
Vuelvo a empezar de cero y me adelanto al año nuevo que ha de venir. El principal inconveniente es que el marcador de la vida deja sus huellas en el rincón de la memoria y cada comienzo resulta más difícil.
Ya no me acompaña la juventud en el corazón para susurrarme que la conquista de la felicidad es solo un reto a superar.
¿Cuántas veces a lo largo de mi vida he de reinventarme? ¿Por qué siento que estoy siempre en una búsqueda continua? ¿Qué es lo que necesito para ser feliz?. Preguntas que aparecen sin permiso en la abstinencia del bullicio y la sombra de mi soledad.
He amado de mil maneras porque así es la cantidad de amores variados que podemos sentir y he entregado mi verdadera esencia cada vez que el corazón me lo pidió. Mis ojos y mi sonrisa fueron el don del amor floreciendo por aquel entonces.
Pero hoy, mi discurso es otro, es la apología de una mujer compleja y cubierta de cicatrices profundas, que sólo yo alcanzo a ver, una mujer que, después de varias derrotas, perdió la inocencia y la fe en si misma.
Debo seguir cabalgando a solas, llevar las riendas de mi propio destino y dar un descanso al corazón de tantas idas y venidas.
Me otorgo la licencia de no sentirme culpable por seguir a mi intuición.
Y sonrío, con una copa en la mano brindo mientras alguien me dice:
” estás pletórica"
No estoy bien físicamente, llevo tiempo intuyendo que la colonoscopia no saldrá perfecta, pero después de todo, tampoco es nada grave. Como dice el doctor tan guapo que tengo, “lo importante es que tiene solución” y grabo esa frase en mi cabeza para repetirla a mi familia y mis amigos cuando pregunten.
Me explica que de ahora en adelante, cada dos meses, tendré que ir al hospital a ponerme un tratamiento biológico. “Las pastillas dejaron de ser efectivas” me dice. Me culpo en ese momento de haber vuelto a fumar durante un tiempo después de seis años “Lo he vuelto a dejar doctor” le digo, “ da igual, ahora da igual” me contesta. La enfermedad de Crohn está activa y no podemos esperar más.
Vale, no esperamos…
Las enfermeras salen y nos quedamos a solas, el doctor y yo, en una sala de pruebas especiales, un pequeño simulacro de quirófano helado que me cala los huesos. Escribe en su ordenador a la vez que me informa de todas las pruebas que van a practicarme antes de comenzar el nuevo tratamiento, y mientras le pregunto por los efectos secundarios, recuerdo a mi amiga M. José, recién separada y con un cáncer de pecho superado de momento...Pienso en cómo se tuvo que sentir cuando oyó un diagnóstico tan terrible.
Vuelvo a repetir en silencio la frase del doctor: ” lo importante es que tiene solución” y sé que no me engaña, porque me mira a los ojos fijamente cuando me lo dice.
Me voy a casa justo después de la prueba del hospital, no me encuentro bien y no se notará mi falta si no vuelvo a la oficina. Desde el covid apenas hay trabajo y solo hago de chica de los recados. Después de casi tres años estudiando para promocionar, todo quedó parado, así que cada día me levanto para ir a un trabajo en el que no trabajo.
Quedo con unas amigas, somos seis y cumplimos las normas, no nos dejamos hablar las unas a las otras, todas queremos ser protagonistas y contar, decimos lo que creemos que las demás quieren escuchar y de pronto, me siento fuera de lugar y deseo irme a casa cuanto antes. Cada vez me gustan menos las reuniones con mucha gente, está bien, quizás, pero me agota.
Y pienso, no puedo dejar de pensar, en las navidades tan duras de los últimos cuatro años, o en estas que ya están llegando, con una nueva pareja que vive a 200 kilómetros de casa, pero que se esfuerza para que no lo note demasiado. Este año cenará con mi familia pero aún así y aunque no me lo diga, tiene pánico a que volvamos a dejarlo como otras tantas veces desde que nos conocimos.
Y pienso en mi ex con el que me crucé por pura casualidad hace unos días y no pudimos dirigirnos ni un simple saludo después de 25 años de convivencia. Solo supo bajar la cabeza al verme.
Y pienso en el vecino de al lado, que ha fallecido con 70 años y con el que nunca crucé más de dos frases seguidas, pero estoy segura de que era un buen hombre y me ha dejado un poco más sola. Se murió el día de su cumpleaños, hay que tener suerte hasta para eso.
Y pienso en uno de los grupos de WhatsApp, donde hoy, llevan toda la tarde enviando fotos de árboles de Navidad a ver cual de ellos es el más bonito, e imágenes de como han decorado su hogar con motivos navideños. Con el mundo tan loco y trágico que están viviendo tantos seres humanos, mientras nosotros estemos a gustito y con las necesidades cubiertas...
Y pienso que no puedo más, que hay días o semanas, o navidades en las que no me aguanto ni yo, creo que ese es el mayor problema, la única alternativa que me queda es recurrir a la frase del doctor:
”Lo importante es que tiene solución”
Hoy me he cortado mi larga melena después de varios años. Me han dejado un corte a la altura del cuello y me siento estupenda.
A la mayoría de los hombres les gustan las mujeres con el pelo largo, mi ex-marido decía que no me lo cortara, que el pelo corto me sentaba fatal, a mi pareja actual le gusta el pelo largo, pero no sin aclarar -con la boca pequeña- que soy yo la que decido.
Lo peor de todo es que sutilmente este mensaje cala en nosotras, las mujeres, y al final, aunque tengamos un pelo horrible o sea muy latoso arreglarlo, nos aguantamos, todo sea por agradar a nuestra pareja. Nos sentimos totalmente agradecidas si nos dicen que estamos guapísimas y llegamos a creer que con el pelo corto estaríamos horribles.
Pues yo me acabo de mirar al espejo y estoy monísima de la muerte, y eso que mi hijo pequeño ya me ha dado su veredicto en forma de suspenso y mi pareja no me ha visto aún. No he querido decirle nada para darle una “grata sorpresa”
A ver, qué queréis que os diga, estoy ya un poco hartita de que por el hecho de ser mujer haya que tener siempre una imagen de anuncio tipo barbie.
Tengo 51 años, me gusta comer, beber mis cervecitas y alguna que otra copa de vino cuando la ocasión lo merece, soy alta y eso es una ventaja, pero mi cuerpo es el de una fofisana que además ha sido madre en dos ocasiones
Por qué tengo que estar buena si eso implica estar en el gimnasio día si día no? Puedo dar datos fehacientes, hay gente que prácticamente vive en los gimnasios.
Yo he estado yendo a Pilates y estaba muy contenta, porque todo el mundo me decía que era buenísimo a nuestra edad estirar músculo e hice caso a estos consejos por coherencia y responsabilidad con mi propio cuerpo sobre todo.
El problema es que estoy en tan baja forma que me he lesionado la espalda. Por lo visto el nivel que llevan es demasiado alto para mí…
Así que he decidido que no me voy a amargar la existencia. Salgo con mi perrito a pasear a diario unos 50 minutos y cuando me cure la lesión
(buenos dineros me está costando el fisio), estiraré en casa. Con internet qué no se puede aprender hoy en día?
Ahora estoy con un curso de Excel avanzado de cuarenta tutoriales y solo voy por el décimo porque fui de listilla e intenté de buenas a primeras trabajar con tablas dinámicas, un disparate. Por comparar, es como si no sabes freír un huevo y te apuntas a practicar esterificaciones (la palabra la he aprendido del concurso de master chef) pues eso, que aquí estoy intentando aprender desde la lección primera.
Si algo tengo cada día mas claro es que hay tantas cosas que tengo que estudiar aún...
Tengo una amiga que aprendió a escribir poesía por internet, como os lo cuento, no sé que poesía escribirá, pero a ella le gusta, así que ¡ole! por toda la gente que pulula por estos mundos de dios dispuesta a enseñar a los demás.
Bueno como os decía que hoy me he quitado yo un peso de encima al cortarme el pelo. Que liberación! pasar de la opinión de los demás, no sé como que me he liberado por dentro y me han entrado ganas de hablar!!