martes, 25 de septiembre de 2018

Quince días

















Cada quince días, mis sentidos lograban rozar la inmensidad del cielo desde tu cama y el milagro de la ternura venía a visitarnos.

Me convertía en Cenicienta sin proponérmelo, solo tenía que escarbar en la profundidad de tu mirada.

Cada quince días, el tren siempre me conducía camino a la felicidad que anhelaba compartir contigo. Aún puedo sentir mi cuerpo volando en dirección a tus abrazos.


El tiempo y las tormentas del alma caducaron nuestra historia, y entonces, pude darme cuenta de que nunca fuiste capaz de  apostar por mis ojos.