Entiendo que se hable del dolor, lo acepto como parte del proceso, es necesario un duelo que nos cure en medio de la noche melancólica, donde, con la certeza exacta de la muerte, aprendemos, al fin, a perder lo que más amamos.
Entonces, te das cuenta, y sólo entonces, que ya no volverás a sostener sus manos entre las tuyas.
Que todo va muriendo lentamente, y a veces, demasiado veloz. Nada se puede hacer ante la certidumbre de lo efímero.
Si puedo decidir, que seas mi tesoro, por siempre en mis recuerdos, que tus ojos persigan a los míos, que los míos anhelen a los tuyos, desde el amor que ambas nos profesamos juntas
Desperté oyendo un podcast de motivación psicológica donde una de
las frases del tertuliano era: “Nada más levantarte, comienza el día pensando en
tus proyectos y trabaja en ellos con ilusión”
Justo en ese momento,me pregunté, ¿qué proyectos e ilusiones tenía yo
que fueran más allá de cuidar de mis animales, levantarme a las
6´30 h de la mañana para ganar el sueldo del mes y limpiar y ordenar
mi casa para no caer en el caos?
Antes de nada, creo
que debo presentarme: Mi nombre es un nombre cualquiera, y tengo 55 años. Escribo
porque aunque mi verdadera afición es la lectura, escribir siempre
me ha servido para expulsar la tristeza que se acumula a veces por
dentro. Por supuesto, también
he escrito cosas bonitas, pero os confieso, que a mi lo que se me da
bien es contar miserias.
Y es que hacer años, es sinónimo de haber vivido experiencias, que de alguna u otra manera
nos fueron dejando huellas visibles e invisibles a lo largo del
tiempo.
Sabeís como yo, que la vida pasa muy rápido. Un día llegó el príncipe
azul (mentira) y me pidió casarse conmigo.
Otro día, me vi con dos
hijos que no paraban de demandar necesidades típicas de niños e ignoraban que por la
noche había que dormir.
Otro,se hicieron mayores y me di
cuenta que vivía en casa sola, pero con un extraño en mi cama.
Otro día, me
divorcié…
Y así con esta
última decisión, di por finalizados 25 años de relación con el
padre de mis hijos.
Creo que es una de
las mejores y más valientes decisiones que he tomado en mi vida,
pero desde ya os digo, los cambios no llevan por si solos a la
felicidad, eso es una absoluta mentira.
Una separación es una liberación personal, cuando ya no se ama a la otra persona y la
relación solo es de cara a la sociedad. Los auténticos cambios personales, solo llegan desde el trabajo y la humildad, y os lo digo yo que aún que estoy en un largo proceso.
Por si no os
habéis dado cuenta aún,(espero que si) os aviso también que la felicidad no es una
consecución de cosas, sino un estado en sí. La vida no se queda
quieta y si está más de dos días sin traerte ningún tipo de
problema, empieza a preocuparte, pues relajarte en el oficio de vivir, puede resultar fatal ante un problema verdaderamente importante.
Te
lo digo yo que para eso sigo aprendiendo el arte de la resiliencia.
Así que, aquí
estoy, preparada para escribir sobre lo que se me vaya ocurriendo, pero con ánimo de disfrutarlo. Sobre todo y muy importante quiero y necesito reírme de mi misma, He descubierto hace poco que el humor no solo me salva, también me cura.
El otro día escuchaba a Mario Alonso Puig en uno de sus múltiples videos tan constructivos - a mi parecer- en pro del ser humano y su crecimiento personal, decir que el miedo y la felicidad son incompatibles.
Esta frase, tan breve, pero tan profunda, me hizo llegar a la conclusión de cuánta verdad encierran esas pocas palabras en cualquier vida humana.
¿Cuántas veces no hicimos o dejamos de hacer cosas por miedo al fracaso, al qué dirán o por temor a equivocarnos?
¿Cuántas veces nos pusimos la tirita antes que la herida?
El miedo, un compañero de viaje que se deja oír demasiado y habla sin cesar al ser libre que habita dentro de nosotros. ¿Cómo ser felices de esta manera?
Indudablemente debemos dejar nuestros temores atrás y para eso no hay nada más sano que la desmemoria de nuestros errores y por contra, el recuerdo de nuestras pequeñas grandes hazañas.
Es reconocible que la experiencia es el único grado ventajoso para nosotros a la hora de tomar decisiones, pero ésta, no puede ser un hándicap para nuestros sueños, tenemos que aprender a soltar nuestros miedos y arriesgar si es lo que verdaderamente anhelamos aún sabiendo que podremos volver a equivocarnos.
La vida es efímera y lo podemos constatar diariamente, por ejemplo, aquel hombre o mujer-quien sabe- que comió con su familia, charló con ese amigo que se encontró después por la calle y con el que quedó para para verse y ponerse al día sobre sus cosas, frente a una cerveza. Cosas que no pudo hacer porque unas horas más tarde aquel murió de un infarto fulminante.
O ese otro, sin rostro ni nombre para la mayoría de nosotros, que sin saber por qué un anochecer decide tirarse a la vía de un tren para quitarse de enmedio.
Así es la vida, un soplo de aire, una sonrisa, una lágrima, un instante, un todo.
Este año, los que seguimos aquí, volvemos a tener 365 días a estreno. Nuestro mejor regalo, horas en blanco para gastarlas en vivir sin miedos de una vez, para dejar de preocuparse por que los demás puedan pensar de nosotros por las decisiones que tomamos o por como decidimos vivir nuestra vida.
La existencia se empeña en enseñarnos a ser felices con las pequeñas cosas, insiste una y otra ver en recordarnos nuestra marca de nacimiento que no es otra que el de la frugalidad de nuestro cuerpo.
Seguramente nos volveremos a equivocar y sufriremos en pos de sueños que no se cumplirán, pero nunca, a pesar de nuestros fracasos, debemos dejar de apostar, porque eso querrá decir que hemos vivido la vida intensamente y solo como ésta merece ser vivida.
Dicen, y me consta, que es bueno escribir, exponer nuestros pensamientos en un papel. Vaciar el alma y no dejar que nuestras emociones vayan de vaivén en vaivén sin saber muy bien que nos está pasando realmente.
Ignoro a qué nudos mentales nos lleva el corazón a veces y por qué somos incapaces de pensar con un mínimo de cordura sobre lo que realmente queremos y le va bien a nuestra vida.
Estoy en el top-ten de fracasos afectivos y con la edad suficiente para no tolerar ninguno más. Me he prohibido cualquier drama innecesario y por supuesto, no acepto ningún tipo de lágrimas victimistas que quiten brillo a mis ojos.
“Stop, detente” -me digo a mí misma-. Deja de de preocuparte continuamente por todo lo que deberías hacer y no haces. Para ya… No hay nadie esperando para ponerte nota, no eres mucho peor que la mujer de la foto con curvas y sonrisa profiden, tampoco eres mucho mejor que aquella otra con aspecto deprimido que toma un café en la mesa de enfrente.
Y es que estoy tan llena de miedos, que a menudo,solo sé mirar a mi propia oscuridad y aparto a bandazos la luz que sale a mi encuentro.
Eso sí, cada noche, cuando el telón se baja y el alma se desmaquilla, ésta me recuerda, que a pesar de tener fecha de caducidad, tengo la inmensa suerte de seguir formando parte de la tragicomedia de la vida y que aún me quedan muchos pasos de baile por aprender y disfrutar.
Hoy por primera vez soy capaz de nombrarte en un poema y encontrarme contigo en el idioma de los que vuelven a sentir la mirada del alma en otros ojos.
Al final conseguí bajar de aquel tren que no supo nunca llegar a su destino.
Si tengo que elegir para olvidar, me quedo con los sueños que me hicieron creer que todo era posible.
Mis errores, ya los pagué con lágrimas.
Hoy solo quiero pensar en nosotros cogerte de la mano y espantar huidas que sangran un amor aún por desvestir.
Anhelo ser tu paz, como tú eres ya la mía descargar mi ternura entre tus brazos mientras me arrullas al oído que tu solo viniste para quedarte.
Ayer conversando con un amigo sobre los beneficios de la meditación, la charla nos llevó a la moda del momento por llamarlo de alguna manera, de la búsqueda con uno mismo. Este fenómeno creo que se da sobre todo, entre gente con edad aproximada a la mía y en plena madurez.
Ambos coincidíamos a pesar de no tener ningún dato fehaciente, en que la meditación puede ayudar a mejorar nuestro estado de ánimo, conectar con nuestro yo interior, pero no es un método ideado específicamente para la corriente tan de moda actualmente, de la búsqueda de nuestro yo como método para encontrar la felicidad.
Mi generación fue educada para ayudar en casa a los padres, ser buenos espos@s, hij@s, compañer@s, buenas personas en definitiva. Eso implicó el sacrificio personal cuando fue necesario en pos de un beneficio general a la comunidad.
Durante años cumplimos con los requisitos, intentamos no salir del camino para agradar y hacernos querer por los demás, sin potenciar lo verdaderamente importante, la esencia de nuestra propia personalidad.
Poco a poco, vas advirtiendo que actuar de esta manera no es sinónimo de felicidad para ti, y te empiezas a hacer preguntas que tienen que ver contigo y con lo que estás viviendo en cada momento. ¿Se podría llamar a esto estar en la búsqueda de nuestra propia verdad?
Probablemente si, ¡pero cuidado! porque esa búsqueda nos lleva a creer que en algún punto del camino, si logramos encontrarnos, pararemos para ser felices definitivamente. Aquí es cuando se produce la decepción si no sabes ver más allá, si no entiendes que en ese proceso, no hay encuentro posible con uno mismo sin dejar los miedos atrás, que lo único que nos salva constantemente es la valentía de nuestros actos cotidianos.
La vida es un continuo movimiento, nunca ha sido ni será estática y esa debe ser nuestra premisa en cada decisión que tomemos o en cada adversidad que se nos presente.
El problema de hoy, ya no lo será mañana, pero a poco que te descuides, tendrás otra dificultad llamando a tu puerta. Siempre, cuando creamos que ya nada podrá venir peor, esto llegará y volveremos a superarlo, porque de eso va la vida, de ser intrépidos y apostar dejando nuestros miedos y arraigos atrás.
Nos iremos sin nada cuando acabe nuestro camino aquí. ¿Por qué tenemos tanto temor a vivir plenamente, a qué descubran nuestras debilidades y vean que realmente no somos tan fuertes ni tan buenos?
Si para algo nos debe servir la experiencia, es para entender que la vida “no va de búsquedas” la vida está para cogerla de la mano y avanzar con ella en todo lo que nos vaya presentando, bueno y no tan bueno, porque eso es a lo que nosotros llamamos “vivir”, de ahí la importancia de trabajar la resiliencia en nuestro carácter. La capacidad con la que afrontemos los golpes es la única que nos dará paz.
Sucede que muchas veces “los árboles no nos dejan ver el bosque” cuando eso nos pase, intentemos mirar al cielo para ver la inmensidad de la que formamos parte.
Escribo en el intento de sacarte afuera y expulsar este dolor que me mutila. Un arranque de desesperación donde apuesto mi última carta a un grito hecho de palabras que apague la sed de tus abrazos.
Confieso que ya no puedo contener tanta lágrima guardada, que los recuerdos me supuran y cada día se hace eterno sin ti. He perdido mi camino y ahora solo me pregunto cuánto ha de durar mi duelo…
“En un súbito impulso se abrazaron, se abrazaron metiendo cada uno en su pecho el del otro hasta besarse con los corazones. “