesado por la angustia y el precipicio de la soledad golpea tu vientre sin clemencia.
No puedo llorar, quisiera llorar,
pero no arranca el aullido del pecho, mi garganta está áspera y los ojos se olvidaron de las lágrimas.
Estoy seca, como una planta sin lluvia de vida, enferma de tanta tristeza como acumulan mis días.
No consigo ver ni un átomo de esperanza en mis segundos,
y no sé salir de aquí,
y decidiste no volver...
