martes, 28 de noviembre de 2017

No te dije.















No te dije cuando preguntaste por mis lágrimas, que tus abrazos son los que desnudan mis debilidades y dejan a un lado esta inverosímil fortaleza.

No te  dije, que el vértigo ante la incertidumbre de este amor por horas, me arrolla en forma de intuición inevitable prediciendo nuestro amor con un the end.

No te dije, que anhelé que me hubieras pedido quedarme contigo, pues me cuesta renunciar a la ternura que me vuelve adicta a ti después de tanta nostalgia como transito. 


Que siento que este amor no es mi realidad, aunque si nuestro presente, que hoy y quizás mañana decidas estar, pero yo, inevitable yo, vuelvo a sentir la soledad en el camino.

Y te desconciertan mis silencios porque solo cuando callo, es cuando más me muestro. Te asusta esta mujer insegura que imaginaste valiente hasta descubrir las fragilidades que la completan desde la sed de amarte.

Que mi corazón decide mil veces más una no seguir hacia adelante después de tanto fracaso como acumulan mis ojos. Que sigo sin saber hacia donde voy, pero si donde no quiero estar en mi futuro.

No necesito que nadie más apueste por mí. No, mientras no sea mi propia elección.



viernes, 24 de noviembre de 2017

Érase una vez

Érase una vez una mujer 
que se marchó de mí,
una mujer que al observar sus manos
las encontró vacías

 y se fue para siempre aquella noche.

Desde entonces,
el alma viaja sin trayecto
en este éste amor envenenado
donde puedo oler la desgracia
por lo que fuimos
y nunca 
más seremos.


No te amo,
aunque quizás no pueda

dejar de amarte nunca,
como un miembro fantasma 

que se alimenta del dolor
en el que te has convertido.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Poema de Ovidio Moré



Palabras escondidas esperando
que el verso me amortaje y me describa
tan blanco en el papel que es donde estriba
el hombre que tu pluma va nombrando.

Tú, leve mariposa, que escapando
me vuelves el gerundio donde liba
tu boca iridiscente, que cautiva
la mía que a tus labios va besando.


Y aquí quedo hierático y culpable...

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Ni mi verdad ni la tuya.

Hace poco tiempo tuve que asistir (casi por obligación) a una misa en recuerdo del aniversario de un familiar ya fallecido. Ese día, intenté escuchar el sermón  con atención pero sin ningún resultado satisfactorio. Era consciente de  que mis sentimientos religiosos últimamente se habían endurecido y ninguna frase del sacerdote consiguió calar en mí esa tarde.

Recordé entonces, en forma de flash-back, todos los años de mi niñez y adolescencia cuando asistía sin falta a la misa dominical, y los posteriores, donde mis hijos también me acompañaban educados en la misma fe.


 No sé si durante ese tiempo fui una fanática que creyó en un Dios que  no puede demostrarse, pero si puedo deciros  que mi creencia me hizo feliz en muchos momentos difíciles.

Estos recuerdos me hicieron pensar que lo que nos hace felices no tiene por qué ser siempre una verdad probada. A veces es suficiente con que sea la nuestra si ésta no perjudica a nadie.

El problema llega cuando nos empeñamos en hacer prevalecer nuestra verdad ante los demás y la defendemos como única aún a sabiendas de que  esta obcecación nos conducirá al enfrentamiento entre nosotros.

Nos tomamos, me tomo, la vida demasiado en serio, coartando la inocencia de lo sencillo, sin darme, sin darnos cuenta de que lo verdadero, no tiene por qué ser lo mejor, de que nuestra razón, mi razón, no me hará más dichosa, si esta me enfrenta a ti.

Y me pregunto, después de mis errores, si alguna vez aprenderé a dejar de sentirme el ombligo del mundo cada cierto tiempo; si después de tanta experiencia de vida, no aprenderé  a relativizar mi verdad y a tomarme con cierto sentido del humor aquello que me sucede.


 Amar desde la serenidad que produce restar importancia a lo que no la tiene.

Ni tu bandera ni la mía, ni tu Dios o aquel del que yo sigo dudando, ni tú ni yo por separado si realmente queremos seguir juntos uno al lado del otro.

Así que, por favor, acércate, que quiero susurrarte al oído una caricia sin argumentos...