martes, 27 de enero de 2026

Inevitable

 




No sé si quiero escribir o es que lo necesito. Probablemente ambas cosas me han llevado aquí.
Muchos momentos donde mi cuerpo sufre de abstinencia emocional. Antes no lo sabía, creía que era tan solo la añoranza de un amor perdido.

Pero no, biológicamente está demostrado. Es una necesidad física la que me retiene y conduce a lo que fuimos. Ya no te amo, no te amé cada vez que me atreví a dejar lo nuestro con la profunda convicción de que debía hacerlo. Cada poco tiempo,  la bandera roja de la ansiedad como señal de alarma, por una relación que no terminaba de entender, un lugar en tu vida que no me hacía sentir segura.

Te quise mucho, es cierto, pero ¿de qué manera te quise, de qué manera nos quisimos? Llegaste a mi vida y sentí que eras mi salvación, un bote salvavidas al que subirme. Ambos nos dejamos llevar por la química, la atracción, las interminables conversaciones y la complicidad en nuestras miradas. Pero, ¿lo demás? No funcionaba.

Mi mente se empeña ahora en recordar todo lo bueno que vivimos, pero tú sabes que no es cierto, ¿verdad? Atravesamos también momentos duros, mentiras, desengaños, distancia e indiferencia. No culpo. Ya no. Me costó entender que las rupturas son cosa de dos. Que uno a veces da el paso, porque el otro no se atreve a reconocer que todo está ya muerto desde hace tiempo. Que la relación se mantenía en cada reconciliación hasta la próxima ruptura.

Después de haberlo dejado definitivamente, creo que te he vuelto a dejar sin que tu lo sepas, muchas más. Pero también, como la canción versionada por Ismael Serrano, “Inevitable” vuelvo a ti. Por qué? No lo sé, aunque voy entendiendo, que sencillamente no he cerrado esa puerta como debiera haberlo hecho.

Pensé que olvidar era sencillo, que se podía conseguir con un poco de voluntad, borrar  lo que fuimos de un plumazo. Pero no sería sincera conmigo misma, si no reconociera que viví momentos maravillosos contigo. Que conseguiste abrir mi mirada al mundo, que luchaste por quitarme todos los miedos que llevaba conmigo y me regalaste tu inmensa bondad y generosidad.

Veníamos de mundos diferentes, pero no lo quisimos ver. El amor y las ganas nos pudieron. Nos costó entender que amar no era suficiente. Que estábamos en momentos vitales muy distantes.

Al final, he entendido que el pasado no se puede borrar. Que el cuerpo necesita acostumbrarse a una nueva forma de vivir. Que los recuerdos seguirán llegando en forma de flashback sin aviso. Que es normal sentir dolor por tu ausencia. Pero también es cierto que cada vez gestiono mejor los síntomas de la tristeza y que un día dejará de doler para siempre, quedando solo el recuerdo bonito de lo que fuimos.

Mientras tanto, no entiendes que no te hable, que no quiera contacto contigo. Para ti es de personas civilizadas mantener una relación cordial con el o la  ex. Por lo que cada cierto tiempo, entras en mi vida, para felicitarme las fiestas, o para regalarme flores por mi cumpleaños. Y yo, siento entonces, que no lo he superado. Que cada noticia tuya, consigue que mi cicatriz vuelva a supurar.

Vuelta a la ansiedad, a la tristeza por tu ausencia. Sí, sé que alguna vez yo también intenté volver a ti, pero porque no lo tengo superado aún. Tú sin embargo, vuelves sin dolor aún sabiendo que no estoy recuperada de ti.

Por favor, no vuelvas más. Te lo pido, aunque sé que nunca leerás estas líneas. Permite que siga caminando sin saber de mi y quédate con el recuerdo de lo vivido. Pero cerremos la puerta de una vez para siempre  y tiremos la llave al mar.

¿Te parece?

No hay comentarios:

Publicar un comentario