domingo, 25 de febrero de 2018

El poder del silencio.



















Estos días por motivos físicos sin demasiada importancia, me veo obligada a permanecer en casa semi-convalenciente por prescripción médica. Al principio me asusté, soy una persona activa y no sabía cómo me las iba a  arreglar, además tendría mucho tiempo para pensar y eso me preocupaba, no era mi mejor momento para darle muchas vueltas  a la cabeza.

Ha habido demasiados minutos, horas y madrugadas de sentir la soledad a mi lado, demasiados espacios mentales para rebelarme ante acontecimientos pasados que no entendía desde mi verdad. Probablemente es necesario escuchar a nuestro silencio más profundo, quizás ahí esté la evidencia de lo que realmente somos.

El pensamiento que me hablaba desde la culpa y la tristeza, acampó sin remedio en mi corazón. No hay nada más estresante que buscar respuestas donde no las hay, resistirse a aceptar que somos un pack completo con aciertos y errores incluidos.

Hasta que un día dejas emanar el dolor que sientes entendiendo que éste solo te está curando y que las heridas escuecen hasta que cierran por completo.

Descubres que nadie, absolutamente nadie, puede venir a darte el amor que anhelas porque éste ya habita en ti, que es tu propia luz la que permanece apagada y solo tú puedes volver a encenderla.

 Y el otro, el que se marchó o el que haya de venir, siempre será un espejo donde poder reflejarnos para crecer. Y vuelves a empezar otra vez desde la casilla de partida, una vez más, pero sin temor, la vida es tan sabia que basta con confiarnos a ella y dejarla hacer. 

Ser conscientes del momento presente, del aquí y el ahora. De que todo tiene un  motivo y un porqué, de que nada se nos arrebata porque nada nos pertenece, nuestro único cometido es aprender a disfrutar aquello que se nos da.
  
Entonces, es cuando te das cuenta de que la soledad no es un castigo, sino un valioso regalo que se te ha concedido para experimentar la verdadera esencia de tu yo y desde ahí volver a creer en ti y en los demás.

  Y sientes que deseas volver a iluminar tu vida con la luz de la sonrisa y el  amor. Que poco a poco lo volverás a conseguir y que todo proceso de transformación y cambio, al final te hace más fuerte, que las orugas siempre terminan siendo  mariposas.





miércoles, 14 de febrero de 2018

San Valentín














Hoy, catorce de febrero, es día de San Valentin, fiesta por antonomasia del amor aunque muchos de nosotros opinemos que, ante todo, es una fecha comercial.


Eso no obvia para que, siendo como soy, una romántica de libro, hoy no haya echado de menos una canción, una carta o algunas flores dedicadas a mi nombre.


Sucede que creí estar enamorada y  esto del enamoramiento es un desastre,  porque cuando llega  nos obnubila y no podemos ver más allá de la felicidad completa que nos llena en ese momento.

El problema viene cuando idealizamos o nos idealizan y de pronto descubren que no somos tan especiales como creyeron,  entonces, se les olvidan los discursos sempiternos de amor, las llamadas a todas horas para saber cómo nos encontramos o que estamos haciendo en ese momento.

Creo que hay  personas que intentan huir de su melancolía  buscando en otras  la sonrisa de la que carecen muchas veces sus labios hasta  el día en  que se  dan cuenta de que tú también lloras...

No quieren de ti más que alegrías, navegar contigo mientras el viento esté a su favor, pero no aguantan más de un par de tormentas…

Para marcharse, las excusas de siempre, sus  múltiples: “lo siento,  de veras que lo siento” “eres tan  buena, tan especial, te deseo lo mejor” .

A  la mierda las disculpas!!  Cuando se deja de amar a alguien solo queda la pena, pero no hay nada más cruel que hacerle creer al otr@ que aún seguimos  sintiendo amor.

Perdonadme, pero no acepto a los cobardes, la vida es dura y sé lo que es  hacer daño a quién alguna vez te amó. Pero cuando el desamor se instala en tu corazón no queda otra  que afrontarlo.

Lo mínimo que se merecen aquellos que no son correspondidos, lo mínimo, es decirles  la verdad aunque en ese  momento se les   haga daño. Pero no, resulta que el ego es tan inmenso, que a pesar de tener claro que llegó el  final, se empeñan en quedar en tus recuerdos  como la persona más honesta de tu vida.

Y de pronto, cuando nos abandonan, nos encontramos con la impotencia de no saber  qué hicimos realmente tan grave para que de pronto no nos quieran, nos sentimos desnudos e indefensos,e incluso pensamos si estaremos algo desequilibrados porque no entendemos como alguien pudo dejar de amarnos en solo unos días.


Y en cuestión de segundos, descubres que su amor, solo fueron unas cuantas partículas flotando en el aire, que habitaron mil dudas donde en su convicción.



Si me hubieras amado, no me habrías dejado marchar.




















viernes, 2 de febrero de 2018

Imperfecta.















Cada vez transcurre más tiempo cuando se trata de escribir y publicar en el blog,  aunque en determinados momentos, aún sigo sintiendo  la tentación a pesar del
  muro de escepticismo  y  desilusión con  el que me encuentro en esta  etapa de mi vida.


Creía que escribir era el mejor ejercicio de introspección que podía hacer conmigo misma, que enfrentar una hoja en blanco y contarme en ella, era una reflexión útil cuando creía haber tocado fondo,  que esta opción, me facilitaba coger impulso una vez más, pero últimamente he dejado de tener esa convicción.

He perdido confianza en las metas a alcanzar de mi propia existencia y no sé si aprendo alguna lección cuando utilizo la palabra para expresar mis sentimientos. Comienzo a acostumbrarme al silencio de las emociones que me pertenecen. Ahí,  en ese autocontrol, solo yo puedo manejarme.

Creemos ver el amor en sonrisas luminosas, declaraciones sublimes, abrazos, canciones dedicadas, golpes de ilusión acariciando el alma e incluso lágrimas que dicen apostar por nosotros.

Creemos ver…

De pronto, sin saber por qué, la decepción llega y sacude  la magia de una bonita historia. La convierte tan solo en un espejismo de lo que fue y quizás podría haber llegado a ser, la enfrenta a la realidad. 


Ahora, donde hubo ímpetu de cariño y ganas de luchar , solo asoman el desánimo y la lejanía.

No debemos aspirar a lo perfecto en nuestras relaciones con los demás ni en ningún otro ámbito de la vida, debería ser  suficiente con dar lo mejor de nosotros mismos.
 Tampoco creo que la perfección  exista más allá de nuestra imaginación, sobre todo cuando hablamos de sentimientos.

Nada mejor  que la indulgencia en nuestros propios errores si los aceptamos  desde la humildad  y como parte del  aprendizaje en nuestra vida.