Sé que tengo el alma y el cuerpo enfermos, lo sé cuando me miro hacia adentro y solo alcanzo a ver episodios pasados que me conducen a una tristeza presente. Sin embargo, la sonrisa y el don de la palabra que todo lo juzga, permanecen en mí. Supongo que tengo suficiente orgullo para no mostrar mis miedos a cualquiera y mi muro de la desconfianza va creciendo como una planta venenosa para todo el que se acerca a admirar el color de mis hojas.
No alcanzo a ver con claridad que me pasa, todo está oscuro y enmarañado. No sé por donde tirar de la hebra para empezar a deshacer tanto nudo como me fue enredando el corazón. He dejado de tener sueños, metas por cumplir y lo más desmoralizador, esperanza. Descreo de mí y de la inocencia del hombre. Una vez que mi vida a llegado a su plenilunio, solo alcanzo a ver con claridad mis desperfectos, la mujer desastre en la que me he convertido.
Hace tiempo que no emerjo hacia arriba, que mis impulsos de vida son etéreos y apenas empiezo a palparlos, vuelven a esfumarse como una quimera. Voy en busca de una felicidad que se me resiste, siento que llevo mucho desierto andado y que no llegaré nunca a la fuente de mi paz.
Solo anhelo aprender de una vez, que las arrugas de mi frente comiencen a serme útiles. No quiero equivocarme tanto, no puedo fallar en cada nuevo intento de construirme. A pesar de esta oscuridad, sé que hay una guerrera en mí, muchas veces errada, pero que siempre lleva por estandarte la lucha por sus principios, la esencia de lo que realmente soy.
No alcanzo a ver con claridad que me pasa, todo está oscuro y enmarañado. No sé por donde tirar de la hebra para empezar a deshacer tanto nudo como me fue enredando el corazón. He dejado de tener sueños, metas por cumplir y lo más desmoralizador, esperanza. Descreo de mí y de la inocencia del hombre. Una vez que mi vida a llegado a su plenilunio, solo alcanzo a ver con claridad mis desperfectos, la mujer desastre en la que me he convertido.
Hace tiempo que no emerjo hacia arriba, que mis impulsos de vida son etéreos y apenas empiezo a palparlos, vuelven a esfumarse como una quimera. Voy en busca de una felicidad que se me resiste, siento que llevo mucho desierto andado y que no llegaré nunca a la fuente de mi paz.
Solo anhelo aprender de una vez, que las arrugas de mi frente comiencen a serme útiles. No quiero equivocarme tanto, no puedo fallar en cada nuevo intento de construirme. A pesar de esta oscuridad, sé que hay una guerrera en mí, muchas veces errada, pero que siempre lleva por estandarte la lucha por sus principios, la esencia de lo que realmente soy.
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