sábado, 26 de junio de 2021

Sobre la vida.

 




















Ayer conversando con un amigo sobre los beneficios de la meditación, la charla nos llevó a la moda del momento por llamarlo de alguna manera, de la búsqueda con uno mismo. Este fenómeno creo que se da sobre todo, entre gente con edad aproximada a la mía y en plena madurez.

Ambos coincidíamos a pesar de no tener ningún dato fehaciente, en que la meditación puede ayudar a mejorar nuestro estado de ánimo, conectar con nuestro yo interior, pero no es un método ideado específicamente para la corriente tan de moda actualmente, de la búsqueda de nuestro yo como método para encontrar la felicidad.

Mi generación fue educada para ayudar en casa a los padres, ser buenos espos@s, hij@s, compañer@s, buenas personas en definitiva. Eso implicó el sacrificio personal cuando fue necesario en pos de un beneficio general a la comunidad.

Durante años cumplimos con los requisitos, intentamos no salir del camino para agradar y hacernos querer por los demás, sin potenciar lo verdaderamente importante, la esencia de nuestra propia personalidad.

Poco a poco, vas advirtiendo que actuar de esta manera no es sinónimo de felicidad para ti, y te empiezas a hacer preguntas que tienen que ver contigo y con lo que estás viviendo en cada momento. ¿Se podría llamar a esto estar en la búsqueda de nuestra propia verdad?

Probablemente si, ¡pero cuidado! porque esa búsqueda nos lleva a creer que en algún punto del camino, si logramos encontrarnos, pararemos para ser felices definitivamente. Aquí es cuando se produce la decepción si no sabes ver más allá, si no entiendes que en ese proceso, no hay encuentro posible con uno mismo sin dejar los miedos atrás, que lo único que nos salva constantemente es la valentía de nuestros actos cotidianos.

La vida es un continuo movimiento, nunca ha sido ni será estática y esa debe ser nuestra premisa en cada decisión que tomemos o en cada adversidad que se nos presente.

El problema de hoy, ya no lo será mañana, pero a poco que te descuides, tendrás otra dificultad llamando a tu puerta. Siempre, cuando creamos que ya nada podrá venir peor, esto llegará y volveremos a superarlo, porque de eso va la vida, de ser intrépidos y apostar dejando nuestros miedos y arraigos atrás.

Nos iremos sin nada cuando acabe nuestro camino aquí. ¿Por qué tenemos tanto temor a vivir plenamente, a qué descubran nuestras debilidades y vean que realmente no somos tan fuertes ni tan buenos?

Si para algo nos debe servir la experiencia, es para entender que la vida “no va de búsquedas” la vida está para cogerla de la mano y avanzar con ella en todo lo que nos vaya presentando, bueno y no tan bueno, porque eso es a lo que nosotros llamamos “vivir”, de ahí la importancia de trabajar la resiliencia en nuestro carácter. La capacidad con la que afrontemos los golpes es la única que nos dará paz.

Sucede que muchas veces “los árboles no nos dejan ver el bosque” cuando eso nos pase, intentemos mirar al cielo para ver la inmensidad de la que formamos parte.