Pensé que mi deber conmigo misma
era olvidar lo sucedido,
fulminar mis recuerdos,
los buenos y los malos,
porque todos dolían por igual.
Intenté conocer
a la mujer que habito,
y en cada tentativa hacia adelante,
culpé al universo injustamente
por la falta de amor propio con la que
castigaba mis actos.
La soledad pagó mis desaciertos
y en cada tentativa hacia adelante,
culpé al universo injustamente
por la falta de amor propio con la que
castigaba mis actos.
La soledad pagó mis desaciertos
pero también premió mi fortaleza,
y ahí, en el silencio de mis palabras,
pude entender al fin :
“Que el pasado es un trozo indivisible
del presente y la magia, sólo surge
desde la gratitud y compasión
y ahí, en el silencio de mis palabras,
pude entender al fin :
“Que el pasado es un trozo indivisible
del presente y la magia, sólo surge
desde la gratitud y compasión
con que lo contemplemos ".