Si, te hablo a ti probablemente para escucharme a mí. Creo que poder expresarme con la palabra o la escritura, siempre ha sido una necesidad en mi vida. Dar y recibir cariño también. Dejar de alguna manera mi impronta en las personas que he conocido.
No sé si esto es un deseo pueril, o el anhelo de una mujer que cree que a través de la palabra, los abrazos y los besos, la vida se transita mejor.
Por eso, confieso que en esta etapa de soledad (no siempre escogida) con días que a veces suceden sin un susurro que te diga, “tranquila, lo estás haciendo bien” sólo me queda la opción de ser valiente.
Lo suficiente en paz conmigo misma, para mirarme al espejo y hablarle a esos ojos que ya dejaron de juzgarme.
Ahora, desde mi propio auto-perdón, deseo no caminar a solas mucho tiempo. Que el universo sea indulgente conmigo y no me haga esperar demasiado, solo lo suficiente.
Sé que está cultivando mi paciencia, que necesito aún aprender a amar mejor, que cualquiera no se merece todo lo que tengo para dar y que no todos los amores merecen ser vividos.
Mientras tanto, agradezco lo que la vida me ha dado; historias que me hicieron vivir intensamente, pero que tuvieron que marcharse porque así estaba escrito.
Agradezco el amor que recibí como hija y el amor que doy como madre, ese amor que renueva sus votos en cada desencuentro con mis hijos.
Agradezco a los amigos, aquellos que se fueron porque ya cumplieron su misión y a los que permanecen, porque son parte de mi familia.
Y agradezco, haber sido herida en mis múltiples batallas, porque las cicatrices, terminaron luciendo bonitos tatuajes en mi piel.
Ahora, solo miro para atrás para agradecer todo lo vivido.
Te aseguro que he procurado cuidarlas lo mejor posible, me informé en internet sobre el riego, la luz y temperatura idóneas. Pero ha vuelto a pasar. Las orquídeas no han florecido y la planta se está apagando como todas las que me has regalado año tras año desde que nos conocimos. Esta última vez llegué a ilusionarme, pensé que si me esforzaba, sería capaz de mantenerlas con vida porque comenzaron a florecer. Finalmente, todos los pétalos cayeron al suelo.
Me pregunto si no es esto una premonición de todo lo que no volvería a ser por mucho que lo intentáramos de nuevo. Para mí era el último símbolo de nuestra relación. Si la planta muere, nada tuyo me queda con vida para cuidar, nada supe hacer con nosotros.
Al mismo tiempo, me censuro por esta sensiblería andante que se cuela en la soledad que he decidido habitar desde que te dejé. Dos años ya donde no somos nada el uno en el otro a pesar de lo que mucho que fuimos. Una clausura elegida que ayuda a conocerme en el silencio, que abraza a la mujer débil, fuerte, dulce, áspera, alegre y melancólica, pues todas ellas soy por momentos.
Porque el camino andado siempre nos conduce a nuevos caminos . Gracias.
Si hubieras llegado a saber lo sola que me quedaría, no habrías querido morirte”
En los últimos años tu frase más habitual era“ si muriera de una vez," estabas cansada de vivir, y tu estado melancólico, herencia de la abuela, añadido a algunas experiencias vitales muy duras te volvieron melancólica.
Me dolía profundamente oírte decir eso, que te querías morir, y bromeaba contigo en que cuando llegara el día, lo celebraría solo porque tu deseo se habría cumplido.
También te decía que a mí me seguías haciendo mucha falta, que a pesar de nuestras discusiones, -siempre tuviste mucho amor propio y una dignidad a veces desmedida- tu figura me era imprescindible. Desde tu sillón, aunque no pudieras hacer ninguna tarea física, me era mucho más soportable la vida.
Tú argumentabas que no te necesitaba, que tenía muchas amigas, y que, de una vez, me ibas a dejar tranquila para que yo pudiera viajar e ir de un lado para otro. Yo callaba, pero sería una hipócrita si no pensara, desde mi cansancio, por tus continuos cuidados, que llevabas razón, que tu muerte, me dejaría vivir la vida.
Ese día llegó, y me despedí cogida de tu mano y escuchando el último latido de tu corazón. A pesar de sentir una enorme tristeza, me entró paz, me encontraba exhausta física y mentalmente, después de encontrarte varios días gravemente enferma. Al poco tiempo, cuando conseguí descansar, fui realmente consciente de que ya no volvería a verte nunca más, y me arrasó el enorme vacío de tu ausencia.
Antes, no era como ahora, madre. Ya lo sabes, las familias, vivíamos todos juntos. Los abuelos se quedaban a meses con los tíos y con nosotros, y la palabra residencia, no existía en nuestro vocabulario, Eso solo era para los que no tenían quien los cuidara. Vivímos varias generaciones en la misma casa y unas fueron sucediendo a otras. En mi caso, llevaba razón. Me he quedado completamente sola...
Ahora todo el mundo dice que se vive muy bien solo o sola, que es lo mejor, porque uno decide hacer con su vida lo que quiere, disfruta de sus gustos y aficiones sin tener que compartir. Todo está orientado hacia la individualidad como sistema garantista de felicidad. Y yo, sin embargo, no me hallo, no entiendo esto de vivir para uno sin compartir con nadie más. No le encuentro la gracia a cocinar o limpiar para una, total, nadie te dirá si la comida estaba buena o el baño quedó reluciente.
Me casé joven, cuidé de mis padres y ahora que tengo una vida más o menos resuelta, estoy sola. Si, por supuesto que tengo amigas y amigos, pero tenemos todos tantas cosas que hacer, que hasta para quedar, cronometramos el tiempo,miramos agendas y clasificamos las amistades según lo que nos aporten. Ya no quedamos para escuchar, porque ante todo, queremos que nos escuchen a nosotros.
Si mamá, vivo sola, con la compañía de Luz y Croque, también grandes amores de vida.
¿Y sabes? Las mañanas de los domingos, aún me parece verte asomar al umbral de la puerta de mi dormitorio para ver si he despertado y preguntarme que tal he dormido.
Es terrible que hayas tenido que morirte, para darme cuenta de cuánto te amaba.
Yo, por si acaso, por si me ves, te confieso, que no hay ni habrá, mejor madre que tú.
Muchos días ya sin saber absolutamente nada de ti y comienzo a sentir el gris invierno de tu ausencia. Padezco inevitablemente la melancolía que ha dejado tu amor al marcharse. Un the end sin retorno.
Sería una hipócrita si te dijera que no te echo de menos. Si no te contara que simulo conversaciones donde te pregunto ¿qué nos pasó, en qué momento nos perdimos? Pero, para qué, de nada serviría y el olvido llega mejor cuando creemos que alguien ha vuelto a ocupar nuestro lado de la cama.
Se me agolpan estos días tantas ofensas que nos hicimos, que te hice. Daños gratuitos en nombre del mal llamado amor propio, puñetazos al aire en nombre de un ego desmedido.
Y cuando te pienso, créeme, solo puedo enviarte toda la luz y amor del mundo. Es muy triste la forma en que todo ha terminado, y ante eso, solo puedo ofrecerte un arrepentimiento sincero.
Gracias por aparecer en mi camino y contagiarme tantas veces, tus ganas, tus fuerzas, tus abrazos. Ambos sabemos lo que nos hemos amado y solo espero que el tiempo, ponga nuestra historia en el lugar donde se merece.
Por siempre, en un rincón privilegiado de mis pensamientos.
Entiendo que se hable del dolor, lo acepto como parte del proceso, es necesario un duelo que nos cure en medio de la noche melancólica, donde, con la certeza exacta de la muerte, aprendemos, al fin, a perder lo que más amamos.
Entonces, te das cuenta, y sólo entonces, que ya no volverás a sostener sus manos entre las tuyas.
Que todo va muriendo lentamente, y a veces, demasiado veloz. Nada se puede hacer ante la certidumbre de lo efímero.
Si puedo decidir, que seas mi tesoro, por siempre en mis recuerdos, que tus ojos persigan a los míos, que los míos anhelen a los tuyos, desde el amor que ambas nos profesamos juntas
Desperté oyendo un podcast de motivación psicológica donde una de
las frases del tertuliano era: “Nada más levantarte, comienza el día pensando en
tus proyectos y trabaja en ellos con ilusión”
Justo en ese momento,me pregunté, ¿qué proyectos e ilusiones tenía yo
que fueran más allá de cuidar de mis animales, levantarme a las
6´30 h de la mañana para ganar el sueldo del mes y limpiar y ordenar
mi casa para no caer en el caos?
Antes de nada, creo
que debo presentarme: Mi nombre es un nombre cualquiera, y tengo 55 años. Escribo
porque aunque mi verdadera afición es la lectura, escribir siempre
me ha servido para expulsar la tristeza que se acumula a veces por
dentro. Por supuesto, también
he escrito cosas bonitas, pero os confieso, que a mi lo que se me da
bien es contar miserias.
Y es que hacer años, es sinónimo de haber vivido experiencias, que de alguna u otra manera
nos fueron dejando huellas visibles e invisibles a lo largo del
tiempo.
Sabeís como yo, que la vida pasa muy rápido. Un día llegó el príncipe
azul (mentira) y me pidió casarse conmigo.
Otro día, me vi con dos
hijos que no paraban de demandar necesidades típicas de niños e ignoraban que por la
noche había que dormir.
Otro,se hicieron mayores y me di
cuenta que vivía en casa sola, pero con un extraño en mi cama.
Otro día, me
divorcié…
Y así con esta
última decisión, di por finalizados 25 años de relación con el
padre de mis hijos.
Creo que es una de
las mejores y más valientes decisiones que he tomado en mi vida,
pero desde ya os digo, los cambios no llevan por si solos a la
felicidad, eso es una absoluta mentira.
Una separación es una liberación personal, cuando ya no se ama a la otra persona y la
relación solo es de cara a la sociedad. Los auténticos cambios personales, solo llegan desde el trabajo y la humildad, y os lo digo yo que aún que estoy en un largo proceso.
Por si no os
habéis dado cuenta aún,(espero que si) os aviso también que la felicidad no es una
consecución de cosas, sino un estado en sí. La vida no se queda
quieta y si está más de dos días sin traerte ningún tipo de
problema, empieza a preocuparte, pues relajarte en el oficio de vivir, puede resultar fatal ante un problema verdaderamente importante.
Te
lo digo yo que para eso sigo aprendiendo el arte de la resiliencia.
Así que, aquí
estoy, preparada para escribir sobre lo que se me vaya ocurriendo, pero con ánimo de disfrutarlo. Sobre todo y muy importante quiero y necesito reírme de mi misma, He descubierto hace poco que el humor no solo me salva, también me cura.