lunes, 4 de octubre de 2021

Siempre quedará mañana

 






















Dicen, y me consta, que es bueno escribir, exponer nuestros pensamientos en un papel. Vaciar el alma y no dejar que nuestras emociones vayan de vaivén en vaivén sin saber muy bien que nos está pasando realmente.

Ignoro a qué nudos mentales nos lleva el corazón a veces y por qué somos incapaces de pensar con un mínimo de cordura sobre lo que realmente queremos y le va bien a nuestra vida.

Estoy en el top-ten de fracasos afectivos y con la edad suficiente para no tolerar ninguno más. Me he prohibido cualquier drama innecesario y por supuesto, no acepto ningún tipo de lágrimas victimistas que quiten brillo a mis ojos.

“Stop, detente” -me digo a mí misma-. Deja de de preocuparte continuamente por todo lo que deberías hacer y no haces. Para ya… No hay nadie esperando para ponerte nota, no eres mucho peor que la mujer de la foto con curvas y sonrisa profiden, tampoco eres mucho mejor que aquella otra con aspecto deprimido que toma un café en la mesa de enfrente.

Y es que estoy tan llena de miedos, que a menudo,solo sé mirar a mi propia oscuridad y aparto a bandazos la luz que sale a mi encuentro.

Eso sí, cada noche, cuando el telón se baja y el alma se desmaquilla, ésta me recuerda, que a pesar de tener fecha de caducidad, tengo la inmensa suerte de seguir formando parte de la tragicomedia de la vida y que aún me quedan muchos pasos de baile por aprender y disfrutar.



7777777777777

domingo, 1 de agosto de 2021

Despedida y comienzo

 











Hoy por primera vez
soy capaz de nombrarte en un poema
y encontrarme contigo en el idioma
de los que vuelven a sentir
la mirada del alma en otros ojos.


Al final conseguí bajar
de aquel tren que no supo nunca
llegar a su destino.

Si tengo que elegir para olvidar,
me quedo con los sueños
que me hicieron creer
que todo era posible.


Mis errores,
ya los pagué con lágrimas.


Hoy solo quiero pensar en nosotros
cogerte de la mano y espantar huidas
que sangran un amor
aún por desvestir.


Anhelo ser tu paz,
como tú eres ya la mía
descargar mi ternura entre tus brazos
mientras me arrullas al oído
que tu solo viniste
para quedarte.

 
























sábado, 26 de junio de 2021

Sobre la vida.

 




















Ayer conversando con un amigo sobre los beneficios de la meditación, la charla nos llevó a la moda del momento por llamarlo de alguna manera, de la búsqueda con uno mismo. Este fenómeno creo que se da sobre todo, entre gente con edad aproximada a la mía y en plena madurez.

Ambos coincidíamos a pesar de no tener ningún dato fehaciente, en que la meditación puede ayudar a mejorar nuestro estado de ánimo, conectar con nuestro yo interior, pero no es un método ideado específicamente para la corriente tan de moda actualmente, de la búsqueda de nuestro yo como método para encontrar la felicidad.

Mi generación fue educada para ayudar en casa a los padres, ser buenos espos@s, hij@s, compañer@s, buenas personas en definitiva. Eso implicó el sacrificio personal cuando fue necesario en pos de un beneficio general a la comunidad.

Durante años cumplimos con los requisitos, intentamos no salir del camino para agradar y hacernos querer por los demás, sin potenciar lo verdaderamente importante, la esencia de nuestra propia personalidad.

Poco a poco, vas advirtiendo que actuar de esta manera no es sinónimo de felicidad para ti, y te empiezas a hacer preguntas que tienen que ver contigo y con lo que estás viviendo en cada momento. ¿Se podría llamar a esto estar en la búsqueda de nuestra propia verdad?

Probablemente si, ¡pero cuidado! porque esa búsqueda nos lleva a creer que en algún punto del camino, si logramos encontrarnos, pararemos para ser felices definitivamente. Aquí es cuando se produce la decepción si no sabes ver más allá, si no entiendes que en ese proceso, no hay encuentro posible con uno mismo sin dejar los miedos atrás, que lo único que nos salva constantemente es la valentía de nuestros actos cotidianos.

La vida es un continuo movimiento, nunca ha sido ni será estática y esa debe ser nuestra premisa en cada decisión que tomemos o en cada adversidad que se nos presente.

El problema de hoy, ya no lo será mañana, pero a poco que te descuides, tendrás otra dificultad llamando a tu puerta. Siempre, cuando creamos que ya nada podrá venir peor, esto llegará y volveremos a superarlo, porque de eso va la vida, de ser intrépidos y apostar dejando nuestros miedos y arraigos atrás.

Nos iremos sin nada cuando acabe nuestro camino aquí. ¿Por qué tenemos tanto temor a vivir plenamente, a qué descubran nuestras debilidades y vean que realmente no somos tan fuertes ni tan buenos?

Si para algo nos debe servir la experiencia, es para entender que la vida “no va de búsquedas” la vida está para cogerla de la mano y avanzar con ella en todo lo que nos vaya presentando, bueno y no tan bueno, porque eso es a lo que nosotros llamamos “vivir”, de ahí la importancia de trabajar la resiliencia en nuestro carácter. La capacidad con la que afrontemos los golpes es la única que nos dará paz.

Sucede que muchas veces “los árboles no nos dejan ver el bosque” cuando eso nos pase, intentemos mirar al cielo para ver la inmensidad de la que formamos parte.













domingo, 18 de abril de 2021

Duelo.

 














Escribo en el intento de sacarte afuera y expulsar este dolor que me mutila. Un arranque de desesperación donde apuesto mi última carta a un grito hecho de palabras que apague la sed de tus abrazos.

Confieso que ya no puedo contener tanta lágrima guardada, que los recuerdos me supuran y cada día se hace eterno sin ti. He perdido mi camino y ahora solo me pregunto cuánto ha de durar mi duelo…

“En un súbito impulso se abrazaron, se abrazaron metiendo cada uno en su pecho el del otro hasta besarse con los corazones. “


La Sonrisa Etrusca. José Luis Sampedro.


Esa fue nuestra despedida.



domingo, 14 de febrero de 2021

El cuarto oscuro.



















No sabía como hacerlo, o mejor dicho: no quería intentarlo. Se había asomado varias veces al cuarto oscuro, como ella solía llamarlo. Apenas podía entrar de lado en aquella pequeña habitación sin que algún sentimiento se le viniera encima o tropezara con los recuerdos que guardaba allí. Ignoraba si alguna vez tuvo una ventana o claraboya por donde pasara un resquicio de luz o aire.


Sabía que más pronto que tarde debía hacer limpieza en esa habitación, ya no cabía nada. La última vez que intentó guardar una despedida, no solo no pudo, sino que todas las anteriores estuvieron a punto de caerle encima y tuvo que cerrar apresuradamente la puerta evitando que las emociones no rodaran por la escalera.

Desde entonces estaba intranquila y no conseguía dormir bien. Pasaba el día de aquí para allá en los quehaceres que la vida le iba marcando, pero antes de acabar la jornada siempre hacía el propósito de dedicar el fin de semana próximo a organizar el cuarto.

Era más cómodo ignorar que esa habitación estaba allí y de aquella manera. Hasta que volvió a necesitar subir de nuevo y supo que había llegado el momento. No podía volver a meter nada más mientras no organizara todo el caos que ella misma fue dejando cada vez que cerraba algún pasado. Se puso el gorro anti-miedos, anudó lágrimas previsibles y se arremangó sus debilidades para hacer frente a tanta cobardía albergada en su corazón. Subió las escaleras de prisa, sin pensar demasiado. Había aprendido que aquel hábito paralizaba cualquier acción.

Abrió y se hizo a un lado evitando que lo amontonado tras la puerta no se la llevara por delante. Diversos sentimientos brotaron abruptamente: varios tipos de rencores, frustraciones e impulsos equivocados. Entró decidida por el pequeño espacio que había quedado tras la avalancha lanzando fuera insatisfacciones y anhelos perdidos en busca de la luz natural. Intuía que cuánto más avanzara en la limpieza, más fácil sería encontrar lo que buscaba, y así fue. Al mover el recuerdo más doloroso, vio emerger un punto de luz entremezclado con partículas de silencio.

A pesar del cansancio y el aire enviciado de victimismos se irguió y respiró profundo. Supo entonces que era verdad lo que alguna vez le habían dicho:

"Que nunca hay más finales que nuevos comienzos. Nuestra luz siempre está ahí, solo hay que procurar no taparla. "






domingo, 7 de febrero de 2021

Sé.













Sé que tengo el alma y el cuerpo enfermos, lo sé cuando me miro hacia adentro y solo alcanzo a ver episodios pasados que me conducen a una tristeza presente. Sin embargo, la sonrisa y el don de la palabra que todo lo juzga, permanecen en mí. Supongo que tengo suficiente orgullo para no mostrar mis miedos a cualquiera y mi muro de la desconfianza va creciendo como una planta venenosa para todo el que se acerca a admirar el color de mis hojas.

No alcanzo a ver con claridad que me pasa, todo está oscuro y enmarañado. No sé por donde tirar de la hebra para empezar a deshacer tanto nudo como me fue enredando el corazón. He dejado de tener sueños, metas por cumplir y lo más desmoralizador, esperanza. Descreo de mí y de la inocencia del hombre. Una vez que mi vida a llegado a su plenilunio, solo alcanzo a ver con claridad mis desperfectos, la mujer desastre en la que me he convertido.

Hace tiempo que no emerjo hacia arriba, que mis impulsos de vida son etéreos y apenas empiezo a palparlos, vuelven a esfumarse como una quimera. Voy en busca de una felicidad que se me resiste, siento que llevo mucho desierto andado y que no llegaré nunca a la fuente de mi paz.

Solo anhelo aprender de una vez, que las arrugas de mi frente comiencen a serme útiles. No quiero equivocarme tanto, no puedo fallar en cada nuevo intento de construirme. A pesar de esta oscuridad, sé que hay una guerrera en mí, muchas veces errada, pero que siempre lleva por estandarte la lucha por sus principios, la esencia de lo que realmente soy.



domingo, 17 de enero de 2021

Mis amores

 

















Me dispongo a escribir con mi perro Croque junto a mí, en un viejo sillón que ha hecho suyo. Duerme patas arriba, a media vela, con la quietud que le da sentirse en casa y siempre a mi lado. Tengo también una gata de nombre Luz, que está justo ahora durmiendo en el sofá con su cuerpo enroscado y con la misma sensación de paz y aburrimiento. Ambos son parte de mi vida desde hace tres años. Un regalo de amor que nunca imaginé sentir entre los animales y yo.

Llegaron de la manera más insospechada. Croque venía de una clínica veterinaria después de haber sido abandonado en un contenedor. Lo encontraron dentro de una bolsa de basura prácticamente recién nacido. La llegada de la gata a casa fue más peculiar aún, porque no es solo que nunca me gustaron los gatos, sino que siempre les tuve miedo y pensaba que eran cariñosos solo por interés. A Luz la encontraron también en la calle y la veterinaria me animó a que me la llevara porque nadie preguntaba por ella y mi perrito tendría compañía.

Así fue como la vida me trajo a estos dos amores tan singulares. Una clase de amor que solo sabe entender quién ha tenido o tiene animales. Me siguen en casa por todas partes, sobre todo el perrito. Mientras me ducho, cocino, limpio y realizo el resto de quehaceres de la casa. A veces me dirijo a él diciéndole que si es que quiere aprender a cocinar porque no se pierde detalle cuando me ve con comida en las manos. Si me pongo a cantar o bailar por pura necesidad de transmitir siquiera un átomo de alegría- estos días no se me da muy bien- se acerca a mí con sus patitas en alto y me las ofrece para bailar juntos.

Luz, la gata, a veces se cansa de nuestras tonterías y de estar con nosotros. Entonces, se dedica a curiosear algún cajón que me haya dejado abierto o se cuela por la puerta que da acceso a la terraza para subirse a los tejados a ver si hay algún pájaro nuevo por descubrir. Ella es diferente en sus afectos, no le gusta hacer demostraciones en público. Espera a verme descansando en el sofá o en la cama para subirse a mi lado; entonces, comienza a lamer mi piel intensamente con su áspera lengua, roza una y otra vez su fría nariz para calentarla y mete la cabecita entre el hueco de mi brazo mientras me abraza con sus patitas delanteras. El ronroneo es de gran intensidad entre ambas…

Me relaja escribir con ellos al lado, no es que lo haga mucho últimamente, creo que estoy padeciendo síntomas de tristeza indefinida, pero no quiero hacer ningún augurio de este tipo porque sé que estoy en pleno invierno, esperando como un milagro la llegada de la primavera y por eso, contra todo pronóstico, escribo.

Es hora de resetearme, sé que esta vez llegó el momento. Toca cerrar puertas a todos los pasados posibles que fueron presentes y ya no serán futuros. Dejo el victimismo atrás. Si algo no se hizo bien conmigo ya pasó. Perdono y me perdono por haber hecho daño a algunas personas que se cruzaron en mi vida. No me justifico, no volveré a justificarme más. No supe hacerlo mejor, pero di todo lo que soy.




jueves, 7 de enero de 2021

Desde la distancia.


 

Intento varias veces escribir la misma frase, darle un sentido digno a las palabras para explicar esta tristeza que me embarga cuando te pienso lejos de mi vida para siempre. Días difusos, como luces de navidad que se encienden y apagan sin armisticio posible entre nosotros.
Me gustaría comprenderte desde el amor, relajar esta mirada que te juzga y desmemoriar el resentimiento cuando vienes en son de paz. Lo intento, de verdad que lo intento, quitarme este miedo al fracaso que me circunda el alma con su impaciencia.

Sé que me quieres, quizás yo también te quiero, pero el amor tiene muchos caminos para andar y tú y yo vislumbramos futuros diferentes desde nuestros pasos.


Por eso, en un desesperado impulso de soledad y herida, necesito irme una vez más de nosotros.

Creo, desde el dolor de la confesión, que me hice experta en construir múltiples finales contigo.

Y te imagino ahí, en tu ventana, frente a ese parque nevado al que le hiciste una foto que hoy compartes en tu perfil, y te siento desprotegido, sabiéndote abandonado por mí.



Cierro los ojos sin dejar de preguntarme una y otra vez, por qué dejé de arroparte entre mis brazos, por qué no quisiste volar a mí altura.