Ahora, en la soledad de mi cocina, frente a un café recién hecho y un cuaderno de segunda mano, te escribo y te cuento como me siento sin ti, a veces te juzgo, otras, te agradezco, pero siempre, intento que esas sean las últimas líneas que te nombran.
Me he convertido en una pseudopsicóloga experta en relaciónes tóxicas, que sabe poner nombre a todos los traumas que arrastro.
Sin embargo, ningún diagnóstico me cura de este "Nosotros".
Ruido, mucho ruido para llegar al silencio de este vacío en el estómago, del eterno nudo en la garganta que termina expulsando lágrimas que nadie puede ver.
He pagado con soledad no escogida muchos de mis desaciertos, pero ésta, a su vez, me ha premiado con una gran fortaleza y en la quietud de lo intangible, puedo entender que el pasado es un trozo consustancial del presente. Que la plenitud en nosotros, sólo llega desde el agradecimiento y compasión con que lo contemplemos.
