Vuelvo a casa despúes de unos días en Madrid y reflexiono sin buscarlo sobre mis viajes a la ciudad y los diferentes motivos que me llevan a ella cada poco tiempo.
Primero fueron los hijos, ambos decidieron marcharse a estudiar a la capital y no me quedó otra que aceptar la decisión como madre orgullosa de sus logros, aún sabiendo que estaban echando el vuelo del nido para siempre…
Primero fueron los hijos, ambos decidieron marcharse a estudiar a la capital y no me quedó otra que aceptar la decisión como madre orgullosa de sus logros, aún sabiendo que estaban echando el vuelo del nido para siempre…
Luego llegaste tú, y me enamoré desde tu voz a tu mirada sin pensar en los efectos secundarios, no quise ver que la distancia acabaría siendo el lento suicidio de nuestra historia.
Este pensamiento me entristece, pero me niego al lamento. He vivido tan intensamente a tu lado, que, a pesar de nuestras múltiples batallas, aún me cuesta asimilar que esta vez si que hay un final que ya no nos pertenece.
Nuestra historia comienza a ser pasado, y no pienso permitir a los errores cometidos el acceso al rincón de lo que nunca se olvida, no dejaré pasar a la decepción si se le ocurre llamar a la puerta.
Necesito y quiero sumar a mi presente todo lo bueno experimentado a tu lado.
No me haré daño a mí misma, esa es la promesa silenciosa desde que me fui de ti.
No puedo sino dar las gracias a la vida por el tramo del camino recorrido contigo y por todos los paisajes compartidos en nuestra piel y nuestro corazón.