domingo, 17 de enero de 2021

Mis amores

 

















Me dispongo a escribir con mi perro Croque junto a mí, en un viejo sillón que ha hecho suyo. Duerme patas arriba, a media vela, con la quietud que le da sentirse en casa y siempre a mi lado. Tengo también una gata de nombre Luz, que está justo ahora durmiendo en el sofá con su cuerpo enroscado y con la misma sensación de paz y aburrimiento. Ambos son parte de mi vida desde hace tres años. Un regalo de amor que nunca imaginé sentir entre los animales y yo.

Llegaron de la manera más insospechada. Croque venía de una clínica veterinaria después de haber sido abandonado en un contenedor. Lo encontraron dentro de una bolsa de basura prácticamente recién nacido. La llegada de la gata a casa fue más peculiar aún, porque no es solo que nunca me gustaron los gatos, sino que siempre les tuve miedo y pensaba que eran cariñosos solo por interés. A Luz la encontraron también en la calle y la veterinaria me animó a que me la llevara porque nadie preguntaba por ella y mi perrito tendría compañía.

Así fue como la vida me trajo a estos dos amores tan singulares. Una clase de amor que solo sabe entender quién ha tenido o tiene animales. Me siguen en casa por todas partes, sobre todo el perrito. Mientras me ducho, cocino, limpio y realizo el resto de quehaceres de la casa. A veces me dirijo a él diciéndole que si es que quiere aprender a cocinar porque no se pierde detalle cuando me ve con comida en las manos. Si me pongo a cantar o bailar por pura necesidad de transmitir siquiera un átomo de alegría- estos días no se me da muy bien- se acerca a mí con sus patitas en alto y me las ofrece para bailar juntos.

Luz, la gata, a veces se cansa de nuestras tonterías y de estar con nosotros. Entonces, se dedica a curiosear algún cajón que me haya dejado abierto o se cuela por la puerta que da acceso a la terraza para subirse a los tejados a ver si hay algún pájaro nuevo por descubrir. Ella es diferente en sus afectos, no le gusta hacer demostraciones en público. Espera a verme descansando en el sofá o en la cama para subirse a mi lado; entonces, comienza a lamer mi piel intensamente con su áspera lengua, roza una y otra vez su fría nariz para calentarla y mete la cabecita entre el hueco de mi brazo mientras me abraza con sus patitas delanteras. El ronroneo es de gran intensidad entre ambas…

Me relaja escribir con ellos al lado, no es que lo haga mucho últimamente, creo que estoy padeciendo síntomas de tristeza indefinida, pero no quiero hacer ningún augurio de este tipo porque sé que estoy en pleno invierno, esperando como un milagro la llegada de la primavera y por eso, contra todo pronóstico, escribo.

Es hora de resetearme, sé que esta vez llegó el momento. Toca cerrar puertas a todos los pasados posibles que fueron presentes y ya no serán futuros. Dejo el victimismo atrás. Si algo no se hizo bien conmigo ya pasó. Perdono y me perdono por haber hecho daño a algunas personas que se cruzaron en mi vida. No me justifico, no volveré a justificarme más. No supe hacerlo mejor, pero di todo lo que soy.




jueves, 7 de enero de 2021

Desde la distancia.


 

Intento varias veces escribir la misma frase, darle un sentido digno a las palabras para explicar esta tristeza que me embarga cuando te pienso lejos de mi vida para siempre. Días difusos, como luces de navidad que se encienden y apagan sin armisticio posible entre nosotros.
Me gustaría comprenderte desde el amor, relajar esta mirada que te juzga y desmemoriar el resentimiento cuando vienes en son de paz. Lo intento, de verdad que lo intento, quitarme este miedo al fracaso que me circunda el alma con su impaciencia.

Sé que me quieres, quizás yo también te quiero, pero el amor tiene muchos caminos para andar y tú y yo vislumbramos futuros diferentes desde nuestros pasos.


Por eso, en un desesperado impulso de soledad y herida, necesito irme una vez más de nosotros.

Creo, desde el dolor de la confesión, que me hice experta en construir múltiples finales contigo.

Y te imagino ahí, en tu ventana, frente a ese parque nevado al que le hiciste una foto que hoy compartes en tu perfil, y te siento desprotegido, sabiéndote abandonado por mí.



Cierro los ojos sin dejar de preguntarme una y otra vez, por qué dejé de arroparte entre mis brazos, por qué no quisiste volar a mí altura.