lunes, 23 de febrero de 2026

Cinco meses, cinco semanas y cinco días.

 

























Hace poco leía un artículo sobre la importancia del contacto cero para recuperarte de una ruptura de pareja. Aseguraban el éxito si cumplías con la regla del 5-5-5. Me pareció gracioso leer esto a casi tres años de mi ruptura, un duelo que  se ha quedado estancado en alguna parte, a la que de momento, me es imposible llegar para alcanzar la despedida definitiva.

Quizás este amor que siento es similar al pozo de libros infinitos de Praga, una famosa instalación artística con forma cilíndrica conocida como Idiom. Cuando te asomas a él por una abertura en forma de lágrima, puedes ver un fondo infinito de libros, una ficción que parece real y solo depende de un pequeño truco; dos espejos situados en la parte de arriba y abajo, que reflejan todos los libros instalados en esta.

Quiero pensar que el libro o la historia de este amor al que me cuesta decir un adios definitivo, probablemente es también un pozo con espejos, que solo me devuelve el reflejo de lo que fui o sentí.

Aún así, cada día que pasa voy mejorando, ya no sobrepienso o me me pregunto insistentemente  por qué sucedió. Ya no me revelo, simplemente acepto mi pasado y agradezco lo aprendido.

Comienzo a entender que la gestión de mis emociones solo me pertenece a mí. Siempre he culpado a los demás de los sentimientos que me provocaban con sus actos. No aceptaba que otros pensaran o actuaran diferente a como yo creía que debía hacerse. Desde el ego pretendí que los demás cambiaran, que si de verdad me querían, podrían hacerlo.


Ahora, después de muchas lágrimas, de muchos nudos en la garganta a consecuencia de una realidad que me ha costado aceptar, es que puedo ver con algo más de claridad, que en las relaciones que fracasan, no hay un único culpable. Que sólo nosotros somos responsables de sostener nuestra vida y lo que queremos hacer con ella. La solución nunca es pedirle al otro que cambie, sino intentar entenderlo, aceptarlo, y si finalmente no puede ser, irte de su lado con cariño y sin reproches.

Por eso, llega el día en que el perdón se hace necesario a una misma y a los demás, por todo el daño causado desde el miedo y la falta de amor propio. Es el momento de pedir disculpas a aquellas personas a las que he amado y amo profundamente. Pedir perdón por no haberlo hecho mejor, por haberles causado sufrimiento. Ya no puedo reparar aquello que hice mal, pero si puedo decirles que lo siento, que todo esa ira que descargué a veces con ellos, era probablemente la de una niña con miedo, mucho miedo al abandono.

Que la vida les traiga y me traiga toda la felicidad del universo.

Gracias,  porque cada acto de amor que me entregasteis, me ayudó a ser  la persona en la que me he convertido. 






martes, 27 de enero de 2026

Inevitable

 




No sé si quiero escribir o es que lo necesito. Probablemente ambas cosas me han llevado aquí.
Muchos momentos donde mi cuerpo sufre de abstinencia emocional. Antes no lo sabía, creía que era tan solo la añoranza de un amor perdido.

Pero no, biológicamente está demostrado. Es una necesidad física la que me retiene y conduce a lo que fuimos. Ya no te amo, no te amé cada vez que me atreví a dejar lo nuestro con la profunda convicción de que debía hacerlo. Cada poco tiempo,  la bandera roja de la ansiedad como señal de alarma, por una relación que no terminaba de entender, un lugar en tu vida que no me hacía sentir segura.

Te quise mucho, es cierto, pero ¿de qué manera te quise, de qué manera nos quisimos? Llegaste a mi vida y sentí que eras mi salvación.
Ambos nos dejamos llevar por la química, la atracción, las interminables conversaciones y la complicidad en nuestras miradas. Pero también había agujero negros imposibles de descifrar.

Mi mente se empeña ahora en recordar todo lo bueno que vivimos, pero tú igual que yo,sabes que no siempre fue así,  ¿verdad?. Atravesamos varios momentos duros, mentiras, desengaños, distancia e indiferencia. No culpo. Ya no. Me costó entender que las rupturas son cosa de dos. Que uno a veces da el paso, porque el otro no se atreve a reconocer que todo está ya muerto desde hace tiempo. Que la relación se mantenía en cada reconciliación hasta la próxima ruptura.

Después de haberlo dejado definitivamente, creo que te he vuelto a dejar sin que tu lo sepas, muchas más.

 Pero también, como la canción versionada por Ismael Serrano, “Inevitable” vuelvo a ti. Por qué? No lo sé, aunque voy entendiendo, que sencillamente no he cerrado esa puerta como debiera haberlo hecho.

Pensé que olvidar era sencillo, que se podía conseguir con un poco de voluntad, borrar  lo que fuimos de un plumazo. Pero no sería sincera conmigo misma, si no reconociera que viví momentos maravillosos contigo. Que conseguiste abrir mi mirada al mundo, que luchaste por quitarme todos los miedos que llevaba conmigo y me regalaste tu inmensa bondad y generosidad.

Veníamos de mundos diferentes, pero no lo quisimos ver. El amor y las ganas nos pudieron. Nos costó entender que amar no era suficiente. Que estábamos en momentos vitales muy distantes.

Al final, he entendido que el pasado no se puede borrar. Que el cuerpo necesita acostumbrarse a una nueva forma de vivir. Que los recuerdos seguirán llegando en forma de flashback sin aviso. Que es normal sentir dolor por tu ausencia. Pero también es cierto que cada vez gestiono mejor los síntomas de la tristeza y que un día dejará de doler para siempre, quedando solo el recuerdo bonito de lo que fuimos.

Mientras tanto, no entiendes que no te hable, que no quiera contacto contigo. Para ti es de personas civilizadas mantener una relación cordial con el o la  ex. Por lo que cada cierto tiempo, entras en mi vida, para felicitarme las fiestas, o para regalarme flores por mi cumpleaños. Y yo, siento entonces, que no lo he superado. Que cada noticia tuya, consigue que mi cicatriz vuelva a supurar.

Vuelta a la ansiedad, a la tristeza por tu ausencia.

Por favor, no vuelvas más. Te lo pido, aunque sé que nunca leerás estas líneas.

 Permite que siga caminando sin saber de mi y quédate con el recuerdo de lo vivido. Cerremos la puerta de una vez para siempre. ¿Te parece?