viernes, 24 de noviembre de 2017

Érase una vez

Érase una vez una mujer 
que se marchó de mí,
una mujer que al observar sus manos
las encontró vacías

 y se fue para siempre aquella noche.

Desde entonces,
el alma viaja sin trayecto
en este éste amor envenenado
donde puedo oler la desgracia
por lo que fuimos
y nunca 
más seremos.


No te amo,
aunque quizás no pueda

dejar de amarte nunca,
como un miembro fantasma 

que se alimenta del dolor
en el que te has convertido.