domingo, 9 de enero de 2022

Así es la vida.

 
























El otro día escuchaba a Mario Alonso Puig en uno de sus múltiples videos tan constructivos  - a mi parecer- en pro del ser humano y su crecimiento personal, decir que el miedo y la felicidad son incompatibles. 

Esta frase, tan breve, pero tan profunda, me hizo llegar a la conclusión de cuánta verdad encierran esas pocas palabras en cualquier vida humana.

¿Cuántas veces no hicimos o dejamos de hacer cosas por miedo al fracaso, al qué dirán o por temor a equivocarnos?

 ¿Cuántas veces nos pusimos la tirita antes que la herida?

El miedo, un compañero de viaje que se deja oír demasiado y habla sin cesar al ser libre que habita dentro de nosotros. ¿Cómo ser felices de esta manera?

Indudablemente debemos dejar nuestros temores atrás y para eso no hay nada más sano que la desmemoria de nuestros errores y por contra, el recuerdo de nuestras pequeñas grandes hazañas.

Es reconocible que la experiencia es el único grado ventajoso para nosotros a la hora de tomar decisiones, pero ésta, no puede ser un hándicap para nuestros sueños, tenemos que aprender a soltar nuestros miedos y arriesgar si es lo que verdaderamente anhelamos aún sabiendo que podremos volver a equivocarnos.

La vida es efímera y lo podemos constatar diariamente, por ejemplo, aquel hombre o mujer-quien sabe- que comió con su familia, charló con ese amigo que se encontró después por la calle y con el que quedó para para verse y ponerse al día sobre sus cosas, frente a una cerveza. Cosas que no pudo hacer porque unas horas más tarde aquel murió de un infarto fulminante.

O ese otro, sin rostro ni nombre para la mayoría de nosotros, que sin saber por qué un anochecer decide tirarse a la vía de un tren para quitarse de enmedio.

Así es la vida, un soplo de aire, una sonrisa, una lágrima, un instante, un todo.

Este año, los que seguimos aquí, volvemos a tener 365 días a estreno. Nuestro mejor regalo, horas en blanco para gastarlas en vivir sin miedos de una vez, para dejar de preocuparse por que los demás puedan pensar de nosotros por las decisiones que tomamos o por como decidimos vivir nuestra vida.

La existencia se empeña en enseñarnos a ser felices con las pequeñas cosas, insiste una y otra ver en recordarnos nuestra marca de nacimiento que no es otra que el de la frugalidad de nuestro cuerpo.

Seguramente nos volveremos a equivocar y sufriremos en pos de sueños que no se cumplirán, pero nunca, a pesar de nuestros fracasos, debemos dejar de apostar, porque eso querrá decir que hemos vivido la vida intensamente y solo como ésta merece ser vivida.


















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