que no existieron,
sin vivir, sin ser.
Hablamos diferente.
Presiento como tantas veces la catarsis,
la llego a anhelar.
Como siempre me equivoco,
y reaparece la cordura.
Me observas cuando hago como que no existes, y reaparece la cordura.
como que no entiendo.
¿Por qué no claudicamos finalmente?
El espejo comenzó a hablarnos hace poco,
y nos escupe las arrugas cada
mañana.
Así, mientras la vida se
sucede,
vienes y vas.
vienes y vas.
Tienes ganas de hembra, y yo de
caricias,
mi sensualidad las exige
más aún que los te quiero.
Y siento tus manos,
Y siento tus manos,
después de días de ausencias,
me palpan, me recorren, explosionan mi ser.
Sé que esto no es
amor, pero consiento,
necesito oír la caracola del mar.
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