martes, 14 de abril de 2020

El juego de la existencia












"Al final el remordimiento, la culpa que nos acompaña por no haber actuado de una forma diferente a como lo hicimos."

Estos días de encierro tienen demasiadas horas para darle vueltas incluso a aquello que prácticamente teníamos olvidado, porque la vida (esa era nuestra excusa) no nos daba más de sí…

Sin embargo, leí en algún lado que si a estas alturas del encierro no has llamado a esa persona en la que estás pensando justo ahora mismo para preguntarle como está, quizás es que dejó de interesarte.

Me gustaría pensar que no siempre es así, que aún recordamos a personas que ya no forman parte de nuestro entorno pero su olvido nos ayuda a sobrevivir por la decepción o la pérdida de lo que un día tuvimos con ellas, o por qué no decirlo, de aquellos de quienes desertamos voluntariamente.

Estos días se estiran como nunca antes lo habían hecho y hay tiempo de agradecer cada mañana por estar en casa y no en un hospital siendo un número más de esta tragedia.
También hay tiempo para despedirnos sin abrazos pero con lágrimas, de aquellos que se nos fueron en un absoluto silencio como si nunca hubieran existido…

Y si miro dentro de mí, solo acierto a ver multitud de pensamientos inconexos, emociones que no fluyen como deben, caminos de incertidumbre y sin destino a los que debo retar una vez más en busca de una sola meta, la paz interior.

Me resisto, me opongo a ese "yo" que no me gusta, a ésta cruel paradoja que la vida nos ha acontecido y confío en la resiliencia del ser humano para afrontar las adversidades.

Me comprometo a seguir jugando una partida más en este juego de la existencia y espero que puedan perdonarme todas aquellas personas a las que fallé de alguna u otra manera.








3 comentarios:

  1. Estos días damos demasiadas vueltas a las cosas, por muy ocupados que queramos estar o estemos. Es un reto la introspección, a veces te pone frente a cuestiones incómodas. En mi caso la amistad casi siempre me ha decepcionado, pero los solitarios tenemos ese estigma.
    Me alegra leerte y ver que, aunque melancólica, estás bien.
    Un abrazo.

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  2. Hola Gerardo, lo primero de todo pedirte disculpas por mi retraso en contestar, después de haberte tomado la molestia de pasar por aquí. Espero que esta triste tragedia por la que estamos atravesando no te haya dado "de lleno" con ningún familiar y si es así, me alegro.
    Me sorprende lo que me dices sobre la amistad porque es verdad que para mí es un valor muy en alza, si bien es cierto que a la pregunta de si tengo muchos amigos, respondería probablemente con la típica frase de "me sobran dedos de una mano" aún así, para mi estos años justos después de la separación, te diría que la amistad ha sido algo vital en mi día a día.
    Dicho esto, te agradezco el gesto de intercambiar unas palabras y lo de la melancolía creo que es algo genético ya, igual quizás que lo es para ti el ser un poco solitario.
    Un abrazo y me quedo con el recuerdo de la última vez que nos vimos, ambos con nuestros amigos celebrando la navidad y yo equivocándome de baños...quién nos lo iba a decir hace tan solo unos meses.
    Abrazos Gerardo!!

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  3. A mí me gustan y me emocionan todos tus yos, todas tus reflexiones que sé que son para verte y perdonarme y quererte desde dentro, desde lo más recóndito de tu maravilloso ser. Siempre he creído en la buena voluntad de la gente, como tú, y me resisto a cambiar, y me resistiré a cambiar a pesar de todo, como tú.
    Aprender a pedir perdón, saber pedir perdón no es de cobardes, es de grandes, de gente dispuesta a no conformarse con sus errores y estar dispuesto siempre a mejorar, a mirar más limpio a los demás. Como tú, escritora.
    Un gran abrazo.

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