Me voy sin ganas de marcharme,
con el dolor arañando la despedida que no deseo y que siempre
se cumple en nosotros.
He vestido mi alma de duelo,
y he apagado las luces de fiesta en mis ojos, esperando a que amanezca la noche.
Ahora,
Ahora,
solo me queda dejar de pensar en ti.
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