viernes, 2 de febrero de 2018

Imperfecta.















Cada vez transcurre más tiempo cuando se trata de escribir y publicar en el blog,  aunque en determinados momentos, aún sigo sintiendo  la tentación a pesar del
  muro de escepticismo  y  desilusión con  el que me encuentro en esta  etapa de mi vida.


Creía que escribir era el mejor ejercicio de introspección que podía hacer conmigo misma, que enfrentar una hoja en blanco y contarme en ella, era una reflexión útil cuando creía haber tocado fondo,  que esta opción, me facilitaba coger impulso una vez más, pero últimamente he dejado de tener esa convicción.

He perdido confianza en las metas a alcanzar de mi propia existencia y no sé si aprendo alguna lección cuando utilizo la palabra para expresar mis sentimientos. Comienzo a acostumbrarme al silencio de las emociones que me pertenecen. Ahí,  en ese autocontrol, solo yo puedo manejarme.

Creemos ver el amor en sonrisas luminosas, declaraciones sublimes, abrazos, canciones dedicadas, golpes de ilusión acariciando el alma e incluso lágrimas que dicen apostar por nosotros.

Creemos ver…

De pronto, sin saber por qué, la decepción llega y sacude  la magia de una bonita historia. La convierte tan solo en un espejismo de lo que fue y quizás podría haber llegado a ser, la enfrenta a la realidad. 


Ahora, donde hubo ímpetu de cariño y ganas de luchar , solo asoman el desánimo y la lejanía.

No debemos aspirar a lo perfecto en nuestras relaciones con los demás ni en ningún otro ámbito de la vida, debería ser  suficiente con dar lo mejor de nosotros mismos.
 Tampoco creo que la perfección  exista más allá de nuestra imaginación, sobre todo cuando hablamos de sentimientos.

Nada mejor  que la indulgencia en nuestros propios errores si los aceptamos  desde la humildad  y como parte del  aprendizaje en nuestra vida.

2 comentarios:

  1. Ay, que suspiros me arranca este texto.

    Escribir duele una barbaridad. Te lo digo yo que hasta estuve un año negado a enfrentarme a mi pasado, a mi presente y a todo lo que me dolía, que es lo que hacemos cuando escribimos. Claro, ni yo ni tú escribimos de flores y de palmas al azar. Qué dicen que no se llora? Yo he inundado mi cuarto versando, mi cuarto y el de al lado y toda la casa. Incluso tengo días que digo: hoy no escribo porque no tengo ganas de sufrir.

    Dije a una amiga blogger hace poco que aún en medio de la ficción mas ficción se impone el yo, trozos del alma. Eso es inevitable.

    Lo que sí creo es que pelear con nosotros mismos por obligarnos a escribir en un momento en el que no nos apetece no sirve un pijo.

    Ya volverán las ganas.

    Un beso beso si te sirve y un achuchón también, Carmen bonita.

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  2. A mí, ese final de texto me demuestra muchísimo de ti, Carmen. Lo que no estoy es de acuerdo contigo en lo de “reconocimiento del fracaso”. O también.
    Si fracaso significa : Suceso adverso e inesperado, nunca sabremos realmente si lo sucedido será para peor o para mejor. Porque lo que hoy es negro, mañana se convierte en blanco.

    Cierto es que lo inesperado nos descoloca y hasta, en muchas ocasiones nos deja de piedra, pero el tiempo continúa y es esa actitud tuya ante la vida, ese : “ sí, pero sigo y aprendo porque quiero hacerlo” la que me alucina de ti, querida amiga.
    Escribas o no, que lo haces de maravilla, seguir ya es todo un desafío.
    Un fuerte abrazo.

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