Dicen, y me consta, que es bueno escribir, exponer nuestros pensamientos en un papel. Vaciar el alma y no dejar que nuestras emociones vayan de vaivén en vaivén sin saber muy bien que nos está pasando realmente.
Ignoro a qué nudos mentales nos lleva el corazón a veces y por qué somos incapaces de pensar con un mínimo de cordura sobre lo que realmente queremos y le va bien a nuestra vida.
Estoy en el top-ten de fracasos afectivos y con la edad suficiente para no tolerar ninguno más. Me he prohibido cualquier drama innecesario y por supuesto, no acepto ningún tipo de lágrimas victimistas que quiten brillo a mis ojos.
“Stop, detente” -me digo a mí misma-. Deja de de preocuparte continuamente por todo lo que deberías hacer y no haces. Para ya… No hay nadie esperando para ponerte nota, no eres mucho peor que la mujer de la foto con curvas y sonrisa profiden, tampoco eres mucho mejor que aquella otra con aspecto deprimido que toma un café en la mesa de enfrente.
Y es que estoy tan llena de miedos, que a menudo,solo sé mirar a mi propia oscuridad y aparto a bandazos la luz que sale a mi encuentro.
Eso sí, cada noche, cuando el telón se baja y el alma se desmaquilla, ésta me recuerda, que a pesar de tener fecha de caducidad, tengo la inmensa suerte de seguir formando parte de la tragicomedia de la vida y que aún me quedan muchos pasos de baile por aprender y disfrutar.
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Ignoro a qué nudos mentales nos lleva el corazón a veces y por qué somos incapaces de pensar con un mínimo de cordura sobre lo que realmente queremos y le va bien a nuestra vida.
Estoy en el top-ten de fracasos afectivos y con la edad suficiente para no tolerar ninguno más. Me he prohibido cualquier drama innecesario y por supuesto, no acepto ningún tipo de lágrimas victimistas que quiten brillo a mis ojos.
“Stop, detente” -me digo a mí misma-. Deja de de preocuparte continuamente por todo lo que deberías hacer y no haces. Para ya… No hay nadie esperando para ponerte nota, no eres mucho peor que la mujer de la foto con curvas y sonrisa profiden, tampoco eres mucho mejor que aquella otra con aspecto deprimido que toma un café en la mesa de enfrente.
Y es que estoy tan llena de miedos, que a menudo,solo sé mirar a mi propia oscuridad y aparto a bandazos la luz que sale a mi encuentro.
Eso sí, cada noche, cuando el telón se baja y el alma se desmaquilla, ésta me recuerda, que a pesar de tener fecha de caducidad, tengo la inmensa suerte de seguir formando parte de la tragicomedia de la vida y que aún me quedan muchos pasos de baile por aprender y disfrutar.
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