Ya no me acompaña la juventud en el corazón para susurrarme que la conquista de la felicidad es solo un reto a superar.
¿Cuántas veces a lo largo de mi vida he de reinventarme? ¿Por qué siento que estoy siempre en una búsqueda continua? ¿Qué es lo que necesito para ser feliz?. Preguntas que aparecen sin permiso en la abstinencia del bullicio y la sombra de mi soledad.
He amado de mil maneras porque así es la cantidad de amores variados que podemos sentir y he entregado mi verdadera esencia cada vez que el corazón me lo pidió. Mis ojos y mi sonrisa fueron el don del amor floreciendo por aquel entonces.
Pero hoy, mi discurso es otro, es la apología de una mujer compleja y cubierta de cicatrices profundas, que sólo yo alcanzo a ver, una mujer que, después de varias derrotas, perdió la inocencia y la fe en si misma.
Debo seguir cabalgando a solas, llevar las riendas de mi propio destino y dar un descanso al corazón de tantas idas y venidas.
Me otorgo la licencia de no sentirme culpable por seguir a mi intuición.
Y sonrío, con una copa en la mano brindo mientras alguien me dice:
” estás pletórica"
No hay comentarios:
Publicar un comentario