Llora y llora la niña de cansancio,
lágrimas de carencias le rebosan.Se le negó el árbol de la savia
cuando apenas sus alas ascendían.
Piensa acaso que el tiempo sólo resta,
pues ya mujer, sus canas entrevé,
y sus ojos, con huellas de combates,
no quieren seguir viendo oscuridad.
Comenzó a escribir sin fingimientos,
expulsando demonios y temores
consiguió que su alma descansara.
Piensa si no hace tarde en iniciar
semejante aventura de pasión,
por momentos, el miedo la devora.
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