sábado, 26 de enero de 2019

Mi padre.





Mi padre ha fallecido, se apagó su luz definitivamente tras dos largos años de idas y venidas al hospital, de lucha contra varias enfermedades que se empeñaron en hacerle difícil la vida. A él y a los que estuvimos a su lado.

Dos años en los que, en silencio, llegamos a desear su muerte, para que no sufriera, para no sufrir nosotros ...

Procuré estar a su lado continuamente y cuando llegó el momento de marcharse, me estuvo esperando los últimos minutos de su vida para morir cogido de mi mano y con nuestros rostros juntos.

¿Cómo explicar este vacío, esta sensación de orfandad por un padre que llegó a ser mi hijo en sus últimos años?

Fue mi héroe favorito en la infancia, hasta que dejé de ser su niña y ambos nos alejamos. Él siempre creyó que era una mujer fuerte y me dejó hacer mi vida, a mi manera, respetó  mis decisiones aunque no las compartiera.

Solo ahora, en su final, en largas noches sin dormir recostada en un sillón, he sido capaz de entender todo el amor de mi padre hacia mí. Ahora, es cuando he podido ver que se puede amar de muchas maneras y las palabras de afecto, aunque necesarias, no son el único camino para hacerlo.

Mi padre fue un hombre de actos en su amor hacia mí, pero también llenó mi niñez de besos, cuentos y abrazos. No hubiera podido tener un progenitor mejor.

Solo espero haber estado a la altura de su cariño estos últimos años y que pueda perdonar todo el amor que me dio y que tantas veces no supe devolverle.




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