martes, 14 de abril de 2020

El juego de la existencia












"Al final el remordimiento, la culpa que nos acompaña por no haber actuado de una forma diferente a como lo hicimos."

Estos días de encierro tienen demasiadas horas para darle vueltas incluso a aquello que prácticamente teníamos olvidado, porque la vida (esa era nuestra excusa) no nos daba más de sí…

Sin embargo, leí en algún lado que si a estas alturas del encierro no has llamado a esa persona en la que estás pensando justo ahora mismo para preguntarle como está, quizás es que dejó de interesarte.

Me gustaría pensar que no siempre es así, que aún recordamos a personas que ya no forman parte de nuestro entorno pero su olvido nos ayuda a sobrevivir por la decepción o la pérdida de lo que un día tuvimos con ellas, o por qué no decirlo, de aquellos de quienes desertamos voluntariamente.

Estos días se estiran como nunca antes lo habían hecho y hay tiempo de agradecer cada mañana por estar en casa y no en un hospital siendo un número más de esta tragedia.
También hay tiempo para despedirnos sin abrazos pero con lágrimas, de aquellos que se nos fueron en un absoluto silencio como si nunca hubieran existido…

Y si miro dentro de mí, solo acierto a ver multitud de pensamientos inconexos, emociones que no fluyen como deben, caminos de incertidumbre y sin destino a los que debo retar una vez más en busca de una sola meta, la paz interior.

Me resisto, me opongo a ese "yo" que no me gusta, a ésta cruel paradoja que la vida nos ha acontecido y confío en la resiliencia del ser humano para afrontar las adversidades.

Me comprometo a seguir jugando una partida más en este juego de la existencia y espero que puedan perdonarme todas aquellas personas a las que fallé de alguna u otra manera.








jueves, 19 de marzo de 2020

Hoy he soñado.



“Hoy he soñado en otra vida, en otro mundo, pero a tu lado” (Los Secretos)

Me despido el mismo día que llegamos a nuestras vidas, vaya coincidencia me dijiste insinuando que quizás hubiera orquestado a propósito esa casualidad.

No lo sé, realmente te diría que no, que esta huida de ti no sé como llevarla a cabo aún, aunque mi intuición la dicte necesaria y lleve tiempo obligándome a partir. Creo que a tu lado ya aprendí lo suficiente, que quedarme más tiempo junto a ti sería arruinar todo lo conseguido.

Hoy solo soy capaz de asomarme al balcón de nuestros grandes momentos, ahora no tocan reproches porque no serían justos para ninguno. Un amor de este calibre no se lo merece .


Es duro despedirse de alguien que te reclama con la fuerza del que se sabe enamorado, que no entiende por qué elijo irme de su vida una y otra vez desde que nos conocimos y precisamente cuando la estabilidad pedía permiso para quedarse.
No te explicas por qué rechazo el cobijo que siempre me ofreces, tus abrazos y los besos, el consuelo y nuestras risas, la escucha complaciente de mi verborrea hasta que el cansancio te vencía sobre mi pecho.


Me gustaría contarte el motivo concreto, pero no lo sé amor, no lo sé. Hoy justo en nuestro aniversario,no puedo razonar nada sensato.

Encontrarte a ti fue encontrar un refugio en medio de mis guerras. Curaste muchas de mis heridas y me hiciste más fuerte si cabe aunque pienses que tengo miedo al compromiso y la soledad.

No amor, mis miedos son muchos más que eso, miedo a no crecer como persona a no ser yo en mi intento de agradar siempre al otro.

Creo que tengo que seguir sola hacia adelante y dejar de preguntarme si este amor es producto de mi deuda con el tuyo, combatir mis miedos, creer en mí y potenciar mi esencia a toda costa.


Así que solo puedo brindar por nosotros, por esa llamada a media noche, por nuestro encuentro en Atocha, por aquellos viajes fabulosos donde fuimos tan felices, por ese árbol lleno de pájaros, por ofrecerme tu casa como la mía, por tanto amor como me entregaste.
Solo puedo decirte: GRACIAS AMOR, TE QUERRÉ SIEMPRE.

lunes, 16 de marzo de 2020

El Genio de la Lámpara Maravillosa




















El   Genio de la Lámpara.

Esa mañana supuso un gran esfuerzo levantarme de la cama para ir al trabajo y deseé ingenuamente, al igual que una niña pequeña, poder quedarme en casa varios días olvidada del mundo,y éste, a su vez de mí. A veces esos pensamientos me rondan, sobre todo cuando la vorágine de la vida, vestida de costumbre, consigue atraparme en su tela de araña.


Por lo visto, el Genio de la lámpara maravillosa andaba rondando por mi dormitorio, (me pregunto por qué no vino otras veces en que tantas cosas le pedí…) y pudo oírme con facilidad, porque a las pocas horas de salir de casa ya estaba de vuelta con el mandato de quedarme  encerrada durante un tiempo considerable.


En ese momento me ilusioné, dentro de la lógica incertidumbre. Me dije a mí misma que estaría bien estar sola en casa unos días. Se supone que ya estoy acostumbrada después de algo más de tres años viviendo acompañada de mis animales, pero no es verdad...

La soledad elegida está bien, y es necesaria para reconstruir cada poco nuestros ruidos internos, y veces hasta para apagar fuegos complicados.

Pero la soledad impuesta es otra historia, ahí  debo tener cuidado en no excederme a riesgo de sus efectos secundarios.


Los hijos, tan jóvenes, te dicen sabiamente y con el propósito de animarte, que en el fondo todos estamos solos, pero no saben aún que 25 años no son 50 y que a ellos, la juventud les aprieta el pecho con valentía y con ganas.


Me gustaría haber viajado y leído más, haber sido mejor persona con aquellos que se cruzaron en mi camino. Aún estoy a tiempo, lo sé, la bondad no caduca, si embargo, el vino se avinagra una vez abierta la botella.

Siento que estos tres años a resultas de todo lo vivido, he envejecido como unos diez más, compruebo en primera persona que las heridas del alma dejan profundas cicatrices y estas siguen escociendo cuando les viene en gana.


Reflexiono con la intuición de que cuando este aislamiento acabe, cuando el botón del play vuelva a activarse otra vez,muchas  cosas no volverán a ser como antes, pero no pienso atraer a lo terrible o elucubrar absurdas premoniciones negativas. 


Confío plenamente en la capacidad y resiliencia del ser humano para salir adelante. 

El mundo lleva mucho tiempo enfermo de egoísmos y los sujetos de ese mundo que a veces no nos gusta, somos nosotros.

 Este virus es la excusa perfecta para resetearnos una vez más y recordarnos desde la humildad que, a pesar de nuestras diferencias, somos sencillamente iguales en el dolor o la alegría. 

Saldremos de esta con alguna cicatriz más a cuestas, sino varias, pero  volveremos a levantarnos y seguiremos caminando como siempre lo hemos hecho desde el  principio de los tiempos.

Yo, por si acaso, volveré a pedirle al Genio de la Lámpara Maravillosa por toda la humanidad,  con un poco de suerte quizás siga en  mi dormitorio...






martes, 3 de diciembre de 2019

Vuelta a casa




Vuelvo a casa despúes de unos días en Madrid y reflexiono sin buscarlo sobre mis viajes a la ciudad y los diferentes motivos que me llevan a ella cada poco tiempo. 

 Primero fueron los hijos, ambos decidieron marcharse a estudiar a la capital y no me quedó otra que aceptar la decisión como madre orgullosa de sus logros, aún  sabiendo que estaban echando el vuelo del nido para siempre… 

 Luego llegaste tú, y me enamoré desde tu voz a tu mirada sin pensar en los efectos secundarios, no quise ver que la distancia acabaría siendo el lento  suicidio  de nuestra historia.

 Este pensamiento me entristece, pero me niego al lamento. He vivido tan intensamente a tu lado, que, a pesar de nuestras múltiples batallas, aún me cuesta asimilar que esta vez si que hay un final que ya no nos pertenece. 

 Nuestra historia comienza a ser pasado, y no pienso permitir a los errores cometidos el  acceso al rincón de lo que nunca se olvida, no dejaré pasar a  la decepción si se le ocurre llamar a la puerta.

Necesito y quiero sumar a mi presente todo lo bueno experimentado a tu lado. No me haré daño a mí misma, esa es  la promesa silenciosa desde que me fui de ti. 

No puedo sino dar las gracias a la vida por el tramo del camino recorrido contigo y por todos los  paisajes compartidos en nuestra piel y nuestro corazón. 


domingo, 11 de agosto de 2019

50 años es mucha vida













50 años recién cumplidos dan para pensar en las cosas verdaderamente importantes de nuestra vida.

Solemos decir que ésta es un suspiro, que volver al pasado es como si fuera ayer, que fue un abrir y cerrar de ojos, pero no es verdad, multitud de experiencias vividas y muchos amaneceres fueron moldeando a la persona que soy en estos momentos.

Nos cuesta entender que hacer años es algo maravilloso, que la vida solo consiste en vivir y que el momento presente es el único realmente importante, no hay otro más urgente e inaplazable que éste.

A veces la mente se obstina y vuelve una y otra vez con la película de nuestro pasado para hacernos creer que cualquier tiempo vivido fue mejor, pero yo ya no me dejo engañar, después de tantas dichas y catástrofes, solo puedo afirmar que el camino se construye andando y que en éste volveré a encontrarme nuevas enseñanzas.

No reniego del pasado que me ha conducido a ser quién soy, pero reconozco que ha sido duro echar el vuelo y remontar una vez estás arriba, dejar atrás historias que en su momento merecieron la pena, pero que terminaron caducando e intoxicando el corazón.

Estos últimos años ha habido muchas horas de ensayo en mis alas imperfectas, pero cada vez vuelo mejor y solo aquel que se eleva por encima de las miserias (que también las hay) puede admirar la maravillosa complejidad del ser humano en toda su extensión, puede perdonar y perdonarse que por ahí creo yo que va eso de la vida...





viernes, 21 de junio de 2019

Sin despedidas





















No podemos dejar atrás 
al amor que llevamos dentro
ni despedirnos de la luz
que siempre nos recibe

Las estrellas no nos olvidan,
solo se esconden entre el sol
esperando que llegue la noche
para que  volvamos a mirar al cielo

No podemos decir adiós 
a tanta vida como brota
de nuestras ganas.







Pensamientos.














Sé que nos estamos yendo el uno del otro,
que tu camino le da la espalda al mío, inevitable,
como el día precede a la noche.

Buscarte en el pasado encoge mi presente.

No te vayas para volver de nuevo,
no vuelvas a hacerlo nunca más.