miércoles, 3 de diciembre de 2014

Miedos


















No me lo dices nunca pero sé de tus miedos,
te persiguen las sombras de la noche
y maldices el sueño que te asusta,
mientras tus emociones te encadenan.

Intentas liberarte para no causar daño
suplicas que te ayude, necesitas de mí,
y anhelas que te preste mis brazos y mi boca,
sabiendo que no entrego ni abrazos ni caricias.

Necesito alejarme de esta inmensa amargura
que provoca la falta de pasión,
y volar sin hacer ruido de tus delirios.

Mas pactamos la paz ficticia, que permite
invisibles acuerdos para poder creer
que aún somos mitades necesarias.

2 comentarios:

  1. Se escucha como lamento del matrimonio disfuncional.
    No hay porque temer a los fantasmas, ni buscar culpables, ni exigir perdones, ni presentar disculpas. A veces no queda más que aceptar las aspas de la licuadora emocional para percibir la sensación de inmortalidad.
    Con sabiduría le agregaste nota dulce al amargor.
    Ni nos quitan lo bailado y carecemos del túnel del tiempo que nos transporte al momento del recuerdo sublime. Hay que dejar la mente en paz. Salir a pasear al perro. Escuchar el mugido vacuno que avisa la lluvia.
    Que bella eres Mirella.

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    1. Carlos, muchas gracias por el comentario sobre el poema, a mi me gustó tanto tu apreciación sobre el que no me importó incluso haberlo escrito yo, Carmen.
      Un saludo.

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